Productores y empresas de servicios agrarios de Galicia denuncian un fuerte encarecimiento de insumos clave desde que se recrudeció el conflicto en Irán, una subida que se ha acelerado en las últimas semanas y que llega justo al inicio de la campaña de primavera. En las comarcas más ganaderas, como Xallas, el aumento del precio del gasóleo, los fertilizantes y el plástico está hundiendo márgenes y tensionando la actividad diaria. El motivo, según agricultores y organizaciones, es una combinación de inflación internacional, especulación y riesgo de roturas de suministro derivadas de la guerra en Oriente Próximo.
Las cifras conocidas muestran el impacto inmediato: el gasóleo agrícola se ha encarecido entre un 25-50% en apenas dos semanas, la urea —materia prima básica para muchos abonos— se ha incrementado en +120 euros/tonelada y los plásticos que se usan en invernaderos y en el ensilado registran subidas próximas al 15%. Estas variaciones coinciden con la época del año en la que la demanda se dispara, lo que agrava la sensación de ahogo entre los productores. Para muchas explotaciones gallegas, que no controlan el precio de venta de su producción, trasladar esos costes al mercado resulta inviable.
La organización agraria COAG ha cuantificado que el sobrecoste para el sector agrario español asciende a 2,4 millones de euros diarios, una cifra que sintetiza el efecto acumulado del encarecimiento del carburante y los fertilizantes. En Galicia, sindicatos y asociaciones agrarias han pedido medidas urgentes y llaman a las industrias, especialmente las del sector lácteo, a ser flexibles con los contratos de compra para no ahogar a las granjas. Unións Agrarias ha instado a prorrogar acuerdos vigentes mientras se evalúa el alcance real de estas subidas.
Salado Golf & Beach Resort
Descubre la oportunidad de inversión más exclusiva del Caribe. Villas de lujo con retorno garantizado del 12% anual en Punta Cana.
Conoce más →El momento estacional no ayuda: la primavera es cuando la mayoría de las explotaciones preparan la tierra, aplican abonos y activan los invernaderos, además de iniciar el periodo de ensilado que demanda grandes cantidades de plástico. Ese empuje de la demanda local coincide con una oferta internacional más volátil y con costes logísticos al alza, lo que complica la previsibilidad para los agricultores. El resultado es una combinación de facturas más altas y una mayor incertidumbre sobre la disponibilidad de ciertos insumos.
En la comarca de Xallas, la empresa de servicios agrarios Indesa Galicia ilustra la presión cotidiana: la firma opera con ocho tractores y, en las campañas de mayor actividad, llega a consumir en torno a 5.000 litros de gasóleo B al día. Marcial Pais, responsable de la empresa, describe cómo la subida se traslada también a los precios de los trabajos contratados: el coste por hora de maquinaria, que antes era de 150 euros, ha aumentado hasta 180 euros en muchos casos. La multiplicación de horas de uso y el mayor precio del combustible hacen que los servicios externos resulten más caros para los agricultores.
Para explotaciones intensivas en mano de obra y combustibles, la diferencia se nota en la tesorería: desde la compra de abonos hasta el plástico para forraje, los pagos se adelantan y los ingresos no suben en la misma medida. Los ganaderos lácteos explican que los contratos de compra de leche ofrecen pocas posibilidades de revisión inmediata, por lo que la presión va directa a los márgenes. En casos extremos, algunas pequeñas explotaciones afrontan decisiones difíciles sobre reducir superficies abonadas o demorar labores imprescindibles.
Las asociaciones agrarias alertan además del riesgo de desabastecimiento si el conflicto se prolonga y afecta a las rutas o a la producción de materias primas. La dependencia de fertilizantes importados y de polímeros para plástico, junto con la sensibilidad de los precios energéticos, coloca al sector en una situación vulnerable que podría requerir respuestas públicas. Tanto a nivel regional como estatal, las demandas incluyen medidas temporales de apoyo, ayudas directas o mecanismos de estabilización de precios para amortiguar el golpe.
En lo inmediato, productores y empresas de servicios introducen ajustes en sus planes de campaña y reclaman mayor coordinación entre administraciones y la industria para evitar efectos permanentes sobre la renta agraria. Si el conflicto en Irán sigue abierto, la primavera en el campo gallego se presenta como una prueba de estrés para un sector ya acostumbrado a trabajar con márgenes estrechos. Las próximas semanas serán clave para calibrar si las subidas se moderan o si, por el contrario, hay que adoptar medidas más contundentes para sostener la actividad rural.
¿Buscas una Inversión Segura?
Salado Golf & Beach Resort te ofrece la oportunidad de invertir en el Caribe con rentabilidad garantizada del 12% anual
Solicitar Información Ahora