Abbas Araqchi, ministro de Asuntos Exteriores de Irán, advirtió este sábado que las fuerzas iraníes aplicarán el principio de «ojo por ojo» en su respuesta a los bombardeos atribuidos a Estados Unidos e Israel, y responsabilizó de esos ataques a zonas de Emiratos Árabes Unidos. En una entrevista con la cadena estadounidense NBC, Araqchi afirmó que los ataques nocturnos contra las islas iraníes de Kharg y Abú Musa se efectuaron «desde el suelo de nuestros vecinos», en referencia a varios puntos del territorio emiratí. El ministro justificó la respuesta de Teherán por la necesidad de defender la integridad territorial y disuadir nuevos ataques. Su intervención se produce en un contexto de tensiones crecientes en el Golfo que ya han afectado a la seguridad del tráfico marítimo y a las relaciones regionales.
Araqchi señaló específicamente que los lanzamientos se realizaron desde dos localizaciones en Emiratos, una en Ras al Jaimá y otra «muy cercana» a Dubái, y calificó de «inaceptable» el uso de zonas densamente pobladas como plataformas para atacar territorio iraní. El ministro subrayó el peligro que supone para civiles que se empleen áreas urbanas como puntos de lanzamiento de misiles o drones, y pidió explicaciones a las autoridades emiratíes sobre la presencia de fuerzas hostiles que, según su versión, operaron desde ese suelo. Su acusación, de producirse confirmaciones independientes, podría tensar aún más los ya frágiles vínculos entre Teherán y Abu Dabi.
En relación con la política militar, Araqchi remarcó que las fuerzas iraníes responden de manera proporcional y dirigida a quienes las agreden «y a sus aliados», en una fórmula que describió como el principio de «ojo por ojo». Añadió que la respuesta no es indiscriminada, sino orientada a quienes han participado en los bombardeos contra infraestructuras iraníes, entre ellas instalaciones en Kharg, isla clave para la exportación de crudo, y Abú Musa, situada en un punto estratégico del Golfo Pérsico. La retórica del responsable diplomático apunta a mantener un margen de amenaza contenida, aunque insiste en la firmeza de la reacción iraní.
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Conoce más →Sobre el paso por el estrecho de Ormuz, uno de los canales marítimos más sensibles del mundo, Araqchi aseguró que «está abierto» y que Irán no pretende cerrarlo de forma general. Sin embargo, puntualizó que Teherán considera que el estrecho está bloqueado solo para los buques de los países que participan en agresiones contra Irán y sus aliados, por lo que recomendó prudencia a las compañías navieras. El ministro reconoció que, por razones de seguridad, muchos armadores optan por evitar la zona, lo que agrava las inquietudes internacionales sobre el suministro energético y el transporte comercial.
En la entrevista, el jefe de la diplomacia iraní también abordó la intención que atribuye a Washington de propiciar un cambio político en Irán mediante la presión militar. Araqchi negó que la estructura del Estado dependa de una única persona y defendió que el sistema se sustenta en una base social y constitucional sólida. A su juicio, la campaña exterior de presión no tendrá el efecto de derribar las instituciones políticas de la República Islámica ni de provocar vacíos de poder.
Respecto al impacto interno tras la muerte del líder supremo, que Araqchi describió como asesinato, el ministro aseguró que las instituciones han funcionado con normalidad y que el nuevo líder, Alí Jamenei, citado por el propio Araqchi en sus declaraciones, —y la referencia al cumplimiento de deberes constitucionales de Moqtaba Jamenei como nuevo líder supremo— han mantenido la continuidad del aparato estatal. Estas afirmaciones buscan transmitir una imagen de estabilidad en un momento en que cualquier señal de fractura podría alimentar más intervenciones externas o internas.
Sobre el programa nuclear, Araqchi reiteró que Irán no busca fabricar armas atómicas y ofreció como ejemplo la posesión de «440 kilos enriquecidos al 60 por ciento«, un dato que mencionó para subrayar la transparencia de su gobierno sobre el material que controla. Añadió que Teherán estaría dispuesto a diluir parte de ese uranio a un nivel de enriquecimiento inferior, una concesión significativa, según sus palabras, que podría servir como elemento de negociación con actores internacionales preocupados por la proliferación.
Las acusaciones de Irán contra Emiratos, sumadas a la retórica beligerante hacia Estados Unidos e Israel, elevan el riesgo de escalada en una región donde cualquier incidente puede repercutir en mercados energéticos y en la seguridad marítima global. Analistas consultados señalan que la verificación independiente de los lugares desde los que se habrían lanzado los ataques será clave para determinar responsabilidades y evitar una respuesta en cadena. Mientras tanto, la comunidad internacional sigue de cerca los movimientos diplomáticos y militares, con llamadas reiteradas a la contención que hasta ahora han tenido escaso efecto. La situación permanece en rápida evolución y las declaraciones de hoy podrían ser solo un peldaño más en un conflicto de consecuencias inciertas.
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