La Guardia Civil tiene atracado en Avilés desde el jueves al buque oceanográfico «Duque de Ahumada», la mayor y más moderna embarcación de su servicio marítimo, destinada a inspecciones pesqueras y a operaciones contra el tráfico de drogas en el Cantábrico. El navío, con capacidad para misiones prolongadas y equipado con tecnología avanzada, permanecerá en la región para colaborar con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación durante la costera de la xarda y para reforzar el control del litoral. Su arribo responde a la necesidad de integrar medios con mayor alcance y velocidad ante el incremento de las actividades ilícitas en alta mar.
Con 83 metros de eslora, 14 metros de manga y un puntal de 6,5 metros, el «Duque de Ahumada» combina propulsión híbrida y una autonomía superior a las 11.000 millas, lo que le permite permanecer largos periodos en la mar. Su velocidad de crucero no es alta —alcanza hasta 14 nudos—, pero su diseño está pensado para operaciones sostenidas y para servir de plataforma a embarcaciones rápidas y drones que permiten intercepciones. En cubierta dispone de un helipuerto y espacio para cuatro contenedores estándar, uno de ellos refrigerado, que facilita misiones logísticas y de apoyo en zonas remotas.
La dotación está formada por 26 tripulantes que, en turnos habituales de quince días, combinan labores de vigilancia, rescate e inspección. Según el comandante al frente del buque, el teniente coronel Eduardo Lobo Espinosa, la embarcación ha sido proyectada no solo para la operativa técnica sino también para garantizar condiciones de vida adecuadas durante estancias prolongadas. La disposición interior, con cinco cubiertas y pasillos laberínticos, integra talleres, almacenes y espacios habitables pensados para el rendimiento y el descanso de la tripulación.
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Conoce más →En materia operativa, el «Duque de Ahumada» cuenta con dos lanchas de intervención: una con motor intraborda orientada a rescates por su mayor maniobrabilidad y seguridad, y otra preparada para la persecución de narcolanchas, equipada con dos motores de 500 caballos cada uno que le permiten alcanzar hasta 60 nudos —unos 111 kilómetros por hora—. Esa capacidad para igualar la velocidad de los botes empleados por las organizaciones criminales es, según la Guardia Civil, un salto cualitativo en las posibilidades de interceptación en alta mar.
Además de las lanchas rápidas, la embarcación incorpora dos vehículos subacuáticos no tripulados, un dron aéreo y sistemas de vigilancia marítima avanzados capaces de detectar movimientos sospechosos a distancia y coordinar actuaciones con discreción. Las herramientas tecnológicas facilitan el seguimiento de rutas, la identificación de embarcaciones fuera de norma y la recopilación de pruebas para procedimientos judiciales posteriores. En conjunto, estos medios permiten combinar la presencia física en el agua con la capacidad de inteligencia marítima.
El buque fue construido por la factoría Armón en Vigo y su adquisición supuso una inversión significativa para el cuerpo: un coste cercano a 35 millones de euros, de los que aproximadamente 32 millones fueron sufragados mediante financiación europea, según fuentes del proyecto. Esa aportación externa forma parte de los programas destinados a reforzar la vigilancia y la gestión de recursos marinos en las aguas comunitarias.
Durante su escala en Avilés, la tripulación también realizará labores de recogida de material procedente del veterano «Río Miño», la embarcación que precedió al actual buque y que está siendo desguazada en Gijón. Esa operación de transferencia de equipos y de conservación de material útil se enmarca en la renovación progresiva de los medios del servicio marítimo de la Guardia Civil, que pretende modernizar su capacidad operativa en un momento de creciente presión sobre las rutas marítimas.
La llegada del «Duque de Ahumada» se interpreta en ámbitos de seguridad como una respuesta a la necesidad de dotar a la costa norte de recursos con mayor alcance y versatilidad. Su combinación de autonomía, plataformas rápidas, sensores y robots submarinos le permite alternar misiones de control pesquero con operaciones de seguridad y salvamento. Autoridades locales y portuarias han valorado positivamente la escala en Avilés, que además sirve para mostrar el potencial y la adaptabilidad de los nuevos medios a los desafíos que plantea la vigilancia del litoral.
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