Este domingo 14 de marzo de 2026, los parisinos eligen un nuevo alcalde y ponen punto final a una etapa que durante doce años remodeló la fisonomía de la ciudad. Bajo el mandato de Anne Hidalgo, la capital pasó de priorizar al coche a promover un modelo urbano basado en la proximidad y la peatonalización, coincidiendo con una ambiciosa red de movilidad ciclable. El cambio ha reducido la contaminación y modificado los hábitos de desplazamiento, pero también ha dejado sobre la mesa una deuda que las autoridades cifran en 10.000 millones de euros.
La transformación no nació de la nada: cuando Hidalgo accedió al Hôtel de Ville en 2014 tomó el relevo de decisiones ya iniciadas por su predecesor, Bertrand Delanoë, y las llevó a una escala mucho mayor. Su gobierno convirtió la reducción del espacio destinado al vehículo privado y la creación de vías peatonales en una de sus banderas, planteando la idea de una ciudad en la que los servicios esenciales estén al alcance de 15 minutos a pie o en bicicleta. Esa apuesta, contestada en sus primeros años, ha ido ganando apoyos entre populares y comerciantes que perciben cambios en el uso del espacio público.
Las cifras sirven de termómetro del viraje. Hoy, apenas uno de cada diez parisinos utiliza el coche para ir al trabajo; la mayoría se desplaza a pie, en bicicleta o mediante transporte público. Según datos del Institut Paris Region, el 11% de los desplazamientos dentro de la ciudad se realizan en bicicleta frente al 4,3% que lo hacen en coche, y la contaminación atmosférica se ha reducido aproximadamente a la mitad desde 2014. La infraestructura bici se ha ampliado hasta superar los 1.500 kilómetros, con 822 kilómetros de carriles protegidos que han transformado la movilidad cotidiana.
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Conoce más →La peatonalización afectó a más de 300 calles y proyectos simbólicos como la restitución de la ribera del Sena al uso ciudadano han cambiado la vida urbana. Donde antes circulaban vehículos, ahora proliferan corredores, ciclistas y terrazas que atraen a residentes y turistas; las orillas del río se han convertido en un espacio de encuentro intergeneracional y en un reclamo para el ocio al aire libre. La reconfiguración del espacio público ha incidido además en el comercio local, que en muchos barrios ha visto cómo se redefinían flujos y afluencias.
El impulso a la bicicleta se aceleró durante los cierres perimetrales por la pandemia y consolidó hábitos que parecían temporales. Reducciones de tráfico en áreas centrales como Paris Centre han permitido recuperar aceras y plazas, pero también han reabierto debates sobre accesibilidad, reparto del espacio y transporte de larga distancia dentro de la metrópoli. En las encuestas previas a las municipales nadie plantea ya la vuelta atrás como opción mayoritaria, lo que otorga al nuevo equipo municipal el encargo de administrar una ciudad distinta.
Sin embargo, la reconversión urbana no ha sido gratuita. Las inversiones en infraestructuras ciclistas, en obras de peatones y en la remodelación de vías públicas han incrementado el gasto municipal, y el aumento del endeudamiento figura entre las críticas de la oposición. La nueva administración heredará, según las cuentas oficiales, una carga financiera que obliga a ajustar prioridades y a explorar fórmulas de financiación para mantener y adaptar los proyectos en marcha.
En clave política, las elecciones marcan un cambio de ciclo. Las fuerzas que concurren al Ayuntamiento intentan equilibrar la defensa del legado ambiental y de movilidad con propuestas para atajar los desequilibrios sociales y el coste del servicio público. Parte del debate se centra en cómo compatibilizar la ambición de una ciudad más habitable con la necesidad de no penalizar a quienes viven en la periferia o dependen aún del vehículo privado para sus trabajos.
Doce años después, el balance de la era Hidalgo muestra una ciudad visiblemente transformada: menos ruido, menos humos y un paisaje urbano con más espacio para el peatón, pero también con retos fiscales y de cohesión social. El próximo alcalde o alcaldesa recibirá una París físicamente distinta y con una agenda cargada de expectativas y tensiones: mantener los avances en movilidad sostenible y, a la vez, encauzar la gestión económica que deje saneada la ciudad para el futuro.
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