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¿Qué mitos sobre los recién nacidos siguen transmitiéndose, según una pediatra de Ourense

¿Qué mitos sobre los recién nacidos siguen transmitiéndose, según una pediatra de Ourense

Olga Fernández, coordinadora de Urgencias Pediátricas de Cosaga-Recoletas, advierte sobre la persistencia de creencias erróneas acerca del cuidado de los recién nacidos en un artículo publicado el 11 de marzo de 2026 en La Región. Fernández recoge y desmonta varios mitos que, pese a carecer de fundamento científico, continúan transmitiéndose de generación en generación en Galicia y el resto de España. La intención, según la pediatra, es evitar que la desinformación condicione decisiones de crianza que pueden afectar la salud física y emocional de los bebés. Con datos y explicaciones fisiológicas, la especialista busca ofrecer pautas claras para padres y cuidadores.

Uno de los mitos más extendidos es que los bebés deben dormir toda la noche desde el nacimiento. La realidad fisiológica es distinta: los lactantes se despiertan con frecuencia por la necesidad de comer debido a un estómago pequeño y a ritmos de sueño aún inmaduros. Dormir «toda la noche» suele definirse como períodos de cinco o seis horas seguidas y, según la pediatra, esa consolidación suele producirse entre los tres y los seis meses de vida. Entender este patrón ayuda a normalizar los despertares nocturnos y a planificar expectativas realistas para los primeros meses.

También se difunde la idea de que los recién nacidos no ven ni oyen al nacer, algo que Fernández califica como falso. Los bebés perciben sonidos desde el nacimiento, aunque con menor claridad, y su visión está adaptada a distancias cortas de alrededor de 20-30 centímetros, lo suficiente para reconocer la cara de la persona que los sostiene. La visión en color y la nitidez aumentan en los primeros meses: hacia los cuatro-seis meses se aprecia mejor la gama cromática y alrededor de los seis meses ya pueden focalizar objetos a varios metros. Estas capacidades tempranas subrayan la importancia de la interacción verbal y visual para el desarrollo sensorial.

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Otra creencia habitual es asociar el llanto con una enfermedad. Aunque en ocasiones el llanto puede indicar malestar por infección, en la mayoría de los casos sirve para comunicar hambre, cansancio, necesidad de cambio de pañal, incomodidad o la necesidad de consuelo. En los primeros tres meses los cólicos son causa frecuente de llanto sin que ello implique enfermedad grave. Fernández recomienda observar el conjunto de signos clínicos y consultar al profesional si aparecen síntomas preocupantes como fiebre alta, cambios en el color o la respiración.

En cuanto al lugar de sueño, la recomendación actual contradice la máxima de mantener al bebé separado: se aconseja que el recién nacido duerma en la misma habitación que sus progenitores, pero en su propia cuna, al menos durante los primeros seis a doce meses. Estudios y guías pediátricas señalan que esta práctica reduce el riesgo de muerte súbita del lactante en torno al 50%. La experta insiste en que compartir habitación facilita la lactancia nocturna y la vigilancia, siempre siguiendo las medidas de seguridad aconsejadas por los profesionales.

El consejo de no coger al bebé para que «no se acostumbre» es, según Fernández, un mito atrasado que no tiene en cuenta su necesidad de contacto tras pasar nueve meses en el útero. El agarre y el contacto físico contribuyen al apego seguro, ayudan a regular el estrés y favorecen el desarrollo emocional y neurológico. Alejarse de posturas que criminalicen el consuelo físico permite a las familias responder con más naturalidad a las señales del niño y fortalecer vínculos fundamentales para su bienestar.

En ámbitos más cotidianos aparecen creencias como que cortar el pelo al bebé hará que crezca más grueso o fuerte, una idea sin base científica. El grosor y la velocidad de crecimiento del cabello dependen de factores genéticos y de procesos internos, no del corte externo. Fernández recuerda que las costumbres culturales pueden mantenerse por tradición, pero no deben confundirse con pruebas médicas sobre la salud capilar infantil.

La dentición también es terreno de mitos: atribuírsele fiebre alta o diarrea prolongada es una simplificación peligrosa. Si bien la erupción de los dientes puede provocar irritabilidad, aumento de la salivación y molestias locales que alteren el sueño o el apetito, la fiebre significativa por encima de 38 grados o una diarrea persistente suelen obedecer a infecciones coincidentes. Por ello, ante síntomas intensos o prolongados la pauta es consultar al pediatra para descartar otras causas.

Finalmente, Fernández subraya el valor del calostro y la lactancia temprana, frente a la creencia de que el calostro no es adecuado. Esa primera leche es rica en anticuerpos, proteínas y vitaminas y juega un papel protector frente a infecciones, además de facilitar la adaptación digestiva del recién nacido. La recomendación de la especialista es informarse en fuentes sanitarias fiables y mantener el contacto con los servicios pediátricos para que las decisiones sobre la alimentación y el cuidado del bebé se basen en evidencia y no en tradiciones desactualizadas.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.