La adhesión del sindicato O’Mega al acuerdo alcanzado con la Xunta y el Sergas permitió desconvocar la huelga indefinida iniciada el 2 de marzo, en uno de los episodios más tensos de los últimos años para la sanidad pública gallega. El acuerdo incluye límites en las agendas, cambios retributivos con carácter retroactivo y un seguimiento trimestral que, según las partes, garantizará su cumplimiento. A falta de verificación en la práctica, la paz social queda condicionada a la ejecución de un paquete de medidas que se implantarán de forma progresiva entre junio y octubre.
El pacto y las medidas acordadas
El eje central del pacto es la limitación de la actividad ordinaria en consulta: se establece de forma efectiva un tope de 30 actos asistenciales diarios para médicos de familia, pediatras y odontólogos. La fórmula pretende, en palabras del sindicato, “recuperar tiempo clínico” y bajar la sobrecarga administrativa que arrastra la Atención Primaria desde hace años.
“La herramienta esencial para rebajar la sobrecarga asistencial y recuperar tiempo clínico”,
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explica O’Mega sobre la limitación de agendas, una frase que proyecta alivio entre las plantillas pero despierta dudas entre gestores sobre la viabilidad en áreas con alta demanda.
Vinculado a esa medida figura el objetivo de avanzar hacia consultas de 10 minutos por paciente. No se trata de una implantación automática: la Xunta y el sindicato consensúan que será un proceso gradual orientado a mejorar la capacidad diagnóstica y la relación clínica, pero también a reducir actuaciones burocráticas que consumen tiempo. Para los casos que excedan el citado umbral de 30 pacientes se habilitarán mecanismos de sobredemanda, mediante agendas extraordinarias y actividad fuera de la jornada ordinaria para garantizar la cobertura urgente.
En términos retributivos, el acuerdo introduce una rebaja progresiva del umbral para percibir la llamada jornada complementaria especial: de 160 horas este año pasará a 140, bajará a 130 en 2027 y quedará en 122 horas desde el 1 de enero de 2028. Además, se compromete la creación de un marco de voluntariedad incentivada para guardias en Atención Primaria y en los Puntos de Atención Continuada (PAC) durante el segundo trimestre de 2026.
Antecedentes y situación de la Atención Primaria gallega
No es la primera vez que la Atención Primaria en Galicia se ve sacudida por movilizaciones y reclamaciones. Desde la campaña de consolidación de plantillas hasta la reorganización de los PAC rurales, los profesionales han venido reclamando –con distintas intensidades– una dosis de recursos y estabilidad que permita combinar accesibilidad y calidad asistencial. La firma con O’Mega llega después de procesos negociadores previos con otros sindicatos, y la Xunta defiende que se suma a un marco ya pactado con cinco organizaciones sindicales.
En el terreno práctico, algunos de los puntos más sensibles -y ahora contemplados en el acuerdo- afectan precisamente a los PAC. La Consellería se compromete a fijar antes de junio criterios nuevos de cómputo de jornada con efectos retroactivos desde el 1 de enero de 2026, y abre la puerta a revisar los planes funcionales de estos dispositivos de forma anual. El sindicato reclama que esa revisión contemple la posibilidad de reforzar plantillas cuando la presión asistencial supere el 30%; la Xunta matiza que esas evaluaciones tendrán en cuenta los recursos disponibles y que la revisión regular arrancará en 2027.
La conversión progresiva de plazas de facultativo especialista en plazas de médico de familia y el reconocimiento del MIR como única vía de especialización también figuran entre los compromisos. Son medidas que buscan consolidar el papel del médico de familia como referencia, algo que en Galicia cobra especial relevancia por la dispersión poblacional y la necesidad de mantener cobertura en comarcas rurales como Terra de Lemos o el interior de A Mariña.
Repercusiones, calendario y puntos de fricción
El calendario de aplicación del nuevo modelo es explícito: arranque el 15 de junio y culminación el 30 de octubre de 2026. Entre esas fechas se deberán adaptar agendas, equipos y circuitos asistenciales. En la práctica, eso implicará redistribuciones de cupos, ajustes en la planificación de plantillas y la negociación de incentivos para guardias y actividad extraordinaria.
Sobre el papel, las reuniones trimestrales de seguimiento incluidas en el acuerdo funcionan como un mecanismo de garantía. Sin embargo, la confianza entre las partes no es plena. O’Mega interpreta lo firmado como un punto de inflexión; la Xunta, por su parte, subraya que el sindicato se incorpora a un marco ya convenido con otros colectivos y utiliza el acuerdo para reforzar su narrativa sobre la reforma sanitaria. Esa doble lectura introduce tensión política que puede trasladarse a la implementación.
Más allá del choque retórico, existen riesgos prácticos: la absorción de la sobredemanda mediante actividad extraordinaria plantea dudas sobre la sostenibilidad presupuestaria y la eventual precarización de horarios; la redistribución de plantillas puede generar presión en áreas ya tensionadas; y la eficacia de la limitación a 30 actos diarios depende de criterios homogéneos de contabilización y de la dotación de personal de apoyo administrativo y de enfermería.
En ciudades como Vigo o Pontevedra, donde los PAC gestionan un flujo constante de pacientes, la adaptación será un test temprano. Cabe recordar que la entrada a un PAC de Vigo es a menudo la imagen de la sobrecarga estacional; la memoria de esas colas ha sido uno de los detonantes de las protestas laborales. La puesta en marcha del nuevo régimen en junio permitirá medir rápidamente el grado de ambición real del pacto.
Si los compromisos se cumplen, los beneficiados serían los pacientes y los profesionales que reclaman más tiempo clínico y menos presión asistencial. Si no lo hacen, la desconvocatoria podría ser temporal y las movilizaciones volver a la agenda sindical. A falta de confirmación oficial sobre la ejecución práctica de cada punto, la pelota queda en el tejado de la Consellería y del propio Sergas: la prueba de fuego comenzará en verano y, para muchos, será la verdadera liturgia del pacto.
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