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El euro adelgaza y los salarios no engordan

El euro adelgaza y los salarios no engordan

Pedro Marín Usón, en una carta publicada el 11 de marzo de 2026 en La Región desde Zaragoza, advierte de la pérdida de poder adquisitivo del euro y de la incapacidad de los salarios para seguirle el ritmo. En su misiva, enviada al diario de Ourense, señala que la introducción de la moneda única y la inflación acumulada han dejado a muchos hogares con menos capacidad de consumo. La queja, enmarcada en un contexto local y nacional, reclama además respuestas ante el encarecimiento sostenido de bienes cotidianos. La cuestión, sostiene, no es solo nostálgica sino que apunta a un empobrecimiento real de la población.

El autor recuerda el contraste entre el pasado y el presente con una imagen sencilla: la antigua moneda de curso, la 100 pesetas, servía entonces para pequeños gastos que hoy apenas cubre un café barato. Denuncia un efecto de “redondeo” cuando se adoptó el euro que, según relata, llevó a muchos precios a pasar de 100 pesetas a un euro, como si el tipo de cambio real de 166 pesetas por euro no hubiera existido en la práctica. Esa sensación de transición desigual, según Marín Usón, dejó una huella psicológica y económica que se ha traducido en aumentos percibidos en productos de consumo diario.

Diversos análisis citados por el firmante apuntan a que el euro ha perdido aproximadamente la mitad de su poder de compra desde principios de siglo, una caída que se traduce en que lo que antes se adquiría con 100 euros hoy exige bastante más de 140. Ese deterioro sostenido del valor real de la moneda, combinado con subidas de precios periódicas, explica en buena medida el desajuste entre salarios y coste de la vida. La pérdida de margen en el poder adquisitivo se vive en hogares de toda España, y Galicia no es una excepción, especialmente en zonas con mayor dependencia de pequeños comercios y hostelería tradicional.

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El mapa de la pérdida de capacidad económica llega a las barras de los bares y a las tiendas de barrio: establecimientos cada vez menos concurridos, cierres que se suceden y un menor número de pequeñas empresas capaces de soportar incrementos continuos en costes. Productos tan rutinarios como el café, el pan o el menú del día se han encarecido muy por encima de la evolución de los salarios, denuncia la misiva. Así, el consumo local se retrae y se agravan las dificultades de un tejido empresarial ya debilitado por la competencia y los cambios de hábitos.

Marín Usón enlaza esa tensión económica con factores externos: guerras, crisis energéticas y disrupciones en cadenas de suministro que disparan costes y alimentan la inflación global. En su carta menciona conflictos en tierras persas, en Ucrania y en Sudán como ejemplos de escenarios que, además de causar víctimas humanas, repercuten en precios y en la estabilidad económica. El efecto combinado de factores internacionales y de decisiones de política económica doméstica, sostiene, deja a muchos ciudadanos con la sensación de que sus ingresos valen menos día a día.

La carta apunta también al sentimiento generalizado entre la ciudadanía: no se discute la macroeconomía en abstracto, sino la incapacidad de llegar a fin de mes y las dudas sobre por qué el salario ya no rinde como antes. “¿Dónde está el no a la inflación?”, plantea el remitente, una pregunta que resume el malestar de personas que perciben una erosión de su nivel de vida. Esa inquietud se materializa en menores consumos, reducción de ocio y, en algunos casos, en decisiones de ahorro forzoso que retraen aún más la actividad económica local.

Del lado de las soluciones, la carta no entra en recetas técnicas, pero implícitamente reclama medidas que frenen la caída de la capacidad adquisitiva: políticas de ingreso que acompañen la subida de precios, medidas de protección para los más vulnerables y una respuesta coordinada entre autoridades monetarias y fiscales. La experiencia de las provincias con economías estrechas, como algunas comarcadas de Ourense, invita a priorizar instrumentos que impulsen el empleo y sostengan la demanda interna sin alimentar nuevas presiones inflacionarias.

El mensaje que llega desde Zaragoza y se publica en Ourense es, en definitiva, una llamada a la reflexión pública sobre el poder de compra y la calidad de vida. Para quienes viven del salario, de una pensión o de un pequeño negocio, la cuestión no es académica sino cotidiana: cómo recuperar margen económico en un entorno de precios crecientes. La carta pone el acento en la urgencia de políticas sociales y económicas que acompañen a las familias y en la necesidad de un debate público que responda, con medidas concretas, a la pérdida de poder adquisitivo que denuncia la ciudadanía.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.