Jesús Cancelo, presidente de la asociación Alborada, aseguró este miércoles en Vigo que la conocida como generación Z está reduciendo el consumo de alcohol porque ha encontrado «una droga nueva» en las tecnologías. La advertencia se produce tras la aprobación, el pasado lunes por el Consello de la Xunta, de un convenio entre el Sergas y cinco entidades sin ánimo de lucro que incluye a Alborada. La organización viguesa recibió una subvención de 1.880.000 euros, un aumento del 2% respecto al año anterior, pero insiste en que esa cantidad no basta para mejorar la atención. La queja principal es que, pese a la ayuda, persisten listas de espera tanto en los programas ambulatorios como en los residenciales.
Alborada atiende en Vigo a más de 1.500 pacientes al año, según sus responsables, y gestiona tratamientos que van desde la terapia ambulatoria hasta estancias residenciales. La entidad, dedicada a las adicciones, sostiene que ha observado un cambio en los patrones de consumo entre los jóvenes: menos alcohol, pero más problemas vinculados al uso excesivo de pantallas, videojuegos y redes sociales. Para su presidente, ese uso intensivo de la tecnología comporta conductas adictivas que requieren respuestas terapéuticas distintas a las que se aplican en drogodependencias clásicas. La organización reclama a las administraciones recursos específicos para formar personal y diseñar programas adecuados a estas nuevas demandas.
La subvención aprobada por la Xunta se enmarca en un convenio con el Sergas que pretende sostener a varias entidades del tercer sector en su trabajo con personas con adicciones. Desde Alborada valoran positivamente la continuidad del apoyo público, pero advierten de que el incremento del 2% no compensa el aumento de la demanda ni el encarecimiento de los costes. En el centro viguesa, las plazas residenciales y las sesiones ambulatorias registran listas de espera que, según sus gestores, repercuten en el empeoramiento de algunos casos. La recomendación de la asociación es que la financiación vaya acompañada de medidas de planificación y ampliación de recursos humanos.
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Conoce más →En su intervención, Cancelo explicó que la etiqueta de «droga» aplicada a la tecnología pretende llamar la atención sobre la gravedad de ciertos comportamientos: aislamiento, pérdida de control y deterioro de las relaciones personales. No obstante, matizó que el perfil adictivo es distinto y que no todas las conductas relacionadas con pantallas deben considerarse patológicas. Desde Alborada subrayan la necesidad de criterios clínicos claros y de protocolos específicos para evaluar cuándo el uso de tecnología exige intervención terapéutica. El objetivo, dijeron, es evitar que problemas emergentes queden fuera del sistema por falta de reconocimiento y de recursos.
Expertos en adicciones consultados por esta redacción señalan que la reducción del consumo de alcohol entre los jóvenes es una tendencia registrada en varias encuestas recientes, vinculada a cambios culturales, mayor conciencia sobre salud y políticas que han subido impuestos y limitado la disponibilidad. Sin embargo, advierten de que la sustitución por otras formas de dependencia —juego, redes o consumo puntual de otras sustancias— plantea retos distintos para la prevención. La complejidad del fenómeno exige, a su juicio, un enfoque multidisciplinar que integre salud pública, educación y regulación tecnológica.
La Xunta, por su parte, defendió la continuidad de la colaboración con entidades como Alborada y destacó el incremento de la partida, aunque fuentes administrativas admiten que la mejora es modesta. Desde el Sergas señalan que los convenios buscan mantener la red de atención a personas con adicciones y favorecer la coordinación con servicios sanitarios. Los responsables autonómicos sostienen que la incorporación de nuevos programas y la adaptación a las adicciones comportamentales es un proceso en marcha que requiere evaluación y ajustes presupuestarios posteriores.
Los responsables de Alborada también subrayaron la necesidad de campañas de prevención dirigidas a familias y centros educativos para identificar señales tempranas de adicción a pantallas y redes sociales. Proponen formación para docentes y profesionales de la salud y la creación de espacios de ocio alternativos que reduzcan la dependencia tecnológica entre los jóvenes. Además, reclaman protocolos de derivación más ágiles desde los servicios públicos para reducir las listas de espera y evitar que los casos se cronifiquen. En su diagnóstico, la prevención y la intervención temprana son claves para contener el problema.
En el horizonte, la entidad insiste en que las administraciones deben acompañar la financiación con políticas que reconozcan la diversidad de las adicciones actuales y doten de recursos a las organizaciones que las atienden. Mientras tanto, Alborada mantendrá sus programas en Vigo, donde, según sus cifras, atiende a más de 1.500 personas al año y sigue ampliando su oferta para incluir tratamientos específicos para conductas vinculadas al uso de tecnologías. El debate sobre si la tecnología puede considerarse una «droga» en sentido clínico continuará abierto, pero lo que es claro para la asociación es que la salud pública necesita respuestas adaptadas a los nuevos patrones de dependencia.
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