Manuel Currás Gayo, conocido como “Roque”, falleció este lunes a los 80 años, dejando a la parroquia de Meira y a todo el municipio de Moaña sin el último de los impulsores de las traídas comunales que se pusieron en marcha en 1972. Currás era el único superviviente del grupo de trece vecinos que impulsó la traída de aguas de Meira de Arriba-A Torre, la primera infraestructura de este tipo en el concello. Aquella iniciativa colectiva permitió dotar de suministro a varias casas de la aldea y sentó las bases para el modelo de gestión vecinal del agua que hoy abastece a amplias zonas de Moaña. Su fallecimiento marca el fin de una generación que transformó de manera práctica la gestión hídrica local.
En 1972, trece familias de Meira se organizaron para canalizar y distribuir agua a sus hogares, una obra que en su momento constituyó una solución autogestionada ante la escasez de alternativas municipales. La traída de Meira de Arriba-A Torre nació como una obra comunitaria, construida con el esfuerzo y la cooperación de los vecinos, y con el tiempo se fue ampliando hasta dar servicio a más viviendas. Esa experiencia se convirtió en ejemplo para otras parroquias y contribuyó a la proliferación de comunidades de agua en el municipio. Hoy, muchas de esas redes vecinales suministran a núcleos de población que, de otra forma, dependerían exclusivamente del emisario submarino de Vigo.
Además de ser uno de los promotores iniciales, Currás asumió responsabilidades de liderazgo en etapas posteriores: presidió la traída de Meira de Abaixo durante la década de 1990, coordinando trabajos de mantenimiento y las ampliaciones necesarias para atender la demanda creciente. Su papel fue tanto técnico como organizativo, articulando la colaboración entre propietarios y gestionando los recursos comunes. En 2018 la comunidad le rindió un homenaje que recogió el recuerdo de aquellos comienzos humildes y reconoció el valor de mantener viva una infraestructura que ha perdurado décadas. Ese reconocimiento puso en valor la importancia del asociacionismo rural para garantizar servicios básicos.
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Conoce más →Nacido y criado en la parroquia de Meira, Currás era conocido por su disposición a la hora de implicarse en proyectos colectivos y por su conocimiento práctico del terreno y las conducciones. Su apodo, “Roque”, era el nombre por el que lo llamaban los vecinos, que destacan su carácter resolutivo y su capacidad para implicar a otros en las labores de la traída. Con su marcha, la comunidad pierde una figura que, además de promover obras, transmitió experiencia y hábitos de cooperación entre generaciones. Durante décadas su trabajo ayudó a consolidar una cultura local de gestión compartida de los recursos.
La familia ha fijado el velatorio y el funeral para mañana: la salida desde el tanatorio de Moaña está prevista a las 16.00 horas, con ceremonia religiosa en la iglesia parroquial de Meira a las 16.30. Las autoridades municipales y numerosos vecinos han anunciado su intención de acompañar a la familia en el último adiós, en reconocimiento a la contribución de Currás al tejido comunitario de la parroquia. La despedida se prevé emotiva, en un pueblo que aún conserva viva la memoria de los trabajos colectivos que cambiaron su manera de acceder al agua.
La expansión de traídas comunales en el municipio —con proyectos similares en Meira, Domaio y la parte alta de O Carme— ha reducido la dependencia de Moaña respecto a las aportaciones procedentes del emisario submarino de Vigo. Esa red de pequeñas infraestructuras vecinales ha sido, en muchos casos, la única alternativa viable para núcleos dispersos y ha permitido una gestión más directa y económica del recurso. La experiencia de Meira ilustra cómo la iniciativa local pudo solventar carencias de servicio y configurar un modelo que sigue vigente en la actualidad
Vecinos y miembros de las distintas comunidades de agua recuerdan a Currás como un referente de la voluntad colectiva: su disposición a participar en obras, su conocimiento del funcionamiento de las traídas y su papel como mediador en disputas menores fueron aspectos recurrentes en los testimonios que ya circulan por la parroquia. Ese legado intangible, ligado al aprendizaje práctico y a la confianza en el trabajo común, forma parte de la herencia que deja a las generaciones que hoy gestionan las conducciones.
Con la muerte de “Roque” se cierra un capítulo importante de la historia reciente de Meira y de la propia Moaña: la de quienes, con iniciativa y esfuerzo comunitario, resolvieron necesidades básicas y construyeron infraestructuras que han durado décadas. Su labor, reconocida en vida y celebrada en actos como el homenaje de 2018, permanecerá en las redes de agua y en la memoria colectiva del pueblo, que continuará encargándose del mantenimiento de las traídas que él ayudó a poner en marcha.
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