Dos figuras habituales en los debates parlamentarios del lado izquierdo del tablero político español, Gabriel Rufián y Irene Montero, han puesto en marcha contactos para estudiar una candidatura conjunta de cara a las próximas elecciones generales. El proyecto se hará público en un acto previsto para el 9 de abril en Barcelona, donde ambos intervendrán junto al exdiputado Xavier Domènech bajo el lema “¿Qué hay que hacer?”. A falta de confirmación oficial sobre la estructura y el alcance del frente, la iniciativa abre interrogantes sobre la reordenación de la izquierda al margen del PSOE.
Un acto en Barcelona para presentar “¿Qué hay que hacer?”
La convocatoria en la capital catalana no es inocua. Barcelona y Cataluña han sido escenario de experimentos de confluencia que han dado forma a candidaturas con proyección estatal, y la presencia de Rufián —portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso— aporta un componente nacionalista y catalán que complica y al mismo tiempo enriquece el proyecto. El formato de la presentación, en la que también participará Xavier Domènech, sugiere la voluntad de combinar discurso social con reclamos sobre modelo territorial y derechos civiles.
“¿Qué hay que hacer?”
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Fuentes cercanas a los promotores explican que se trata de abrir un debate público sobre alternativas a la actual polarización entre el PSOE y la derecha, y de ofrecer una propuesta que aglutine sensibilidades desde la izquierda del Partido Socialista. Aún no se ha precisado si la iniciativa será una marca electoral propia, una coalición de partidos o una candidatura de independientes y activistas. Los próximos días servirán para despejar el formato y el grado de integración de fuerzas territoriales, un aspecto crucial si se quiere competir con solvencia en circunscripciones como Barcelona, Madrid o las gallegas.
En términos simbólicos, la alianza entre Rufián y Montero rompe con moldes. Rufián es una voz reconocible por la defensa del republicanismo catalán en clave negociadora con el Estado; Montero, por su parte, es una de las caras más visibles del espacio morado y mantiene vinculación con militancias feministas y movimientos sociales. Juntar ambas trayectorias constituye un intento deliberado de mezclar agenda social y planteamientos de configuración territorial, algo que puede ser cómodo para algunos votantes y un escollo para otros.
¿Qué significa “a la izquierda del PSOE”?
Hablar de candidaturas “a la izquierda del PSOE” remite a años de copiosas disputas por espacio electoral y por la hegemonía del discurso progresista. No es la primera vez que aparecen propuestas destinadas a vertebrar un frente alternativo: desde las confluencias que surgieron tras 2015 hasta las coaliciones autonómicas que han buscado sumar fuerzas frente al bipartidismo. Sin embargo, el mapa actual tiene matices distintos. La experiencia reciente de gobiernos de coalición con el PSOE, los acuerdos puntuales en el Congreso y la guerra cultural del país han redefinido prioridades y recelos.
En Galicia, por ejemplo, esa reconfiguración llega con antecedentes propios: la irrupción de En Marea, la consolidación del Bloque Nacionalista Galego como espacio de izquierdas con matices nacionalistas y las alianzas puntuales con Unidas Podemos han dejado claro que cualquier iniciativa estatal debe negociar con realidades autonómicas muy distintas. Una candidatura unitario-estatal debería, por tanto, acordar candidaturas y mensajes adaptados a cada comunidad, y en Galicia eso pasa por entender la fuerza del BNG y la singularidad del voto municipalista.
Analistas consultados por este diario recuerdan que confluir no es sinónimo de sumar automáticamente votos; la gestión del relato y de las listas será determinante. La inclusión de figuras vinculadas al independentismo catalán junto a referentes estatales de Podemos plantea la cuestión de hasta qué punto ese bloque puede aspirar a capitalizar votos en territorios donde el nacionalismo catalán no opera con la misma fuerza o incluso genera rechazo.
Repercusiones y próximos pasos hacia las generales
Políticamente, la iniciativa busca ocupar un espacio que interpreta como vacío: una izquierda crítica con las políticas de la actual legislatura que, sin embargo, rechaza las fórmulas del giro hacia la derecha. Las reacciones dentro del espectro progresista serán un termómetro inmediato. En el PSOE ya se observa discreción y, en privado, cierta inquietud: una candidatura alternativa puede restar apoyos en circunscripciones ajustadas y complicar la aritmética parlamentaria que ha permitido acuerdos puntuales en los últimos años.
Para Galicia, la pregunta más práctica es cómo se articularían las candidaturas. ¿Irá este frente con listas propias en la comunidad o pactará con fuerzas como el BNG en determinadas circunscripciones? La experiencia autonómica demuestra que las alianzas locales suelen primar sobre las declaraciones estatales, pero también que la percepción nacional influye en el voto en provincias como A Coruña o Pontevedra. Habrá que ver si los promotores saben negociar puertas adentro y no se quedan en una suma de notoriedades sin músculo territorial.
En el corto plazo, la agenda se acelera: el acto del 9 de abril marcará el calendario. Posteriormente vendrán conversaciones con organizaciones y federaciones territoriales, rondas de contactos con figuras de referencia y, previsiblemente, una negociación sobre listas y programas. Todo ello en un contexto electoral en el que cada punto porcentual cuenta y donde la fragmentación puede beneficiar a la derecha si no se traduce en mayor representación conjunta.
Mi impresión como observador veterano: la propuesta tiene la virtud de poner temas en la agenda —políticas sociales, feminismo, democracia territorial— pero el desafío práctico es enorme. La izquierda española lleva años en un proceso de recomposición; a veces las confluencias han prosperado y otras han fracasado por tensiones internas y falta de concreción. Si Rufián y Montero quieren que esta sea la primera opción de muchos votantes, tendrán que ofrecer no solo un relato potente sino una estructura capaz de competir provincia a provincia; tarea que, en Galicia y en el conjunto del Estado, se ve más en las listas que en los eslóganes.
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