Irán aseguró este miércoles, 11 de marzo de 2026, que no tolerará que ningún cargamento de hidrocarburos atraviese el estrecho de Ormuz en beneficio de Estados Unidos, Israel o sus aliados, y avisó de que cualquier buque asociado a esas naciones podrá ser considerado un «objetivo legítimo». La advertencia, divulgada por medios iraníes, responde a la creciente escalada militar en la región y llega en un momento de fuerte tensión en el Golfo Pérsico. El anuncio se produjo mientras se reportaban incidencias en la navegación en torno al estrecho, enclave clave para el comercio mundial de energía.
El mensaje fue pronunciado por el portavoz del Cuartel General Central de Jatam al-Anbia, Ebrahim Zolfagari, en un vídeo difundido por la agencia Tasnim en el que vinculó esta postura con las operaciones militares y diplomáticas de Washington y Tel Aviv en la zona. Zolfagari, que coordina la acción del Ejército regular con la Guardia Revolucionaria, sostuvo que los ataques dirigidos contra intereses estadounidenses en países de la región continuarán como respuesta a lo que consideró una agresión persistente. En su intervención, el portavoz describió a las fuerzas adversarias como atrapadas y sin refugio en infraestructuras civiles y espacios públicos.
La amenaza iraní llega en paralelo a informes de incidentes en el tráfico marítimo. La oficina británica de coordinación marítima UKMTO reportó en las últimas horas que tres buques fueron alcanzados por proyectiles en las inmediaciones del estrecho de Ormuz y áreas adyacentes, una zona por la que por ejemplo pasa aproximadamente un 20% del petróleo global. Además, el diario griego Naftemporiki informó de que un buque granelero de bandera griega recibió el impacto de un proyectil cerca del estrecho, sin que por el momento se hayan detallado víctimas ni responsables confirmados.
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Conoce más →Estas operaciones y contraoperaciones se han intensificado tras un episodio reciente en el que el Comando Central de Estados Unidos (Centcom) aseguró haber destruido «múltiples buques de guerra iraníes» próximos a Ormuz, entre ellos 16 embarcaciones destinadas a labores de minado, en el marco de ataques dirigidos contra Irán. Pekín, Moscú y la Unión Europea han expresado en el pasado su preocupación por la seguridad marítima en la zona, aunque en esta ocasión los pronunciamientos formales han sido discretos al cierre de la jornada. La Casa Blanca, por su parte, mantiene la acusación contra Teherán de poner en riesgo la libertad de navegación.
El estrecho de Ormuz es uno de los pasos estratégicos más sensibles del planeta: por allí transita una fracción relevante del suministro energético global, de ahí que cualquier amenaza a su seguridad tenga efecto inmediato en los mercados internacionales. Desde el anuncio de la Guardia Revolucionaria advirtiendo de ataques a embarcaciones que crucen el paso, los precios del petróleo y las primas de seguro para flotas en la región han mostrado volatilidad. Analistas del sector han señalado que un bloqueo efectivo o la intensificación de enfrentamientos podría forzar desvíos largos y costosos, con impacto en los costes de transporte y la inflación energética.
En Teherán, las declaraciones oficialistas también han subrayado que la presencia militar estadounidense en la región se esconde entre infraestructuras civiles y que ello no impedirá las represalias iraníes, una acusación que complica la posibilidad de desescalada. La retórica beligerante se mezcla con operaciones tácticas, según expertos en seguridad, lo que aumenta el riesgo de incidentes accidentales que puedan desencadenar respuestas mayores. Tanto navieras como operadores portuarios siguen de cerca la evolución, y varias compañías estudian modificar rutas o suspender tránsitos por el Golfo mientras persista la incertidumbre.
Los países consumidores y los actores internacionales enfrentan ahora el reto de conciliar la protección del comercio marítimo con la gestión de una crisis que ya tiene consecuencias económicas reales. Instituciones financieras y casas de análisis han advertido de que una prolongación del conflicto en el estrecho afectaría no solo al precio del crudo, sino también a la seguridad de suministros críticos y a las cadenas logísticas globales. En este contexto, la diplomacia de terceros actores, incluida la ONU, podría jugar un papel decisivo para evitar una escalada mayor.
Mientras tanto, la zona permanece en alerta y las patrullas navales intensifican sus operaciones de vigilancia. La combinación de advertencias públicas y ataques puntuales ha dibujado un escenario de riesgo que, según especialistas consultados, exige prudencia por parte de las compañías navieras y una respuesta coordinada de la comunidad internacional para preservar la libre circulación marítima y la estabilidad de los mercados energéticos.
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