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La guerra en Irán dispara llamamientos a la movilización de líderes religiosos chiíes

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El llamamiento a movilizar a las masas en apoyo de Irán lanzado por el ayatolá Alí Sistani ha encendido las alarmas en varios países desde el pasado domingo, en un contexto marcado por el asesinato del líder supremo iraní Alí Jameneí y la ofensiva que comenzó con un ataque atribuido a Israel. La fatua emitida desde Nayaf —centro clerical en Irak— pide participación pública y respaldo a Irán ante lo que considera una agresión exterior, y llega cuando las protestas iniciales han sido contenidas pero la tensión sigue alta. Expertos consultados advierten de que, si el conflicto se prolonga o se militariza más, podrían surgir movilizaciones más amplias y episodios de violencia aislada. El pronunciamiento de Sistani se produce en un momento en que la autoridad religiosa chií vuelve a ocupar un papel central en la dinámica regional.

La postura del líder de Nayaf, una referencia moral para millones de chiíes, ha sido interpretada como un llamado a la movilización civil más que a una insurrección armada. En su respuesta a una consulta teológica, Sistani planteó que apoyar públicamente a Irán constituye un deber colectivo en la actual crisis, aunque dejó en manos de cada creyente la decisión concreta de cómo participar. Ese matiz, subrayan analistas, reduce el riesgo inmediato de una llamada generalizada a las armas, pero no elimina la capacidad de su influencia para generar despliegues masivos en plazas y calles.

En paralelo, otras voces religiosas dentro de Irán han elevado el tono y han utilizado un lenguaje más beligerante para reclamar venganza por la muerte de Jameneí, a quien se acusa de haber sido asesinado en los primeros compases de la ofensiva. Algunos clérigos han llegado a invocar conceptos como la yihad para justificar una respuesta violenta contra los responsables, lo que alimenta el temor a una escalada regional que trascienda protestas sociales y derive en acciones contra objetivos puntuales.

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El chiísmo no dispone de una única autoridad semejante al papado católico; en su lugar existen figuras llamadas marja, juristas y teólogos con capacidad para emitir directrices legales dentro de la sharía. La influencia de estos líderes es especialmente notable en centros como Nayaf y Qom, y se extiende desde el sur de Asia hasta África occidental. En este entramado, la figura de Sistani destaca por su prestigio y por su historial de intervención prudente en asuntos políticos, lo que explica por qué su posicionamiento genera tanta atención.

El profesor Marc Morató-Aragonés, especialista en Historia de Oriente Próximo, subraya que Sistani es hoy la referencia religiosa más respetada dentro del chiísmo y que su autoridad puede ser más efectiva para movilizar a la población que la del propio Jameneí. Según expertos, la combinación de símbolos religiosos, rencor por el asesinato del líder iraní y la presencia de actores regionales con agendas propias puede dar lugar a un mosaico imprevisible de protestas, bloqueos y ataques selectivos en varios países.

Hasta ahora, las manifestaciones desencadenadas en distintos Estados se han mantenido en gran medida dentro de los márgenes de la protesta civil, aunque con episodios de tensión en algunos escenarios urbanos. Los servicios de seguridad de varias naciones han reforzado su vigilancia ante la posibilidad de que milicias afines a Teherán o grupos espontáneos aprovechen la coyuntura para perpetrar atentados. La experiencia de crisis pasadas, como la respuesta masiva que provocó la llegada del Estado Islámico a las puertas de Bagdad en 2014, recuerda que los llamamientos religiosos pueden traducirse en movilizaciones masivas en cuestión de días.

En Bagdad, y en otras capitales con comunidades chiíes numerosas, autoridades religiosas y civiles buscan calibrar la respuesta pública para evitar una deriva violenta. Algunos líderes locales han intentado mediar para canalizar la protesta hacia acciones de carácter simbólico y evitar confrontaciones que puedan justificar represalias o una intervención exterior ampliada. No obstante, la polarización regional y la presencia de actores armados con agendas partidarias complican cualquier estrategia de contención.

La comunidad internacional observa con preocupación la evolución de los acontecimientos, consciente de que una escalada en Irán puede reconfigurar alianzas, tensar rutas energéticas y provocar reacciones en distintos frentes. Por el momento, los llamados a la movilización han servido más para medir la capacidad de convocatoria de los clérigos chiíes que para desencadenar una conflagración generalizada, pero analistas advierten que el equilibrio es frágil y que los próximos días serán determinantes para evaluar si la crisis se amansa o se transforma en un conflicto más amplio.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.