El SEPE en el ojo del huracán: por qué vuelve a ser noticia
Esta semana, las siglas del SEPE han vuelto a copar titulares y conversaciones en redes, generando de nuevo esa mezcla de preocupación y resignación tan nuestra. El Servicio Público de Empleo Estatal está en el centro de la polémica tras conocerse varios casos de devoluciones masivas de prestaciones por supuestos cobros indebidos y, sobre todo, por los mínimos históricos en la mediación de ofertas de trabajo. Un asunto que salpica a toda España, pero que en Galicia tiene un matiz propio, con cifras y realidades que merecen ser contadas desde aquí, desde la terra.
El contexto nacional no es menor. El SEPE ha sido objeto de críticas por su capacidad real de conectar a quienes buscan empleo con quienes lo ofrecen. En 2023, por ejemplo, sólo un 2,5 % de los contratos firmados en el conjunto del Estado fueron gestionados por el SEPE, una cifra que muchos consideran insuficiente para un organismo que, en teoría, debería ser el motor de la intermediación laboral. Pero si cruzamos el Padornelo, el panorama gallego resulta aún más revelador.
Galicia: entre la morriña laboral y la burocracia
En Galicia, la mediación del SEPE en la contratación ha tocado fondo. Menos del 1 % de los nuevos empleos firmados en la comunidad en 2023 se gestionaron a través del SEPE, según datos facilitados por fuentes sindicales. Para ponerlo en contexto, esto supone tres veces menos que la ya baja media estatal. Si a esto se suman las peculiaridades del mercado laboral gallego, marcado por la despoblación rural, la emigración y una tasa de paro que, aunque estabilizada, sigue por encima del 10 %, el diagnóstico no invita precisamente al optimismo.
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Conoce más →A mayores, en los últimos meses se han multiplicado los casos de gallegos y gallegas que han recibido notificaciones del SEPE reclamando la devolución de ayudas cobradas durante la pandemia. La «letra pequeña» y la burocracia se han juntado para convertir en pesadilla lo que debía ser un salvavidas. Lo cierto es que muchas familias de la provincia de Ourense y la montaña lucense han tenido que enfrentarse a reclamaciones de cantidades que superan los 2.000 euros, a menudo por errores administrativos o cruces de datos que llegan con retraso.
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Hosting WordPress →«La gente está desbordada; en los últimos meses hemos visto reclamaciones que dejan a familias en una situación muy delicada», explica un responsable de una oficina de empleo en A Coruña, que prefiere mantener el anonimato por temor a represalias.
¿A qué se debe el desplome de la mediación?
La pregunta es obligada y la respuesta, como suele pasar, no es sencilla. Por un lado, la digitalización ha desplazado buena parte de la búsqueda de empleo a plataformas privadas y redes sociales, donde las ofertas circulan más deprisa y sin tanta retranca burocrática. Por otro, los recursos de las oficinas del SEPE en Galicia han ido menguando: en la última década, se han perdido más de 150 puestos de orientadores laborales en la comunidad. Y claro, menos personal, menos atención. Así de sencillo y así de triste.
Hay quienes sostienen que el modelo de mediación pública está desfasado. Pero también hay voces que apuntan a que la crisis de recursos y la falta de adaptación a las necesidades gallegas han dejado al SEPE en una suerte de tierra de nadie. «Cuando tienes que elegir entre atender a quien viene a apuntarse al paro o mediar con una empresa para crear empleo, la balanza acaba cayendo siempre del mismo lado», apunta el responsable de una oficina de Lugo.
Retos y expectativas: ¿hay margen para la mejora?
Resulta evidente que el SEPE vive uno de sus momentos más delicados en Galicia. La combinación de casos de devolución de prestaciones, la pérdida de peso en la intermediación laboral y la desconfianza ciudadana conforman un cóctel difícil de digerir. Ahora bien, tanto sindicatos como asociaciones empresariales gallegas han reclamado una reforma profunda y una mayor implicación de la Xunta, que gestiona los servicios de empleo autonómicos, para adaptar los recursos a la realidad local.
De hecho, el propio Gobierno gallego ha puesto en marcha programas paralelos, pero la duplicidad de servicios y la falta de coordinación han generado más confusión que resultados. De fondo, late la eterna morriña gallega por un sistema que funcione y que no obligue a buscar la vida fuera, como tantas veces en nuestra historia.
El futuro del empleo en Galicia sigue siendo una incógnita. Mientras tanto, el SEPE, entre reclamaciones y mínimos históricos de mediación, se enfrenta al reto de recuperar la confianza de quienes, aquí, en la esquina noroeste, sólo piden una oportunidad digna para quedarse en su terra.
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