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Claudio Giráldez tras la noche en Lyon: «Hay que seguir estables para hacer los partidos que queremos»

El Celta certificó el pase a cuartos de final de la UEFA Europa League con un triunfo por 0-2 en el Groupama Stadium de Lyon el pasado 19 de marzo de 2026. Tras el partido, el entrenador porriñés Claudio Giráldez atendió a la prensa con la mezcla propia de quien celebra una gesta y, al mismo tiempo, mide responsabilidades: orgullo por el vestuario pero la necesidad de mantener la serenidad fuera del campo para poder seguir compitiendo.

La noche de Lyon y la lectura inmediata del vestuario

La fotografía del técnico abrazando a Ilaix Moriba dio la medida de lo vivido: un grupo unido que supo encajar la presión de jugar fuera y gestionar momentos calientes durante un duelo intenso. Giráldez destacó cómo el equipo supo aprovechar las oportunidades desde el banquillo y cómo se vivió en el vestuario una “fiesta” contenida. Recordó, además, el efecto que tiene en la afición: los desplazados a Lyon celebraron como si fuera un día para toda la ciudad, algo que trae ecos de otras noches europeas del Celta.

En sala de prensa el técnico no eludió la autocrítica: reconoció que en la ida cometió un error táctico al no dar entrada a Borja, y aceptó que las modificaciones —la entrada de Ferran Jutglà y de Iago Aspas— resultaron decisivas cuando el equipo acusó cierto bajón físico. «Ferran está en línea ascendente», dijo, y valoró la aportación de quienes entraron desde el banquillo. Precisamente esa gestión del grupo y de los minutos fue una de las claves que Giráldez quiso subrayar.

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Hubo, además, un componente físico y disciplinario en la eliminatoria: muchas tarjetas que obligaron a pensar en la administración de recursos. El técnico explicó que, a pesar de la tensión, el equipo mantuvo la compostura y supo no venirse abajo cuando el rival se acercó al área celeste. Para la parroquia viguesa, ver al equipo sacar adelante un partido así fuera de casa tiene un valor emocional que se mezcla con la ilusión por una competición que, desde hace años, genera noches memorables en la Ría de Vigo.

Ausencias, nombres propios y reconocimiento

Giráldez tuvo un gesto hacia la ausencia que más llamó su atención: la de Miguel Román, la única baja que no pudo viajar con el resto del equipo. En caliente, el técnico señaló que lo primero que pensó tras el pitido final fue en él, subrayando el papel que ha tenido en la progresión del equipo y en la construcción de la posición que ahora ocupan en la competición. Fue una anécdota que humanizó aún más la victoria, recordando que detrás de un resultado hay historias personales y ausencias que pesan.

«En lo primero que he pensado es en Miguel Román», confesó el técnico.

Además, en su intervención Giráldez dejó frases que reflejan la responsabilidad de quien manda en el banquillo: «Soy una parte de esto, me toca tomar las decisiones del equipo, ayudar y no molestar». No es la primera vez que el entrenador porriñés muestra esa mezcla de humildad y firmeza; su gestión, desde que tomó las riendas, ha intentado combinar la ambición con la protección de los futbolistas, algo que en plazas como Vigo, donde la exigencia popular es tan directa, resulta imprescindible.

También tuvo palabras de elogio para la capacidad colectiva: celebró que todo el mundo se sintiera “importante y partícipe”. Esa idea —que el equipo no depende solo de figuras aisladas— casa con la tradición celeste de encontrar respuestas en distintas piezas del plantel, una virtud que en eliminatorias europeas suele marcar la diferencia.

Qué viene ahora: Friburgo, LaLiga y la gestión del calendario

El siguiente rival en la ruta europea será el Friburgo, un cruce que Giráldez prefirió no analizar en exceso la noche de la victoria. Su lectura fue clara: toca mantener la estabilidad emocional y logística para poder preparar los partidos “que queremos”. La calma que pide el técnico no es sólo deportividad retórica; responde a la necesidad práctica de pocos errores en la preparación cuando se compite en dos frentes.

En clave doméstica, la agenda manda regreso inmediato a la competición liguera: el Celta piensa ya en el choque contra Alavés. Giráldez dejó claro que la plantilla celebrará la clasificación, pero que la mirada debe volver pronto a Balaídos. Para un equipo que alterna Europa con la exigencia de LaLiga, la gestión de minutos, la prevención de lesiones y la rotación son factores que condicionan resultados y que el cuerpo técnico conoce bien: cabe recordar las campañas en las que el desgaste continental pasó factura en la tabla.

El triunfo en Lyon reaviva también el debate sobre la construcción del proyecto en Vigo. Entre el liderazgo de veteranos como Aspas y la irrupción de jóvenes y recuperaciones de juego colectivo, el Celta juega con una mezcla que exige músculo institucional: plantilla amplia, planificación de verano y, por supuesto, la paciencia de una afición que no olvida los altibajos de otras temporadas. No es la primera vez que la ciudad vive picos de euforia europea, pero cada pase de ronda refuerza la idea de que el club puede competir en ambas orillas del calendario.

Para terminar, la frase de Giráldez resume la lección práctica: «Somos conscientes de la victoria y la vamos a celebrar, pero eso no nos puede desviar de que esto no para». En Galicia, donde el fútbol se vive con pasión casi tabernaria y cada resultado se comenta en la sobremesa, la consigna del entrenador —serenos, competentes y con la vista en los próximos pasos— encaja como hoja de ruta. Los cuartos esperan; y con ellos, otra prueba de madurez para un Celta que sueña con seguir avanzando en Europa sin descuidar su plaza en la liga.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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