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La exposición prenatal a un fungicida deja huellas epigenéticas que aumentan el riesgo de enfermedades durante 20 generaciones

La exposición prenatal a un fungicida deja huellas epigenéticas que aumentan el riesgo de enfermedades durante 20 genera

Investigadores de la Universidad Estatal de Washington han publicado en la revista PNAS un estudio que muestra que una única exposición prenatal al fungicida vinclozolín en ratas provoca marcas epigenéticas en la línea germinal que se transmiten durante veinte generaciones, aumentando la incidencia y gravedad de patologías reproductivas y renales. El trabajo, difundido en marzo de 2026, siguió descendientes de animales expuestos en un período crítico del desarrollo fetal y documentó un patrón persistente de dolencias que se amplificaron en generaciones lejanas. Los autores atribuyen esos efectos no a mutaciones en el ADN, sino a cambios en la regulación génica heredables. El hallazgo plantea interrogantes sobre el legado a largo plazo de los tóxicos ambientales.

En el laboratorio, las hembras gestantes fueron tratadas con vinclozolín durante una ventana sensible del desarrollo embrionario, y los científicos monitorizaron la salud de la progenie hasta la vigésima generación. Los equipos registraron un aumento sostenido de enfermedades del riñón y de órganos reproductores, como próstata, testículo y ovario, además de complicaciones en el parto. El diseño experimental permitió seguir no solo la aparición de patologías sino también su progresión y variaciones en la gravedad a lo largo de las generaciones.

A partir de la generación 15 y hasta la 17, los investigadores observaron un empeoramiento marcado de las afecciones, con episodios en los que la mortalidad materna y neonatal se volvió relevante en algunas líneas de descendencia. Según los autores, esos episodios incluyeron partos con resultados fatales para las madres o para toda la camada, lo que evidencia que los efectos no fueron meramente subclínicos sino en ciertos casos letales. Estas observaciones llevaron al equipo a considerar la persistencia y la intensidad creciente de las alteraciones en generaciones distantes como un fenómeno preocupante.

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Michael Skinner, biólogo promotor del estudio, explicó en la nota de prensa que la enfermedad se hizo muy prominente en las generaciones intermedias y tardías, y subrayó la gravedad de las anomalías en el proceso del nacimiento. Los autores sostienen que la transmisión se debe a modificaciones epigenéticas en la línea germinal que cambian la forma en que se activan o silencian genes esenciales, y que esas marcas pueden permanecer estables a lo largo de múltiples generaciones con una persistencia comparable a la de una mutación genética.

La investigación, cuyo primer nombre en la autoría es Alexandra A. Korolenko, aporta datos experimentales que reforzan anteriores advertencias sobre los efectos de vinclozolín, un compuesto ya asociado con alteraciones endocrinas. El trabajo se suma a una literatura creciente sobre herencia transgeneracional inducida por tóxicos ambientales, un campo que combina toxicología, epigenética y biología reproductiva para explorar cómo factores externos pueden dejar una huella duradera en la descendencia.

Los autores y expertos que comentan el estudio insisten en la prudencia al extrapolar resultados de ratas a humanos: veinte generaciones de roedores abarcan décadas, mientras que el mismo número de generaciones humanas equivaldría probablemente a varios siglos. No obstante, los científicos alertan de que si mecanismos semejantes operaran en nuestra especie, las consecuencias podrían traducirse en un legado sanitario que trasciende la vida de quienes se expusieron inicialmente, lo que amplía la discusión sobre la evaluación de riesgos químicos.

El trabajo plantea además implicaciones regulatorias y sanitarias: las pruebas de seguridad tradicionales, centradas en efectos directos y en generaciones inmediatas, podrían no captar daños que se manifiestan a largo plazo mediante mecanismos epigenéticos. Los autores piden replicación de los resultados, análisis en otros modelos biológicos y la inclusión de parámetros transgeneracionales en los ensayos de toxicidad, mientras que la comunidad científica debate cómo integrar estos hallazgos en políticas públicas.

La investigación aparece referenciada como «Stability of epigenetic transgenerational inheritance of adult-onset disease and parturition abnormalities» en PNAS (2026), DOI: https://doi.org/10.1073/pnas.2523071123. Aunque el estudio no responde de forma definitiva si exposiciones antiguas heredadas hace siglos pueden afectar a las poblaciones humanas actuales, abre una ventana necesaria sobre la posibilidad de que algunos contaminantes dejen un legado biológico que debe ser tenido en cuenta por científicos y reguladores.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.