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El vía crucis del alcalde de Lugo: minoría, apoyos y un año decisivo antes de las municipales

Miguel Fernández afronta desde esta semana un escenario político inédito en el Concello de Lugo: se queda al frente de un gobierno en minoría después de que María Reigosa rompiera la coalición, mientras la gestora provincial del PSOE le transmite un respaldo explícito que busca contener la crisis a poco más de un año de las elecciones. En el calendario municipal, la aprobación del presupuesto —con su último trámite previsto para este jueves— se ha convertido en el termómetro inmediato de la estabilidad de la alcaldía.

Un gobierno en minoría y las semanas decisivas

La escena de este lunes, con el alcalde tomando un café en la Praza de Santa María y asegurando que había dormido «a pierna suelta», contrasta con la complejidad política que tiene enfrente. Fernández gobierna la ciudad desde hace algo más de un año y, aun mostrando tranquilidad, arrastra la doble preocupación de gestionar la ciudad —con concejales fuera de combate por motivos de salud, como el caso de Olga López Racamonde, nuevamente hospitalizada— y preparar el terreno para una contienda electoral en la que el PSOE se juega conservar una alcaldía que acumula 28 años de mandato.

En sus comparecencias públicas de la mañana, el regidor optó por poner énfasis en medidas municipales compartibles con la ciudadanía: una campaña para mejorar el aseo frente a los orines de perros —uno de esos asuntos prácticos que, según fuentes municipales, ha traído reconocimientos a la ciudad— y la confirmación de la actuación de Abraham Cupeiro el 21 de junio, cuando los karnix cerrarán el Arde Lucus en su 25.º aniversario. Pero las palabras oficiales conviven con la realidad política: el presupuesto aún no está aprobado y la pérdida de la mayoría obliga al ejecutivo a buscar apoyos puntuales para mantener su agenda.

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«Vamos a seguir trabajando, a seguir funcionando, con más ilusión si cabe, porque somos menos, para llevar adelante el proyecto de ciudad que tenemos»,

dijo el alcalde al pie de la catedral. La afirmación fue pronunciada con voz algo ronca; varios asistentes comentaron que Fernández arrastra afonía desde hace días, un síntoma menor en lo físico que sirve, sin embargo, de metáfora para un Ejecutivo que debe recuperar la voz en la arena política local.

Reacciones políticas: respaldo socialista y el juego del PP

En San Marcos, la gestora provincial del PSOE se alineó sin ambages con el alcalde y expresó su «apoyo total» a un equipo que, según sus palabras, está transformando la ciudad por decisión democrática. El respaldo busca evitar erosiones internas y transmitir un mensaje de que la gestión continúa pese a la fractura con Reigosa, que ahora vota en ocasiones junto al PP y obliga a modificar propuestas del gobierno.

La respuesta del Partido Popular local no se hizo esperar. La junta del PP calificó el episodio como «una crisis sin precedentes» que evidencia «falta de liderazgo» y un gobierno que pierde apoyos mientras impulsa proyectos, como el plan de movilidad, que a juicio de los populares generan más problemas que soluciones. Hay en los círculos conservadores la sensación de que la situación ofrece una oportunidad política: algunos militantes interpretaron al término de un encuentro con la cúpula autonómica del PP que la formación estaría dispuesta a apoyar una eventual moción de censura, aunque la decisión dependería de la iniciativa de la portavoz de la oposición, Elena Candia.

Entre los socios que todavía sostienen ritualmente el pacto, el BNG mostró cautela. Rubén Arroxo pidió responsabilidad a Reigosa y recordó que se gobierna una ciudad de más de 100.000 habitantes, apelando a la prudencia institucional por encima del tacticismo partidista. Arroxo, en tono más institucional, también admitió que la inestabilización es mala para Lugo; su mensaje queda en la cuerda floja entre la lealtad al pacto y la defensa de la gobernabilidad.

Escenarios posibles y riesgo de desgaste

La comparación con la Diputación provincial ayuda a entender matices: allí, quien se fue del PSOE —el exalcalde José Tomé, que abandonó las filas socialistas tras una denuncia por presunto acoso sexual— mantiene una actitud colaboradora y la gobernabilidad está menos en cuestión. En Lugo capital, sin embargo, la fractura con Reigosa es más abierta: sus votos puntuales con el PP han procurado ya que el ejecutivo ajuste posiciones y cuentas. Esa dinámica complica la negociación para el presupuesto y limita el margen de maniobra del alcalde.

Una moción de censura no es, a día de hoy, la salida más inmediata: su éxito dependería de sumar voluntades —algo que exige acuerdos discretos y cesiones públicas— y puede terminar por desgastar a quien la promueve. El PP, pese a la retórica combativa, debe calibrar también los riesgos de una apuesta que cambiaría el mapa municipal con poco tiempo para consolidar una alternativa creíble antes de las municipales. Aun así, la opción queda abierta y condiciona la agenda de Fernández: cada pleno se ha convertido en un examen de suficiencia política.

Más allá de la aritmética, el impacto sobre las políticas urbanas puede ser tangible. Proyectos como el plan de movilidad, inversiones en mantenimiento urbano o la programación cultural verán ralentizados sus trámites si la negociación se prolonga. Los barrios, que observan con recelo cualquier signo de parálisis, reclaman soluciones inmediatas a problemas cotidianos: limpieza, movilidad y servicios. En este sentido, el alcalde insiste en transmitir normalidad y continuidad, mientras los opositores se frotan las manos ante cualquier tropiezo.

En las próximas semanas será clave ver si el equipo de Fernández consigue tejer acuerdos puntuales que permitan sacar adelante los presupuestos o si, por el contrario, la situación deriva en un duelo abierto que marque la precampaña municipal. Lo sucedido ya deja lecciones: la fragilidad de coaliciones cortas, la importancia de las personalidades locales —Reigosa ha demostrado que su adhesión no era prescindible— y la necesidad de dar respuestas rápidas a una ciudadanía acostumbrada a una gestión estable. El alcalde ha aceptado el vía crucis público; toca ahora ver si, más allá de la metáfora, logra convertir la procesión en un camino hacia la estabilidad.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.

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