lunes, 30 de marzo de 2026 | Galicia, España
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Feijoo, el monje gallego que desafió las sombras de su tiempo

Galicia no suele escatimar en figuras que han dejado huella en la cultura y el pensamiento. Entre ellas destaca un fraile ilustrado cuya obra todavía interpela a lectores y docentes: religioso y polemista, dedicó su vida a desenredar la madeja de la ignorancia con la razón como hilo conductor. Su biografía y su obra siguen siendo referencia en debates sobre ciencia, educación y memoria cultural.

Quien visite hoy bibliotecas y plazas de ciudades como Oviedo o Santiago percibe esa presencia: placas, aulas y ciclos de debate recuerdan a un pensador que supo conjugar hábito y curiosidad intelectual. No es exagerado decir que su voz contribuyó a articular parte de la España y la Galicia modernas, aunque lo hiciera desde la tranquilidad de un claustro y la paciencia del ensayo.

Un benedictino frente a la tradición

Basta con pensar en el siglo XVIII para comprender el contexto de su empresa. La Europa de entonces vivía tensiones entre siglos de religiosidad institucional y los nuevos aires de la Ilustración. En ese marco, el monje ordenó su trabajo como un divulgador: escribió reflexiones sobre medicina, superstición, historia y costumbres, con la ambición de aclarar dudas más que provocar rupturas.

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Sus textos circularon tanto en círculos académicos como entre lectores urbanos. Varias instituciones culturales conservan ejemplares de sus obras: archivos monásticos, bibliotecas universitarias y colecciones históricas atestiguan la circulación de sus volúmenes. Esa presencia documental es uno de los motivos por los que su figura no ha caído en el olvido.

Un alto cargo eclesiástico consultado sobre su legado recuerda que la postura del fraile era servir a la fe desde la indagación y no desde la aceptación acrítica de cualquier tradición. Demasiado tiempo, añade quien estudia la Ilustración gallega, se ha subestimado la influencia de voces como la suya en la modernización del pensamiento público.

El pensamiento crítico como bandera

Pocas figuras de la cultura hispánica combinaron la rigidez monástica con el impulso crítico de forma tan evidente. Sus colecciones de ensayos, concebidas para un público amplio, abordaron desde la credulidad popular hasta cuestiones de medicina práctica. No buscó la confrontación por sí misma; trabajó desde la pedagogía para que la observación y la experiencia reemplazaran la mera tradición.

La recepción de sus libros fue compleja: admiración entre quienes abrazaban la ciencia emergente y recelo entre sectores más conservadores. Aun así, la obra tuvo eco en universidades y en las prensas de la época. Decenas de ediciones, copias en bibliotecas y referencias en programas docentes mostraron que su propuesta caló más allá de los muros del convento.

Fuentes académicas y responsables de cultura coinciden en que su método —argumentación clara, uso de ejemplos cotidianos y apelación al sentido común— facilitó la llegada de ideas ilustradas a públicos que no habitaban los salones ilustrados de la capital. Esa conexión entre erudición y divulgación es, a la postre, su mayor legado.

Herencia y vigencia en la Galicia contemporánea

A nadie se le escapa que la Galicia actual vive episodios de discusión pública donde la razón y la evidencia son moneda de cambio. Problemas como las pseudoterapias, la desinformación sobre salud pública o las disputas en torno a programas educativos retornan con frecuencia a los principios que defendió el fraile: exigir pruebas, verificar fuentes y desconfiar de afirmaciones extraordinarias sin fundamento.

En localidades desde Ferrol hasta Ourense, su nombre aparece en calles, centros educativos y premios a la divulgación. La memoria institucional lo reivindica como pionero en la defensa de la razón y la educación pública. No faltan congresos, jornadas y publicaciones que actualizan su pensamiento para los retos del siglo XXI.

En definitiva, la figura de este fraile ilustrado sigue siendo un referente para quienes creen que el conocimiento y la crítica son herramientas imprescindibles en la vida social. Su legado, lejos de agotarse en los anaqueles de las bibliotecas, se proyecta en debates actuales y en la formación de nuevas generaciones. Así, Galicia mantiene viva la herencia de uno de sus pensadores más universales.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.

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