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La comunidad chií mundial lamenta la muerte del ayatolá Alí Jameneí: "Lo ames o lo odies, fue una figura enorme"

La comunidad chií mundial lamenta la muerte del ayatolá Alí Jameneí: "Lo ames o lo odies, fue una figura enorme"

Miles de fieles rezan en la mezquita Mosala en recuerdo del difunto líder supremo de Irán Alí Jameneí. / JAIME LEÓN / EFE

Hace apenas una semana, las calles de los suburbios sureños de Beirut estaban llenas. Sus avenidas, interrumpidas por los escombros de algún edificio de la última ofensiva israelí, se llenaron de vida para lamentar la muerte.

El pasado domingo miles de personas se congregaron para llorar juntas el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jameneí, en un ataque estadounidense-israelí contra Irán. Ahora, este mismo asesinato las ha vaciado, porque Hezbolá, la milicia y partido político libanés financiado por Teherán, decidió unirse a la contienda regional lanzando cohetes contra territorio israelí en venganza por Jameneí.

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Los sollozos de aquel domingo que ahora queda tan lejano lamentaban la pérdida de un padre, un guía espiritual.

Reacciones en el Líbano y el mundo chií

«Como persona, no significa nada para mí, pero su muerte me entristeció mucho porque perdimos a Sayed Hasán [Nasrallah, el secretario general de Hezbolá durante 32 años, antes de su asesinato por el Ejército israelí en septiembre de 2024] y a Jameneí, los chiíes los perdimos a los dos», constata Sarah Abady, una libanesa chií en el sur del Líbano, a este diario.

«Lo ames o lo odies, fue una figura enorme», añade desde Tiro, una ciudad litoral sometida a bombardeos continuos desde el lunes. Todo el mundo musulmán chií sigue conmocionado por la pérdida de Jameneí.

Era una de las figuras religiosas y políticas más prominentes para esta comunidad, a pesar de las fronteras que las separan. Las acciones de Hezbolá, que han provocado una respuesta militar israelí que ha causado más de 210 muertos en el Líbano, son muestra de su relevancia.

El temor de que tenga lugar una reacción aún más amplia en la región es cada vez más real.

La figura de Jameneí y su influencia

La influencia de Jameneí, líder supremo de Irán durante 37 años, se extendía más allá del territorio iraní. Para los chíies, fue un marya taqlid, el rango más alto en la jerarquía chií y una figura de imitación cuya autoridad religiosa superaba las fronteras nacionales.

Su rol como guía religioso de primer nivel le permitía establecer reglas que moldeaban la vida cotidiana, las oraciones, la moral, los asuntos familiares e incluso la lucha contra los enemigos. A su vez, ejercía su relevancia política con el control del Estado, el Ejército y la política exterior iraníes, pero también a través de los grupos revolucionarios chiíes y sus redes de financiación repartidas por toda la región en el Eje de la Resistencia.

Entre ellos, están algunos grupos palestinos, el libanés Hezbolá, los hutíes de Yemen u otras milicias iraquíes. Hace poco más de un año, perdió a su fiel aliado, el presidente sirio Bashar el Asad.

Fieles en el rezo en la mezquita Mosala por la muerte del ayatolá Alí Jameneí, el viernes en Teherán. / ABEDIN TAHERKENAREH / EFE

El chiísmo y el liderazgo religioso

Entre el 10 y el 15% de los musulmanes de todo el mundo son chiíes. Esta secta minoritaria del islam se concentra principalmente en Irán, Irak, Bahréin y Azerbaiyán y cuenta con comunidades importantes en Pakistán, Líbano y Yemen.

Aunque comparten el Corán y otros textos religiosos claves con los suníes, tienen diferentes interpretaciones de la historia islámica, sus prácticas culturales y su comprensión de la autoridad religiosa. Los suníes, por ejemplo, siguen una estructura más descentralizada y no tienen una figura parecida a Jameneí.

«La importancia del puesto de líder supremo reside en su combinación de tres poderes raramente unificados en una sola persona: legitimidad religiosa, liderazgo político e influencia regional, lo que lo ha convertido en un actor clave en las ecuaciones de Oriente Próximo», escribe el editor del periódico libanés ‘An Nahar‘, Ghassan Hajjar.

— Editor del periódico libanés ‘An Nahar’

El legado de Jameneí y el martirio

Durante los últimos años, Jameneí capitalizó su relevancia en el mundo chií. Quien fue líder supremo del régimen iraní, «y se considera el legítimo líder del mundo islámico, lleva más de cuatro décadas presentándose como un equivalente moderno del imán Alí, con creciente éxito entre un sector de la población iraní», escribían los investigadores del Instituto de Washington para la Política de Oriente Próximo, Saeid Golkar y Kasra Aarabi, ambos miembros de Unidos en Contra de un Irán Nuclear, hace menos de un año.

«La maquinaria propagandística de Jameneí afirma que está emulando todos los aspectos del gobierno islámico de Alí, incluyendo su gobierno sobre la República Islámica», alertaban. El imán Alí, primo y yerno del profeta Mahoma, fue el primer imán para los chiíes.

Estos paralelismos entre el personaje que dio origen a esta rama del islam y él mismo trascendieron fronteras.

El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, durante una reunión de la Asamblea de Expertos en Teherán, en noviembre de 2024. / DPA

Pese a su mano dura con los iraníes, su violenta muerte este sábado le ha valido el perdón de algunos de sus opositores. «A mí él no me gustaba, pero es una gran figura para los chiíes y respeto la forma en que murió luchando por su causa», defiende Abady.

«Ali Jameneí murió con dignidad, no murió sentado sin hacer nada», añade. En la creencia chií, el martirio significa un sacrificio inmenso, como el del imán Hussein, hijo del imán Alí y tercer imán de los chiíes, en Karbala hace mucho tiempo.

Muchos ven la muerte de Jameneí no como una pérdida, sino como un martirio por la agresión de Estados Unidos e Israel. «Orquestó su muerte», afirma Ali Alizadeh, comentarista cercano a los radicales iraníes, en The Economist.

«Temía una muerte indigna y quería que su muerte contribuyera a la guerra, en lugar de restarle importancia», añade, en referencia a la decisión de Jameneí de permanecer en su complejo en el centro de Teherán junto a su familia mientras caían las bombas.

— libanesa chií del sur del país

«Saben que morirán así, que serán el blanco de EEUU y de Israel«, añade Abady. «Sus enemigos habían pensado que su fallecimiento podría desencadenar el colapso de un régimen frágil e ideológicamente desgastado, tal como sucedió con los de Gadafi y Saddam [Hussein, el dictador i; en cambio, al envolverse en la iconografía del martirio, puede que lo haya revivido», afirma el artículo de The Economist.

Sin duda, las consecuencias más inmediatas son evidentes. Los iraníes no se han tirado a las calles, tal y como les exigían los líderes estadounidenses e israelíes, y la animosidad chií hacia ambos países aumenta.

«Los sucesos actuales profundizan el distanciamiento con los mundos occidental y árabe, especialmente tras las reacciones iraníes ante los países del Golfo», escribe Hajjar. «El asesinato conlleva consecuencias y repercusiones políticas que aislarán y cercarán aún más a toda una secta, alterando la dinámica política y de seguridad regional», añade.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.