El ‘infierno fiscal’ en boca de todos
El debate sobre el llamado ‘infierno fiscal’ no es nuevo, pero en las últimas semanas ha vuelto a copar titulares y conversaciones, tanto en tabernas gallegas como en despachos de Madrid. El término, que hace referencia a una supuesta presión impositiva excesiva, ha sido impulsado en redes por líderes políticos como Alberto Núñez Feijóo, quien tras su paso por la Xunta de Galicia se ha convertido en la voz principal de la oposición en materia tributaria.
Ahora bien, más allá de los tuits y las proclamas, la cuestión que se hacen muchos gallegos es clara: ¿realmente Galicia sufre un ‘infierno fiscal’? O, dicho de otra manera, ¿paga aquí la vecindad más de lo que le tocaría si viviese en otra terra?
Galicia frente al mapa impositivo estatal
Para entender la situación, hay que recordar que en España la fiscalidad se decide a dos bandas: el Estado fija los grandes tributos –como el IRPF, el IVA o los impuestos especiales–, mientras que las comunidades pueden modular ciertos tipos y bonificaciones, especialmente en el tramo autonómico del IRPF, el Impuesto de Sucesiones y Donaciones, y el de Patrimonio.
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Conoce más →En Galicia, la presión fiscal –es decir, la proporción de impuestos respecto a la riqueza generada– ronda el 31 % del PIB, una cifra muy similar a la media española, aunque lejos de potencias europeas como Francia (38 %) o Alemania (40 %). Eso sí, donde hay diferencias es en los llamados impuestos propios y en las bonificaciones autonómicas.
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Ver planes de email →Durante los años de Feijóo al frente de la Xunta, Galicia se caracterizó por bonificaciones importantes en Sucesiones y Donaciones, lo que benefició especialmente a herederos directos. De hecho, hoy en día, heredar en Galicia sale mucho más barato que en comunidades como Asturias o la Comunidad Valenciana. La retranca está en que, más allá de estos ejemplos, la comunidad gallega no destaca ni por tener los impuestos más bajos ni los más altos del Estado.
¿Suben o bajan los impuestos en Galicia?
Lo cierto es que, aunque la etiqueta de ‘infierno fiscal’ se utiliza con frecuencia por motivos políticos, los datos muestran una realidad más matizada. El IRPF gallego, por ejemplo, tiene unos tramos muy similares a los estatales, con alguna rebaja en los primeros escalones para rentas bajas. La Xunta también ha lanzado deducciones específicas para familias numerosas, jóvenes que compran su primera vivienda o personas que residen en concellos pequeños y en riesgo de despoblación. Eso sí, los grandes impuestos, como el IVA o los carburantes, dependen del Gobierno central, y ahí no hay margen de maniobra autonómico.
En palabras de un alto funcionario de la administración gallega:
«Galicia ha apostado por aliviar la carga fiscal en herencias y en los colectivos más vulnerables, pero no se puede hablar ni de paraíso ni de infierno. La clave está en el equilibrio.»
Mientras tanto, en la calle, muchos gallegos sienten que la presión fiscal no va acompañada de servicios públicos acordes. La morriña por tiempos en que la vida era más sencilla se mezcla, en ocasiones, con la resignación ante una fiscalidad que parece diseñada lejos de la realidad rural gallega.
¿Y si Feijóo llega a Moncloa?
La gran pregunta que ronda ahora en tertulias y cafés es qué pasaría si Feijóo, con su experiencia en la Xunta, terminase liderando el Gobierno central. Sus propuestas pasan por bajar el IRPF a rentas medias y bajas y ampliar bonificaciones en sucesiones, siguiendo el modelo gallego. Sin embargo, los expertos advierten que la capacidad de maniobra estatal no es infinita, sobre todo en un contexto de deuda y con Europa vigilando el déficit.
En Galicia, el debate se vive con una mezcla de expectación y escepticismo. Muchos recuerdan que, aunque la Xunta presume de bajar impuestos, la realidad es que la recaudación no ha caído tanto, en parte porque la base impositiva sigue siendo pequeña y la despoblación no ayuda a llenar las arcas, sino todo lo contrario.
De hecho, si se compara con las grandes capitales, la presión fiscal gallega no es especialmente alta, pero tampoco lo son los salarios ni la inversión pública. Lo que sí es cierto es que, más allá de titulares y trending topics, la fiscalidad sigue siendo una de las cuestiones que más retranca despierta entre los gallegos: «Aquí lo que queremos es pagar menos, sí, pero sobre todo entender a dónde van esos cartos», resume un vecino de Lugo.
En definitiva, el ‘infierno fiscal’ es, para Galicia, más un debate de matices que una hoguera en la que todos ardan por igual. Y en año preelectoral, ya se sabe que la chispa está asegurada.
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