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El Wake Up Festival abandona A Coruña y confirma su traslado a la Ciudad de la Cultura de Santiago

El festival de música electrónica Wake Up Festival, que hasta ahora se celebraba en el parque de Bens de A Coruña, anunció este domingo su traslado a la Ciudad de la Cultura en Santiago de Compostela. La organización esgrime que, pese a haber intentado mantenerse en la ciudad donde «nació», los recursos desplegados no fueron «suficientes» para superar la polémica ambiental que rodeó la última edición y los reparos técnicos planteados por colectivos ecologistas.

La decisión y las razones oficiales

En un vídeo difundido en redes sociales, la dirección del festival se despidió de A Coruña con palabras de agradecimiento —«A Coruña siempre será el lugar donde empezó todo y siempre quisimos quedarnos»— y con la explicación de que el traslado busca garantizar la celebración del encuentro en las condiciones previstas. El anuncio confirma que el evento de junio mantendrá el mismo cartel y la estética visual diseñada para Bens.

«Nos despedimos de nuestro lugar, nuestro refugio», dice el comunicado del festival.

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La polémica que precipita la salida no es nueva: la Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galiza (Adega) presentó quejas formales por el volumen y el ruido durante las jornadas, que, según sus informes, provocaron perjuicios a la fauna del entorno. Adega apuntó además la existencia de informes técnicos desfavorables y habló de un expediente administrativo con «garantías ambientales con dudas». Eso, unido a la presión mediática y a la atención política, habría llevado a la organización a optar por un cambio de escenario.

Entre los nombres que la promotora había anunciado para el festival figuran Alarico, Adiel, Fatima Haji, Luxi Villar, Pawlowski y Prada2000. La intención es que esas actuaciones se mantengan sin alteraciones en la nueva sede santiaguesa, lo que plantea ya un desafío logístico para convertir la Ciudad de la Cultura en espacio de música electrónica de gran formato.

Antecedentes y contexto local

El Wake Up se había ido consolidando en los últimos años como cita veraniega de música electrónica en A Coruña, con una propuesta que mezcla apertura a la escena local y artistas emergentes con nombres más asentados. Celebrar el festival en el parque de Bens tenía ventajas claras: un escenario al aire libre con buenas comunicaciones para la ciudad y una capacidad que permitía atraer público desde la comarca y desde otras partes de Galicia.

Sin embargo, no es la primera vez que eventos culturales en Galicia se topan con la doble tensión entre dinamización económica y protección ambiental. En A Coruña han sido recurrentes los debates sobre la idoneidad de determinados espacios verdes para grandes concentraciones; en Santiago, la Ciudad de la Cultura, diseñada por Peter Eisenman, arrastra a su vez décadas de debate público por los costes y la gestión de un complejo que muchas veces ha buscado usos alternativos para justificar su factura.

La elección de Santiago como nuevo emplazamiento tiene a la vez lógica y simbolismo. Desde el punto de vista municipal y autonómico, acoger un festival de este perfil supone una oportunidad para reactivar instalaciones emblemáticas y atraer público joven, pero obliga también a adaptar infraestructuras, planificar transporte y gestionar los permisos ambientales que en A Coruña habían encendido la controversia.

Repercusiones y próximos pasos

En A Coruña el anuncio ha despertado reacciones encontradas. Para el sector de la hostelería y los servicios relacionados con el ocio nocturno, la pérdida de un festival que atraía visitantes durante un fin de semana se traducirá en una menor afluencia y una facturación que ahora se dirigirá a la capital gallega. En el lado opuesto, asociaciones vecinales y ecologistas respirarán con la marcha del evento, que era objeto de quejas por el ruido y por el impacto en zonas verdes.

Por su parte, las administraciones deberán tramitar el cambio de ubicación. El traslado implica la presentación de proyectos técnicos y evaluaciones ambientales que la organización afirmó haber querido resolver sin éxito en A Coruña. En Santiago, el Ayuntamiento y la Xunta tendrán que valorar la compatibilidad del evento con los usos de la Ciudad de la Cultura, fijar condiciones de aforo y control acústico, y establecer medidas para minimizar el efecto sobre el entorno y los vecinos.

Fuentes próximas a la organización indican que el festival prefiere un «cambio seguro» para garantizar la celebración en junio, pero quedan incógnitas prácticas: cómo se adaptarán los escenarios a la orografía de la Cidade da Cultura, qué protocolo de transporte y aparcamiento se implantará para evitar colapsos, y qué cláusulas incluirán los permisos respecto al control del sonido y los horarios. A falta de confirmación oficial sobre aforos y horarios, los promotores sostienen que el concepto artístico y el cartel permanecerán intactos.

En términos más amplios, la mudanza pone sobre la mesa una pregunta recurrente en la política cultural gallega: cómo compatibilizar el crecimiento de la oferta festivalera —que genera empleo, visibilidad y consumo— con la preservación de espacios naturales y la convivencia con el vecindario. Si la Ciudad de la Cultura acaba acogiendo definitivamente el evento, será una prueba de que grandes infraestructuras diseñadas en clave institucional pueden reconvertirse en motores de ocio, siempre que se haga con garantías técnicas y diálogo social.

El calendario marca el festival para junio, con lo que las próximas semanas serán decisivas: permisos, inspecciones y posibles medidas correctoras deberán cerrarse con rapidez para que la programación se cumpla. Mientras tanto, A Coruña pierde un signo cultural que la había acompañado y Santiago gana la oportunidad de acoger un festival con público joven y propuestas emergentes. La certeza es que la música seguirá sonando, pero en otra ciudad; la duda, más compleja, es si ese cambio será visto como una solución definitiva o como una pausa en un conflicto que puede repetirse en otros emplazamientos.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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