lunes, 23 de marzo de 2026 | Galicia, España
ÚLTIMA HORA El verano deja a los aeropuertos gallegos con veinte rutas menos y alimenta la inquietud del sector
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El diésel respira en Pontevedra: la bajada del IVA devuelve el precio del combustible a niveles de 2024

La imagen de los surtidores marcando cifras rojas, aquellas que superaban la barrera psicológica de los dos euros por litro, ha comenzado a difuminarse en las carreteras de la provincia de Pontevedra con una rapidez casi vertiginosa. En apenas tres días, desde que el Consejo de Ministros activara el pasado viernes el mecanismo de emergencia fiscal, el mapa de las gasolineras gallegas ha cambiado de color. Lo que el viernes 20 de marzo era una realidad abrumadora —con 28 estaciones de servicio en la provincia donde el diésel costaba más de dos euros— se ha reducido este lunes a un único testimonio residual, una bomba que aún marca 2,018 euros mientras el resto de la red se alinea con la nueva directriz gubernamental.

El descenso no es una mera anécdota estadística, sino un alivio tangible para el bolsillo de miles de conductores y transportistas que ven cómo el litro de gasóleo se sitúa ahora en una media de 1,79 euros. Esta corrección a la baja, que supone una reducción de 24 céntimos en tiempo récord, responde directamente a la rebaja del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) de los hidrocarburos, una medida que el Ejecutivo ha desplegado como escudo ante la volatilidad de los mercados internacionales. La gasolina, por su parte, no se queda atrás y registra un descenso nacional de 29 céntimos por litro, situando la sin plomo 95 en torno a los 1,51 euros, lejos de los picos de tensión que marcaron la semana previa.

Una tregua fiscal en medio de la tormenta geopolítica

Detrás de estos números fríos late una decisión política urgente, tomada en un contexto global que no da tregua. El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán ha tensado la cuerda del suministro energético mundial, disparando las primas de riesgo y amenazando con asfixiar la recuperación económica europea. Ante este panorama, el Gobierno aprobó un Decreto-ley de contención que incluye, entre otras medidas, la reducción del tipo impositivo del 21% al 10% para los carburantes. Una maniobra que, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica, ha logrado frenar la hemorragia en la provincia pontevedresa con una bajada general del 11,8% en el coste del diésel.

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La aritmética del ahorro es contundente para el ciudadano de a pie. Si el pasado viernes llenar un depósito estándar de 55 litros en un vehículo diésel suponía desembolsar cerca de 111,65 euros, hoy esa misma operación requiere apenas 98,45 euros. Hablamos de un ahorro inmediato de 13,2 euros por repostaje, una cifra que, multiplicada por las visitas mensuales a la gasolinera, empieza a notar cualquier economía doméstica o autónomo del transporte. En el caso de la gasolina, el Ministerio de Hacienda calcula un ahorro de 16 euros por depósito completo, devolviendo cierta normalidad a unas cuestas de marzo que se presentaban especialmente empinadas.

Sin embargo, esta tranquilidad tiene fecha de caducidad conocida. Las medidas fiscales aprobadas tienen una vigencia limitada hasta el 30 de junio, lo que introduce un elemento de incertidumbre en el horizonte estival. El ejecutivo busca ganar tiempo mientras moviliza un plan de choque valorado en más de 5.000 millones de euros destinado a combatir la inflación derivada del conflicto. Mientras tanto, el precio del barril de Brent, la referencia europea, oscila nervioso alrededor de los 100 dólares, habiendo retrocedido ligeramente desde los máximos de 112,54 dólares tocados el pasado fin de semana, pero manteniéndose en niveles que justifican la intervención estatal.

El sector exige estabilidad tras el trauma de 2022

No es la primera vez que Galicia vive una situación de estrés en sus surtidores, y la memoria del sector es larga. Durante la crisis desatada por la invasión rusa de Ucrania en 2022, se implementó una bonificación directa de 20 céntimos por litro que, aunque bienintencionada, generó graves problemas de liquidez para muchos operadores. Miguel Ángel Salceda, presidente de la Federación Galega de Estacións de Servizo (Fegaes), ha sido voz cantante en la demanda de una revisión fiscal estructural. En declaraciones recientes, Salceda recordaba que «el Gobierno tiene mucho margen de maniobra para reducir el precio de los hidrocarburos», una petición que finalmente ha cristalizado en la rebaja del IVA.

Pero el fantasma del caos logístico-financiero de hace cuatro años sigue presente. Salceda no ha dudado en calificar aquella experiencia como un «caos» que llevó al cierre temporal de varias gasolineras en la comunidad, incapaces de adelantar el dinero de la bonificación sin quebrar. Por ello, el nuevo paquete de ayudas incluye matices distintos: además de la rebaja del IVA, que supondrá un ahorro fiscal de 507 millones para el Estado y de 656,5 millones para los ciudadanos, se contempla una subvención específica de 20 céntimos para el gasóleo agrícola. Esta distinción busca proteger al sector primario sin repetir los errores de gestión que colapsaron la red de distribución en el pasado.

La reacción del mercado ha sido inmediata, demostrando que cuando la variable fiscal se ajusta, el precio final responde con celeridad. La eliminación de casi todas las gasolineras por encima de los dos euros en Pontevedra en menos de 72 horas es prueba de que el margen de beneficio de las operadoras estaba comprimido al máximo por la presión impositiva anterior. Ahora, con el tipo reducido al 10%, el precio en bomba refleja con mayor fidelidad el coste real de la materia prima, aunque esta siga cotizando al alza en los mercados de futuros debido a la inestabilidad en Oriente Próximo.

Un respiro provisional a la espera del verano

A falta de confirmación oficial sobre qué ocurrirá después del 30 de junio, los conductores gallegos disfrutan de un respiro que llega en el momento justo. La primavera es temporada alta para el transporte de mercancías y el inicio de la actividad turística en muchas zonas costeras, por lo que un precio del combustible desbocado habría tenido efectos colaterales devastadores en la cadena de suministro y en la hostelería local. La medida actúa como un amortiguador necesario, permitiendo que la economía real absorba mejor el shock externo provocado por el conflicto internacional.

Con todo, la situación invita a la prudencia. La dependencia energética de Europa y la volatilidad del barril de Brent, que puede volver a dispararse con cualquier nuevo incidente geopolítico, mantienen la espada de Damocles sobre los precios. La bajada actual es bienvenida, sin duda, pero no debe interpretarse como el final de la turbulencia, sino como una pausa táctica en una guerra económica global que apenas comienza a mostrar sus verdaderas consecuencias. Mientras el surtidor marque 1,79 euros, el conductor pontevedrés podrá conducir con algo menos de angustia, sabiendo que, al menos por ahora, la factura de la gasolina ha dejado de ser la principal preocupación del mes.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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