Uno de los edificios del complejo que Inditex y Zara comparten en Arteixo (Coruña) / Inditex
“¿Ves aquí, donde empiezan los árboles? ¿Hasta allí más abajo? Todo esto es Inditex. Es casi como una ciudad. Esto de la derecha es ‘Logística’, eso de allí abajo, ‘Puntocom’.
Esto era el edificio más grande y nuevo, pero acaban de inaugurar ese otro de más allá, el de vidrio, más grande y más nuevo”. El conductor avanza por la carretera que separa los varios edificios que conforman la sede central de Inditex y Zara, en Arteixo (Coruña, Galicia), hasta llegar a los confines de esta especie de municipio de casi 6.000 integrantes que hace de cerebro al grupo textil y a su empresa más importante.
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Este complejo de oficinas de 400.000 metros cuadrados –sin contar centro de distribución, centro de datos y las ocho fábricas que tienen también allí cerca– lleva los 26 años que arrastramos de milenio creciendo e incorporando edificios a la arquitectura.
El último, inaugurado el año pasado y ya completamente ocupado. El ecléctico conjunto es una representación casi perfecta de lo que es Inditex ahora mismo: un gigante de 50 años de trayectoria, pero en plena transición tras el primer relevo generacional y por la sincronización con los cambios que vive la sociedad.
Esta compañía gallega fundada por Amancio Ortega (hombre más rico de España y novena fortuna del mundo, según Forbes) está valorada actualmente en el Ibex 35 en unos 180.000 millones de euros.
Esto es más del doble que hace un lustro, cuando, en plena recuperación postcovid y antes de que se consumara el nombramiento como presidenta de Marta Ortega, hija del magnate, la acción se situaba en torno a los 20 euros. Hoy se acerca a los 60 euros.
A la derecha, el último edificio construido en el complejo que Zara e Inditex comparten en Arteixo / Inditex
El crecimiento y sus límites
Probablemente sea porque el grupo lleva años incrementando ventas a una velocidad nada propia de una firma con semejantes volúmenes de facturación. Ingresaba en torno a 20.000 millones de euros anuales en 2015, y se acerca a los 40.000 millones en 2025.
La compañía presentará sus resultados anuales la semana que viene, con lo que la cifra no es exacta, pero iban por los 38.600 millones de euros en 2024 y acumulaba un 2,7% de crecimiento hasta el tercer trimestre.
El problema es que este porcentaje es muy inferior al de los últimos años. Este gigante textil venía incrementando sus ventas cada año un 15% de media; se marcó un abultado 36% de más tras el bajón por culpa del covid en 2020, y, desde entonces, cada año ha aumentado un poco menos su facturación: un 17,5% en 2022, un 10,4% en 2023, un 7,5% en 2024 y ese como mucho 3 o 5% que presumiblemente habrá crecido este año, y solo si la campaña de Navidad ha sido tan buena como parece.
¿Qué ha pasado? ¿Ha tocado techo Inditex?
Dentro de la compañía la respuesta es un ‘no’ rotundo. “El alto nivel de diversificación subraya la resiliencia del modelo de negocio”, aseguraba el consejero delegado del grupo, Óscar García Maceiras, en su última presentación de resultados trimestrales.
El ejemplo más frecuente y al que más recurren últimamente es el caso Estados Unidos: ¿Cómo va a haber tocado techo Inditex –argumentan– si este país norteamericano es el segundo mercado más importante para ellos en calidad de ingresos y se están llevando, en realidad, menos de uno de cada 10 euros que se destinan a moda en el país?
La apuesta internacional y la transformación de tiendas
En efecto, Estados Unidos es una de las últimas apuestas serias de Inditex. Llevan en el país desde finales de los 80, pero la entrega en crecer allí todo lo que se pueda y más, se ha acelerado en los últimos años, especialmente tras la salida de Rusia por declararle la guerra a Ucrania.
En este tiempo, han remodelado su tienda Zara de la Quinta Avenida de Nueva York, han abierto locales de la misma cadena en Los Ángeles, Las Vegas o San Francisco, han inaugurado el primer local Massimo Dutti y están ultimando la apertura de dos establecimientos Bershka en Miami, lo que es otra gran muestra de la importancia que le están dando a este mercado: hasta ahora, la apuesta era prácticamente en exclusiva con comercios Zara.
En total, disponen de 100 tiendas en este país norteamericano. Son muchas menos que en otros países, pero eso no ha impedido que se convierta en su segundo territorio más importante en ingresos.
No ocultan que esto se ha logrado en gran medida gracias a la venta ‘online’, pero es el paquete completo el que explica el convencimiento de que tienen mucho camino por recorrer. Allí y en otros países. Bershka acaba de entrar en Dinamarca y Suecia; Oysho en los Países Bajos; y Stradivarius tiene ya cinco tiendas en Alemania.
No lo fían todo a eso, claro. Zara, el buque insignia del grupo (27.700 millones de euros de facturación en 2024), está inmersa en un proceso de transformación muy visible de puertas para fuera.
Hay declaraciones de intención muy claras. Como haber cerrado la primera tienda del imperio Ortega, la que está situada en la coruñesa calle Juan Flórez, tras pasarse un año honrándola y celebrándola por llevar 50 años allí plantada.
La decisión se explica porque el establecimiento no encaja con la estrategia ‘retail’ que está impulsando la compañía: mantener solo locales lo suficientemente grande como para albergar todos los nuevos conceptos que forman parte de Zara y con una carga digital y de innovación tecnológica muy importante.
De nuevo con datos de 2024, Inditex tiene ahora casi 1.500 tiendas menos que diez años atrás. Eran 5.500 entre todas las marcas del grupo, a falta de que se publique, esta semana, la Memoria de 2025.
Sin embargo, tiene más metros cuadrados en superficie total de venta: de 4,08 millones de metros cuadrados en 2015 a 4,6 millones en 2024.
“Están yendo a tiendas más grandes y mejores, mucho más ‘flagship’ y mucho menos tienda pequeña, van a explotar al máximo la productividad de las tiendas”, analiza José Luis Nueno, profesor de IESE Business School y experto en la industria de la distribución y el consumo.
El interior de la tienda que Zara tiene en la Avenida Diagonal de Barcelona, tras reformarla / Inditex
Nuevos conceptos y experiencias de compra
Con todo, no es solo una cuestión de dimensión. Zara está probando nuevos conceptos como espacios más de diseño, con una estética más lujosa y una experiencia de compra más reposada y distinguida.
La intención no es que todos los establecimientos sean así, a partir de ahora, pero sí que haya cuantos más locales mejor que respondan a este nuevo criterio con el que Marta Ortega ha impregnado la casa, ahora que ya es oficialmente su máxima responsable: tiendas estéticamente muy cuidadas, menos prendas de cada diseño expuestas pero más colecciones exhibidas, distribución por tipos de colecciones, gestión más sofisticada del momento de probarse la ropa o de ejecutar el pago, convertir la experiencia de visitar Zara Home en lo más parecido a visitar una casa de verdad… y, en definitiva, que Zara sea una marca más artística y creativa.
También que incorpore nuevas propuestas, como el ZaCaffé, cafeterías anexas a algunas de sus tiendas (tienen cinco, actualmente) y que plantean más como un complemento a la experiencia de compra, que como una vía de negocio con la que engordar sus ingresos.
Figuran, además, en esta lista de inventos el Travel Mode (comprar productos disponibles en el país en que el cliente se encuentre de viaje y recibirlo en casa), una herramienta impulsada con inteligencia artificial (IA) para ver cómo le quedan a uno prendas compradas ‘online’ o la plataforma de segunda mano Zara PreOwned.
Una de las cafeterías ZaCaffé anexas a algunas de las tiendas Zara / Inditex
No se trata, en definitiva –defienden a ultranza desde Inditex–, de convertir a Zara en una marca de lujo, sino de equilibrar la “oferta accesible” con darle “la mejor propuesta que se pueda ofrecer” a los consumidores.
Lo que habrá que ver pasado un tiempo es si logran que esa sofisticación no vaya reñida con la obsesión por “socializar la moda” que ha defendido a ultranza siempre a Amancio Ortega, o si el nuevo Zara le acaba robando público a Massimo Dutti, la enseña que, hasta ahora, atacaba al cliente de mayor poder adquisitivo.
Es el riesgo que apunta el profesor Nueno, aunque, a su juicio, la balanza se decanta hacia lo que pueden ganar con ello. Primero, porque hay todo un público sénior que está viendo menguar su formato de tienda de referencia (las ‘boutique’ multimarca, los grandes almacenes, marcas que están pasando momentos más flacos…) y que puede encontrar un aliado en este nuevo Zara.
Segundo, porque el sector descarta completamente que esta compañía deje de vender producto a precio asequible, lo que, en definitiva, le asegura la franja baja que ya tiene amarrada y le abre las puertas a una franja media.
En paralelo, el crecimiento también se está fomentando por la parte del producto, o eso se deduce de que en estas nuevas tiendas Zara se puedan encontrar últimamente artículos propios de gimnasio (como pesas), ropa deportiva en una zona llamada Athleticz e incluso una bicicleta fabricada junto a la marca gallega Angel Cycle Works.
Para elegir por qué cosas apostar se fijan en búsquedas que se repitan mucho en su página web o artículos por los que se pregunte mucho en tienda, pero si, por ejemplo, tienen línea de lencería es porque la idea surgió internamente tras el covid.
Por ocurrencias, no será. Y por datos, tampoco: los departamentos comerciales de las distintas ramas que componen Zara cuentan con pantallas gigantes en la oficina que les muestran al minuto cuanto están vendiendo de más o de menos en comparación con el año pasado. En las tiendas, en la web, por prendas y por países del mundo.
“Es importante construir puentes entre la alta costura y la calle, entre el pasado y el presente, entre la tecnología y la moda, entre el arte y la funcionalidad”, sintetizaba hace años la propia Marta Ortega en una entrevista con The Wall Street Journal, una de las pocas que ha concedido.
Aquel artículo se publicó algunos meses antes de que se supiera que ella sería quien relevaría a su padre en la presidencia de Inditex, cargó que pasó a ocupar, finalmente, en abril de 2022, justo cuando empezó este ascenso fulgurante en bolsa.
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