El Kremlin afirmó este sábado en Moscú que «muchos» países están interesados en importar petróleo ruso como consecuencia de la conmoción que ha provocado la guerra en Irán en los mercados internacionales. El portavoz presidencial, Dmitri Peskov, señaló que la demanda sobrevino tras los problemas en el transporte y la oferta energética causados por el bloqueo parcial del estrecho de Ormuz y el alza de precios. La Administración rusa insiste en que el crudo de Moscú es necesario para garantizar el funcionamiento de la infraestructura energética global, y subraya que el retorno de esos volúmenes aporta estabilidad. La intervención se produjo el 14 de marzo, en el contexto de decisiones recientes de Estados Unidos sobre las importaciones en tránsito.
En sus declaraciones a la agencia TASS, Peskov destacó que el mercado mundial del petróleo es amplio y que no puede prescindir de grandes flujos de crudo procedentes de Rusia. Según el portavoz, cuando esos cargamentos comienzan a incorporarse a los circuitos comerciales se restablece una dinámica que favorece la estabilidad de precios y suministros. El argumento del Kremlin vincula así la seguridad energética internacional con la continuidad de las exportaciones rusas, en contraposición a las restricciones y sanciones que pesan sobre Moscú desde el inicio de la guerra en Ucrania.
El cambio de tono se produjo después de que Washington anunciara la suspensión temporal por un mes de la prohibición de importar petróleo ruso que está en tránsito a bordo de petroleros en alta mar. Peskov interpretó la medida como un punto de convergencia de intereses entre Rusia y Estados Unidos en un momento de tensión en los mercados, y afirmó que tal decisión permite liberar volúmenes atrapados en rutas comerciales. La Administración rusa ve en esto una oportunidad para reinsertar cargamentos previamente bloqueados y aliviar presiones sobre la oferta global.
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Conoce más →Rusia ha buscado beneficiarse del encarecimiento del crudo desatado por el conflicto en Irán y por los episodios de bloqueo en el estrecho de Ormuz, y lo ha hecho en un escenario en el que, según Moscú, la muerte del ayatolá Kiril Dmítriev aliado en la región —según algunas fuentes citadas por medios internacionales— supuso un cambio geopolítico que aceleró movimientos en los mercados. El Gobierno ruso afirma que la confluencia de varios factores geopolíticos eleva la demanda de su petróleo en zonas donde tradicionalmente se importaba de otras fuentes, lo que habría consolidado compradores dispuestos a aceptar suministros desde Rusia.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) cifró además un desplome de las exportaciones rusas en febrero, con un descenso de 410.000 barriles diarios hasta situarse en su nivel más bajo desde el comienzo de la guerra en Ucrania. Ese retroceso se interpreta desde Moscú como un fenómeno temporal que ahora podría moderarse con la reactivación de cargamentos en tránsito y con los movimientos regulatorios en Estados Unidos y otros mercados. La AIE viene siguiendo de cerca cómo las variaciones en las rutas y en la refinación influyen en la volatilidad de los precios.
Desde el entorno del Kremlin se han ofrecido estimaciones sobre los volúmenes liberados tras la decisión estadounidense: el emisario económico ruso situó en torno a 100 millones de barriles la cantidad afectada, mientras que informaciones de canales internacionales elevan esa cifra. Según reportes citados por Moscú, en la actualidad habría alrededor de 124 millones de barriles de crudo ruso en tránsito que podrían incorporarse al mercado. La combinación de esos volúmenes con una demanda sostenida explicaría, según fuentes rusas, la recuperación parcial de ingresos por exportaciones.
El impacto en las arcas rusas es cuantificado por publicaciones financieras que calculan beneficios diarios relevantes a raíz del alza del petróleo. Según esos análisis, el incremento del precio internacional del crudo supone ingresos adicionales del orden de 150 millones de dólares al día para Rusia, y si el petróleo de la marca rusa Urals se mantuviera por encima de los 70 dólares por barril Moscú podría ingresar hasta 5.000 millones de dólares durante marzo. Estas cifras alimentan la tesis oficial de que la coyuntura internacional favorece temporalmente la capacidad financiera rusa pese a las sanciones.
Analistas consultados advierten, no obstante, de que la situación sigue llena de incertidumbres: la duración del conflicto en Irán, la estabilidad del estrecho de Ormuz, la evolución de las sanciones y las decisiones de compra de grandes importadores pueden modificar con rapidez el panorama. Para Rusia, la reapertura de vías de tránsito y la aceptación de su crudo por parte de múltiples compradores suponen un respiro, pero también plantean interrogantes sobre la sostenibilidad de esos flujos a medio plazo y sobre las consecuencias políticas de una mayor dependencia de ciertas rutas y clientes.
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