martes, 10 de marzo de 2026 | Galicia, España
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El sector hotelero gallego teme que la escalada bélica le obligue a subir los precios

El sector hotelero gallego teme que la escalada bélica le obligue a subir los precios

El sector hotelero gallego, especialmente los establecimientos de la ría de Arousa y O Salnés, advierte de que la reciente escalada del conflicto en Oriente Próximo podría traducirse en un encarecimiento de las estancias de cara a la Semana Santa de 2026, que se celebra dentro de unas semanas. Empresarios y asociaciones señalan a la subida de los combustibles y de la energía como el principal motivo que presiona los costes operativos. La incertidumbre internacional, unida a un invierno duro en Galicia, está condicionando las decisiones de reserva y la estrategia tarifaria de los alojamientos.

En O Salnés, la evolución de las reservas llega de forma desigual: algunos establecimientos registran ocupaciones altas en días concretos, mientras otros aún ven huecos importantes en el calendario. Tradicionalmente, las vacaciones de Pascua en la zona se deciden en buena parte en el último momento, cuando las previsiones meteorológicas son más fiables, pero este año a esa dinámica se suma la preocupación por el precio de combustible y el coste energético. Hoteleros consultados explican que esta confluencia de factores está diluyendo la confianza habitual en la planificación anticipada.

Dulcinea Aguín, presidenta de la asociación gallega de viviendas turísticas (Aviturga), apunta que una parte relevante de los turistas aguarda hasta los últimos días para confirmar su viaje, y que la volatilidad de los precios de la energía complica aún más esa espera. Desde la asociación explican que los apartados vinculados al transporte y al suministro son los que más presión ejercen sobre las cuentas de los alojamientos, razón por la cual muchos empresarios barajan la necesidad de trasladar parte del incremento al cliente. Sin embargo, matizan, la competencia con alojamientos informales y destinos alternativos limita la capacidad de aplicar subidas generalizadas.

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Los hoteleros describen un mecanismo claro: el aumento del precio del combustible eleva los costes de suministro, el transporte de mercancías y los servicios auxiliares —como lavandería y transporte—, y también encarece la factura eléctrica cuando la presión sobre los mercados energéticos se traslada desde los crudos. Ante esa situación, algunas cadenas y establecimientos familiares estudian medidas diversas para mitigar el impacto: desde la negociación de contratos de suministro hasta medidas de eficiencia energética o la reducción de servicios complementarios. Estas soluciones, admiten, tienen un alcance limitado si la escalada geopolítica se prolonga.

La fragilidad del inicio de la temporada turística en Galicia incrementa la sensibilidad ante cualquier subida de precios. Para muchas empresas del litoral, Semana Santa actúa como termómetro: un buen resultado permite afrontar la primavera y preparar la campaña de verano; unas cifras por debajo de lo esperado obligan a ajustar plantillas y horarios. Empresarios de Vilagarcía y Cambados relatan que, pese a que la demanda existe, la elasticidad del turismo en un destino pequeño hace que cualquier aumento percibido en la factura final frene la contratación.

Además del coste directo, los agentes del sector alertan sobre el efecto reputacional: aplicar incrementos en plena reserva puede provocar cancelaciones o devoluciones a favor de opciones más baratas, como viviendas vacacionales o estancias en provincias vecinas. Por ello, algunas empresas prefieren absorber parte de la subida temporalmente, confiando en que la situación internacional se estabilice y permita recuperar márgenes sin perder clientela. No obstante, esa estrategia sólo es viable para quienes cuentan con colchones financieros o con una cartera diversificada de clientes.

La Administración local y las asociaciones sectoriales siguen la evolución con atención y reclaman medidas que reduzcan la presión sobre los costes, como ayudas temporales a la energía, incentivos a la eficiencia y campañas promocionales que eviten la erosión de la demanda. Desde Aviturga y otras patronales subrayan la necesidad de coordinación entre administraciones para ofrecer un mensaje de estabilidad que alivie la incertidumbre de los viajeros. Mientras tanto, los alojamientos más pequeños confían en políticas de precios flexibles y en una comunicación cercana con el cliente para mantener la ocupación.

El balance, por ahora, es de prudencia: el sector reconoce que aún no hay una decisión generalizada sobre incrementos, pero admite que la subida sostenida de precios de los combustibles y la energía puede forzar ajustes en las tarifas si la crisis internacional persiste. La Semana Santa, por su cercanía, servirá de prueba para calibrar hasta qué punto los consumidores están dispuestos a asumir un sobrecoste vinculado a factores geopolíticos. En las próximas semanas, hoteleros y asociaciones evaluarán la demanda y decidirán si aplican subidas puntuales, recortes de servicio o medidas de contención del gasto.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.