Santiago ha registrado en 2025 el mayor nivel de presencia de cocaína detectada en aguas residuales desde que se realizan estos análisis. Las muestras tomadas en la depuradora de A Silvouta sitúan la media anual en 1007,84 mg/1000p/día, un salto de más del 65 % respecto a los 609,79 mg/1000p/día registrados en 2024. El informe europeo, liderado por el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías y el grupo SCORE, apunta a un repunte generalizado de estimulantes asociado, en buena medida, a la actividad de ocio nocturno.
Los hechos: cifras, patrones y señales de alarma
El incremento no es nimio: en sólo una década los valores han crecido de forma exponencial. En 2015 Santiago presentaba niveles cercanos a los 135,1 mg/1000p/día; la cifra actual multiplica varias veces aquel registro. El estudio europeo, que compara decenas de ciudades mediante análisis de sus aguas residuales, vuelve a situar a la llamada «fariña» como la droga más presente en la capital gallega, con picos marcados durante los fines de semana.
El patrón semanal es significativo: los sábados se alcanzan los máximos, con registros en torno a 1480 mg/1000p/día, seguidos del domingo. A medida que avanza la semana, los niveles caen con rapidez hasta los primeros días laborables, una dinámica que refuerza la relación entre consumo y ocio nocturno. No sorprende: calles como la Rúa do Franco, plazas como la Quintana y áreas de copas próximas al Campus Vida concentran buena parte de la oferta nocturna que atrae a estudiantes, jóvenes y visitantes del Camino.
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Conoce más →La cocaína no viene sola. El informe muestra que el consumo de MDMA casi se ha duplicado en un año, pasando a una media de 31,68 mg/1000p/día, con picos dominicales que superan los 80 mg/1000p/día. Las anfetaminas experimentan un ascenso aún más pronunciado —de 10,93 a 42 mg/1000p/día—; un patrón que reafirma la mayor presencia de estimulantes vinculados a contextos recreativos. El cannabis también remonta: 74,55 mg/1000p/día en 2025 frente a 54,32 el año anterior.
Antecedentes: década de crecimiento y diferencias urbanas
La evolución observada se inserta en una tendencia de largo recorrido. Desde mediados de los años diez del siglo XXI, las ciudades europeas han registrado incrementos en los indicadores de cocaína, aunque con notables diferencias regionales. Santiago, con su mezcla de turismo religioso por el Camino, una universidad numerosa y una oferta de ocio consolidada, muestra ahora una aceleración que rompe la ligera moderación de 2024.
En Galicia, la presencia de metanfetamina ha sido históricamente residual y así se mantiene; las analíticas de 2025 no detectan una implantación significativa. Por el contrario, la ketamina consolida su presencia, con una media de 5,26 mg/1000p/día. Los datos reflejan no sólo cuánto se consume, sino también cómo se consumen determinadas drogas: unas ligadas al «botellón» y al club, otras con uso más cotidiano o medicinal que se filtran de forma diferente en la comunidad.
Fuentes municipales consultadas reconocen la preocupación por el volumen, y recuerdan que la herramienta del análisis de aguas residuales se utiliza desde hace años como sistema de vigilancia epidemiológica. «Nos ofrece una fotografía anónima y objetiva del consumo real», dicen desde la Concejalía, a la vez que admiten que interpretar esos números exige cruzarlos con otros indicadores —detenciones, urgencias sanitarias, demandas en servicios de tratamiento— para perfilar respuestas más eficaces.
Repercusiones y próximos pasos: salud pública, control y prevención
El repunte sitúa a las administraciones ante dilemas conocidos: reforzar el control policial de la oferta, intensificar la prevención en ámbitos juveniles y ampliar la respuesta sanitaria. En Santiago confluyen factores que hacen complejo el abordaje: un flujo constante de peregrinos de distinto perfil, una población estudiantil muy numerosa en días lectivos y una industria hostelera que impulsa la vida nocturna en fines de semana y fechas festivas como el San Xoán.
Expertos en reducción de riesgos insisten en que la mera represión no bastará. Propuestas plausibles que ya se aplican en otras capitales incluyen puntos de información y pruebas de adulteración en festivales, campañas sostenidas en campus universitarios y coordinación entre servicios de Urgencias, Salud Pública y Policía Local. A falta de iniciativas concretas anunciadas por la Xunta o el Concello, desde colectivos vecinales y asociaciones de hostelería se reclama diálogo para conjugar seguridad y ocio responsable.
La fotografía de 2025 plantea preguntas sobre la trayectoria inmediata: ¿seguirá la curva ascendente en 2026 o las medidas preventivas revertirán la tendencia? El dato de A Silvouta es, a la vez, una alerta y una oportunidad para afinar políticas públicas. Si algo queda claro es que la lucha contra el consumo problemático exige instrumentos variados: vigilancia científica, prevención orientada a contextos concretos y una red sanitaria y social que atienda las consecuencias humanas detrás de cada cifra.
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