Galicia afronta la llegada de la primavera después de un invierno que fue cálido y excepcionalmente lluvioso, con un incremento del 62% en las precipitaciones respecto a lo habitual y situándose como el noveno más húmedo desde 1961, según informó la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). El delegado de la AEMET en la comunidad, Francisco Infante, atribuye la sucesión de borrascas que no dio tregua desde enero a la dinámica atmosférica que ha mantenido los cielos encapotados y las lluvias prácticamente continuas. La situación, que dejó municipios en los que llovió 28 de 31 días, centra ahora la atención en cómo evolucionará el tiempo de cara al puente del 19 de marzo y a la Semana Santa.
Los datos regionales ponen de manifiesto que, aunque las temperaturas medias han mostrado un perfil atípico —con máximas algo más bajas y mínimas más suaves—, el rasgo más destacado ha sido la frecuencia de los episodios de precipitación. AEMET cifra el exceso de lluvia en torno al 62% por encima de los valores normales para la época y subraya que, en términos de número de jornadas con lluvias, la serie histórica marca un hito en la comunidad. Estos registros sitúan al último invierno entre los más húmedos del periodo de observación iniciado en 1961, aunque no entre los extremosos en volumen acumulado.
La persistencia de las borrascas transformó inmediatamente la rutina cotidiana: impermeables, paraguas y botas se convirtieron en prendas imprescindibles mientras proliferaban las quejas por la falta de tregua. La combinación de cielos grises y precipitación continua afectó a actividades al aire libre y aumentó la percepción social de un invierno que no fue especialmente frío, pero sí plúvioso. En el plano meteorológico, la alternancia de frentes atlánticos ha mantenido húmedo el ambiente y elevado la nubosidad, con episodios localizados de lluvia intensa.
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Conoce más →Respecto al pronóstico inmediato, AEMET anuncia la entrada de un nuevo frente que afectará a la comunidad a partir de mañana, si bien el delegado gallego insistió en la limitación de fiabilidad de previsiones a más largo plazo. Para el arranque oficial de la primavera, el 20 de marzo a las 15:46 horas, se espera una tendencia a temperaturas superiores a lo normal con «gran probabilidad», aunque la incertidumbre persiste sobre si la estación será más seca o más lluviosa de lo habitual. Ante esa indeterminación, Infante evitó aventurar un pronóstico firme para las fechas concretas de Semana Santa.
Los expertos señalan que, detrás de este patrón, se advierten señales coherentes con el calentamiento global: inviernos con noches más templadas y una mayor capacidad de la atmósfera para retener humedad, lo que puede traducirse en episodios de precipitación más frecuentes o intensos. No obstante, la meteorología estacional conserva mucha variabilidad y no permite aún determinar con seguridad cómo se comportará la primavera en su conjunto en términos de precipitaciones. Esa ambivalencia obliga a combinar la mirada de la climatología con la vigilancia continua de los modelos meteorológicos.
En términos prácticos, las consecuencias del invierno húmedo ya son visibles en el campo y en la gestión del territorio. Los suelos más saturados aumentan la probabilidad de encharcamientos y episodios de avenidas en ríos secundarios; también condicionan labores agrícolas y la planificación de eventos religiosos y turísticas propias de la Semana Santa. Las administraciones locales y los servicios de emergencias mantienen la recomendación de seguir las actualizaciones oficiales ante cambios bruscos y peripecias locales que puedan generar avisos o restricciones puntuales.
La previsión a corto plazo apunta a un ascenso de las temperaturas la semana que viene, con mayor estabilidad relativa tras el paso del nuevo frente, lo que podría mejorar las condiciones para el puente festivo del 19 de marzo. Sin embargo, la AEMET y su delegado recuerdan que la evolución aún depende de la trayectoria de las borrascas atlánticas y de cómo interactúen con las entradas marítimas de aire cálido. Por ello, la recomendación para ciudadanos y organizadores de actividades sigue siendo consultar las previsiones actualizadas a medida que se acerquen las fechas señaladas.
Este episodio climático, con un invierno cálido y muy húmedo, encaja en una tendencia que obliga a adaptar previsiones y gestión local ante una mayor irregularidad estacional. Mientras tanto, la ciudadanía y los sectores más expuestos —agricultura, turismo y servicios— seguirán de cerca los boletines de AEMET para ajustar planes y prevenir los efectos adversos de nuevas jornadas de lluvia o cambios bruscos de temperatura.
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