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El misterio de la desaparición de aquella vajilla del Zamora 8

El misterio de la desaparición de aquella vajilla del Zamora 8

Fernando Ramos, veterano y autor de una crónica publicada el 10 de marzo de 2026 en La Región, vuelve a poner el foco en la desaparición de una vajilla completa del antiguo Regimiento Zamora 8, sustraída tras la disolución del cuartel de San Francisco en octubre de 1987. La pieza, usada en actos sociales y con el escudo de la unidad, dejó de aparecer en los inventarios y su paradero sigue sin aclararse, lo que alimenta la sensación de expolio y olvido del patrimonio militar ourensano. El asunto combina pérdida material y daño a la memoria colectiva de quienes sirvieron en la plaza. Por ello, veteranos y responsables culturales reclaman respuestas y una investigación que determine responsabilidades.

La disolución del regimiento dejó un rastro de bienes desaparecidos que, según el relato del propio Ramos, va desde fondos bibliográficos hasta colecciones de armas blancas, guiones, banderines de compañía y el estandarte del batallón. Muchos de esos objetos fueron a parar a manos privadas o se dispersaron en el mercado, y solo una parte pudo ser recuperada y depositada en instituciones, como el Museo de Isabel la Católica en Figueirido y el pequeño espacio dedicado al Zamora 8 en la subdelegación del Ministerio de Defensa. La vajilla, sin embargo, destaca por tratarse de un conjunto numeroso y conservado en dependencias apropiadas, lo que hace más llamativo su extravío.

En las primeras averiguaciones se barajó la posibilidad de que el servicio hubiera sido trasladado al Regimiento del Príncipe, en Asturias, junto a otros enseres. Sin embargo, años después un coronel de esa unidad negó que allí existiera rastro de la vajilla que recuerdan los veteranos, una versión que no hace más que complicar el puzle. Entre quienes se preocuparon entonces por proteger el acervo se encontraba el coronel Antonio Castaño, que intentó evitar los saqueos y se preguntó en voz alta quién había decidido llevarse la singular pieza.

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El valor de algunos recuerdos quedó precisamente en manos de particulares: Ramos relata cómo recuperó banderas que habían sido arriadas y abandonadas para ser quemadas, y cómo gracias al teniente Hernáiz, entonces sargento, pudo salvar una caja de fotografías que permitió completar un libro sobre el regimiento y alimentar la exposición conmemorativa. Esas recuperaciones demuestran que no todo se perdió, aunque sí que hubo decisiones y desidia que facilitaron la dispersión de objetos relevantes para la historia local.

La rehabilitación del cuartel de San Francisco para usos civiles reavivó las quejas de los veteranos por daños a la memoria histórica del lugar. Entre las pérdidas materiales y simbólicas, señalan la destrucción de un mural alegórico de la Infantería pintado en 1968-1969 en el frontis de la escalera principal, una intervención modesta pero significativa que recordaba los siglos de uso militar del edificio. Los antiguos soldados aseguran que no hubo mala voluntad expresa, sino falta de sensibilidad hacia elementos que deberían haberse inventariado y protegido antes de las obras.

El destino de objetos militares y ceremoniales suele ser variado: algunos terminan en museos, otros en manos de oficiales que los conservan como recuerdo, y una parte notable aparece en mercadillos como El Rastro de Madrid o en tiendas de antigüedades. En el caso del Zamora 8, varios banderines fueron recogidos por últimos capitaines y alguno ha sido recuperado para actos de veteranos, pero la vajilla, por su volumen y unicidad, plantea una pregunta distinta sobre la trazabilidad de los bienes institucionales.

Fuentes consultadas por este periódico señalan que la búsqueda debería pasar por revisar los archivos de la propia unidad, cotejar inventarios del Ministerio de Defensa y explorar colecciones privadas y establecimientos de compraventa de material militar. Además, la colaboración entre veteranos, historiadores locales y la administración podría facilitar localizar piezas dispersas y, en su caso, estudiar su restitución al ámbito público o museístico. La recuperación no sería solo un acto patrimonial, sino también un gesto hacia generaciones que vivieron la vida castrense en Ourense.

Por ahora, la vajilla del Zamora 8 sigue catalogada como extraviada y su hallazgo depende de la iniciativa institucional o de la casualidad de quien la reconozca en un escaparate. Mientras tanto, los veteranos siguen reclamando que se esclarezca qué ocurrió con los bienes del cuartel y que se evite que episodios similares vuelvan a borrar trozos de la memoria colectiva ourensana. La búsqueda de respuestas continúa, consciente del valor simbólico que tiene cada pieza recuperada.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.