Ourense arranca la semana como la provincia donde más caro se paga el diésel en la Península, una subida que se ha acelerado desde los primeros días de marzo y que los conductores atribuyen al alza de costes vinculada al conflicto en Irán y a la presión fiscal. Los datos del Geoportal de Hidrocarburos del 10 de marzo de 2026 colocaban a la provincia por encima de la media nacional y con carteles de estaciones que ya muestran importes próximos a los dos euros por litro. La combinación de factores internacionales y de impuestos ha dejado a los ourensanos pagando más por repostar que a la mayoría de compañeros de la península.
En la mañana del lunes el precio medio del gasóleo en Ourense se situaba en 1,78 euros por litro, una cifra que igualaba a Salamanca y solo quedaba por detrás de los registros de las Islas Baleares; apenas unas horas después la media había subido dos céntimos y varias estaciones habían rebasado la barrera de 1,80 euros por litro. En algunos surtidores el importe anunciado ya supera el valor que hasta hace poco parecía un techo inalcanzable, y el rumor de que los dos euros por litro son una posibilidad cercana ha encendido la alarma entre los usuarios.
El mapa de precios revela una concentración de las provincias con diésel más caro en la mitad norte del país, mientras que en la cola de la tabla aparecen las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y las islas de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife, que se benefician de gravámenes especiales más bajos que los aplicados en la península. Esa diferencia fiscal constituye uno de los motivos por los que Ourense, como otras provincias del interior, soporta un precio final sensiblemente mayor. Además, los costes asociados a transporte y logística incrementan el precio en zonas menos urbanas.
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Conoce más →El impacto se aprecia en el bolsillo: llenar un depósito de 45 litros en Ourense cuesta casi cuatro euros más que en Cuenca, con importes aproximados de 80,5 euros frente a los 76,77 euros en la provincia conquense, y respecto a la semana anterior el encarecimiento se acerca a los doce euros adicionales para un repostaje completo. Esa diferencia, aunque pueda parecer moderada en cifras unitarias, se traduce en un gasto acumulado relevante para familias y empresas de transporte en una provincia con mucha movilidad por carretera.
Los hábitos de repostaje han cambiado con rapidez. Muchos conductores que antes optaban por echar 20 o 30 euros ahora prefieren llenar el depósito por miedo a nuevas subidas diarias, y aumentan las visitas a las estaciones en busca de pequeñas economías por volumen. «A la gente le entró miedo; muchos están llenando el coche para prevenir una futura subida», relata Isaac Pérez Vallejo, responsable de la estación de servicio del Alto do Couso, quien añade que la demanda se ha multiplicado en jornadas recientes. Desde esa instalación señalan, no obstante, que de momento no hay riesgo de desabastecimiento.
Los gestores de estaciones subrayan que un porcentaje elevado del precio final corresponde a impuestos y gravámenes, además de los costes de compra del crudo y la refinación, por lo que la variación internacional se transmite con rapidez al surtidor. El reciente repunte se vincula en buena medida a la incertidumbre sobre el suministro y a la presión alcista en los mercados energéticos tras la escalada en Oriente Medio. En el día a día, estos movimientos se traducen en carteles que cambian varias veces y en clientes que buscan la gasolinera más barata en recorridos habituales.
Ante la escalada, la patronal de las estaciones, la Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio (CEEES), ha reclamado al Gobierno una reducción temporal de los impuestos que gravan los combustibles para contener la subida. Sus propuestas incluyen bajar el IVA del 21% al 10% o aplicar una reducción temporal del 50% en el Impuesto Especial de Hidrocarburos sobre el gasóleo, alternativas que han sido planteadas en comunicaciones remitidas a los ministerios implicados en la materia.
El debate político y técnico sobre medidas paliativas seguirá durante los próximos días, con comunidades autónomas y organizaciones de consumidores reclamando rapidez ante un encarecimiento que golpea especialmente a sectores clave en Ourense, como el transporte discrecional y el agrícola. Desde la Administración estatal se valoran opciones pero también se advierte del impacto presupuestario de alivios fiscales de calado. En el terreno, la sensación es de prudente expectación y de presión creciente por parte de usuarios y empresas.
Para el conjunto de la economía provincial, la subida genera incertidumbre: costes de desplazamiento, de distribución y de suministro que se trasladan a precios de bienes y servicios. Mientras tanto, los consumidores ourensanos consultan el Geoportal y comparan surtidores en su entorno con la esperanza de mitigar el golpe en la factura semanal, a la espera de que la evolución internacional o decisiones fiscales alivien una situación que, por ahora, mantiene a Ourense a la cabeza del precio del diésel en la península.
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