Violeta Durán, investigadora postdoctoral del Instituto de Neurociencias —centro mixto de la Universidad Miguel Hernández y el CSIC—, participa esta semana en la Semana del Cerebro que se celebra en el campus de Medicina en Sant Joan. Durán ofrecerá este jueves una charla divulgativa dirigida a estudiantes titulada «¿Podemos tener células zombis en el cerebro?», en la que explicará por qué su equipo cree que eliminar células senescentes podría aminorar el deterioro cognitivo. La científica forma parte del laboratorio de Plasticidad Celular y Neuropatología y centra su trabajo en entender cómo ciertas células inmunitarias del cerebro repercuten en enfermedades neurodegenerativas. Su intervención pretende acercar a un público joven los avances y las limitaciones actuales en la investigación del alzhéimer.
La investigadora aclara que las denominadas células «zombi» son, en realidad, células senescentes: células que dejan de funcionar correctamente y resisten a los mecanismos normales de eliminación del organismo. Cuando estas células se acumulan, explican desde su laboratorio, pueden alterar el microambiente cerebral y perjudicar la comunicación entre neuronas. Ese efecto nocivo es el que vincula la presencia de células senescentes con el empeoramiento cognitivo y con la progresión de trastornos como la enfermedad de Alzheimer.
En su grupo trabajan especialmente con microglías, las células que actúan como sistema inmune propio del cerebro y que, en condiciones saludables, desempeñan funciones de limpieza y apoyo neuronal. Pero, según Durán, en procesos patológicos esas mismas microglías pueden mostrar comportamientos aberrantes: adoptar un estado inflamatorio sostenido, perder su capacidad de eliminar restos celulares y llegar a convertirse en un foco de daño. Comprender esos cambios, sostiene, es clave para diseñar intervenciones que restauren el equilibrio y frenen la evolución de la enfermedad.
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Conoce más →Los avances farmacológicos hasta la fecha, recuerda la científica, han permitido desarrollar fármacos que ralentizan parcialmente algunos aspectos del alzhéimer, aunque no existe una cura. En ese contexto, su equipo explora estrategias alternativas que no solo atenúen los síntomas, sino que modifiquen procesos celulares fundamentales, como la acumulación de células senescentes. Una de las líneas de trabajo pasa por evaluar compuestos que faciliten la eliminación de esas células o que mitiguen su influencia sobre el tejido cerebral.
La investigadora subraya que la investigación en neurodegeneración enfrenta un panorama muy complejo y multifactorial, lo que dificulta hallar soluciones definitivas. Factores genéticos, alteraciones proteicas, cambios en la inmunidad cerebral y el envejecimiento convergen en patrones distintos en cada paciente, por lo que las terapias deberán ser igualmente sofisticadas y, probablemente, combinadas. Por ello, los estudios preclínicos sobre la función de microglías y la senescencia celular son pasos previos necesarios antes de probar intervenciones en humanos.
En el laboratorio dirigido por el profesor López-Atalaya se emplean modelos experimentales para observar cómo se comportan las microglías en condiciones normales y patológicas, y para determinar qué moduladores farmacológicos pueden revertir estados perjudiciales. Los investigadores utilizan técnicas de biología molecular, imagen y comportamiento para correlacionar cambios celulares con la capacidad cognitiva de los modelos ensayados. Esa aproximación integrada pretende identificar dianas terapéuticas con un trasfondo mecanístico sólido.
Además de la investigación básica, Durán destaca la importancia de la divulgación y la formación: eventos como la Semana del Cerebro permiten acercar cuestiones complejas a estudiantes y ciudadanos, y fomentar vocaciones científicas. En su charla, la investigadora no solo explicará conceptos técnicos, sino que también hablará de la incertidumbre inherente al proceso científico y de la necesidad de ensayos rigurosos para validar cualquier avance. El objetivo es transmitir que la ciencia progresa por acumulación de evidencia y no por soluciones rápidas.
En última instancia, la propuesta de estudiar la eliminación de células senescentes responde a la búsqueda de nuevas vías terapéuticas que complementen los tratamientos existentes. Si bien quedan muchos años de trabajo y ensayos antes de poder aplicar estas estrategias en la clínica, los investigadores ven en la manipulación de la respuesta inmune cerebral y en la supresión de la senescencia celular un campo prometedor. La comunidad científica, concluye Durán, debe seguir combinando investigación básica, transferencia tecnológica y rigor experimental para avanzar hacia tratamientos más eficaces contra el deterioro cognitivo.
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