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La fiebre del mono Punch alcanza los puestos del top manta en A Coruña

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En la calle Real de A Coruña, los puestos del top manta han comenzado a ofrecer una versión del peluche que acompaña al pequeño macaco conocido como Punch, cuya historia se viralizó en los últimos días. La demanda del muñeco se disparó tras la difusión de vídeos procedentes del zoológico de Ichikawa, en Japón, y la falta de stock en comercios oficiales ha propiciado que el comercio informal trate de cubrir la demanda. El fenómeno, que ha llegado a las redes y a los escaparates no convencionales, pone de relieve la rapidez con la que una moda global puede traducirse en mercancía local.

Los manteros de la zona, tradicionalmente vinculados a la venta de bolsos y camisetas falsificadas, han incorporado ahora a su oferta imitaciones del peluche que se ha convertido en símbolo de consuelo animal. En las últimas jornadas, varios puestos a lo largo de la calle Real mostraban cajas y bolsas con muñecos similares al que aparece en los vídeos virales, dispuestos junto a otras pequeñas mercancías del top manta. Vendedores consultados en la zona aseguraron que la respuesta del público es inmediata y que la clientela pregunta por el juguete tras verlo en redes sociales.

El origen del interés está en la historia del macaco de apenas siete meses que reside en el Zoológico de Ichikawa. Tras ser rechazado por su madre y recibir cuidados especiales del personal del centro, el animal fue fotografiado y filmado abrazando un peluche que los cuidadores le facilitaron para acompañarlo. Esas imágenes, difundidas masivamente en plataformas como Instagram y Twitter, despertaron una oleada de ternura y llevaron al muñeco a figurar entre los objetos más buscados en internet en cuestión de días.

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El peluche en cuestión es el modelo comercializado por IKEA bajo el nombre de Djungelskog, un producto que en muchas tiendas físicas y en la web se ha visto temporalmente agotado desde que explotó la historia de Punch. La multinacional sueca ha experimentado picos de demanda no solo en Japón sino en otros mercados, y la dificultad para reponer existencias ha abierto la puerta a alternativas no oficiales. La búsqueda del muñeco en portales de venta y redes ha sido constante, lo que explica el interés de quienes venden en la calle por incluir réplicas en su catálogo.

Quienes compran en el top manta encuentran réplicas a precios variables, en ocasiones sensiblemente inferiores a los del producto original cuando este está disponible. Aunque la calidad y el acabado de las copias no siempre se corresponden con el original, para muchos consumidores la conexión emocional con la historia de Punch es el factor determinante. Para los manteros, la venta de estos muñecos representa una oportunidad de negocio asociada a una tendencia viral que, por su naturaleza, puede desaparecer con la misma rapidez con la que llegó.

El fenómeno ha atraído la atención de distintos sectores: desde asociaciones de consumidores hasta grupos que alertan sobre la venta de productos no homologados. En paralelo, el caso vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre el top manta en las ciudades gallegas, donde los equipos de gobierno locales y las fuerzas de seguridad mantienen políticas de control que combinan sanciones y operativos puntuales. Fuentes municipales recuerdan que la venta ambulante sin licencia está regulada y sujeta a intervención cuando vulnera la normativa vigente.

Más allá de la polémica legal, la historia de Punch plantea reflexiones sobre cómo las redes transforman objetos cotidianos en símbolos globales y sobre el papel del comercio informal en esa cadena. El peluche, concebido como un elemento de confort en un zoológico, ha adquirido una dimensión simbólica que atraviesa fronteras y que ahora llega a las aceras coruñesas. En tiendas oficiales y en mercadillos, la misma imagen —la de un animal que busca consuelo en un muñeco— se ha convertido en motor de consumo y conversación pública.

Por ahora, la expectación persiste y es probable que los puestos del top manta sigan renovando su oferta mientras la atención mediática se mantenga. Quienes buscan el muñeco original deberán esperar a la reposición en establecimientos autorizados o recurrir a canales oficiales de venta, mientras que quienes desean tener un recuerdo de la historia de Punch lo encontrarán en los puestos ambulantes de la ciudad. Sea cual sea la elección, la presencia del peluche en A Coruña es una muestra más de cómo una historia viral puede producir efectos tangibles en la economía cotidiana.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.