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La metáfora del amor

La metáfora del amor

Platea y palcos del bellísimo Teatro Municipal Sá de Miranda.
| FdV

Hoy me es grato compartir las múltiples vivencias ocurridas en el segundo concierto de los alumnos avanzados del curso Percursos da linguagem Musical Europeia no Séc XX en Viana do Castelo.

Fue una cita especial dentro del proyecto de Renovación Educativa de la Unión Europea, y el escenario no pudo ser mejor: el histórico Teatro Municipal Sá de Miranda.

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La primera parte fue una auténtica experiencia multidisciplinar titulada Viagem a música: Espectáculo músico-teatral donde los alumnos se lucieron como músicos y actores a la vez.

Lo más sugestivo fue el mensaje de su guion: «Cómo la música y el arte tienen el poder de transformarnos y enriquecernos como personas».

Para que este montaje saliera adelante, contamos con la complicidad de grandes profesionales: Vania Barbosa y el talento de la Academia de Música e Dança de Guimarães. El carisma del actor José Escaleira (Teatro do Noroeste e Instituto Politécnico de Viana do Castelo). Y la maestría del pianista ruso Youri Popof.

Elaboramos un guión que planteaba la siguiente historia: un joven que, en la búsqueda de un sentido para su vida, halla la música —simbolizada en la flauta (el aire/lo divino)— a través de una joven que encarna «la musa de su ideal y el amor». En su viaje, el protagonista descubre la guitarra —la madera/lo terrenal— y, mientras desentraña sus secretos, se sumerge en las diversas facetas del arte y de su realización personal.

El concierto transcurrió tal como estaba previsto en el guión. Fue un gran éxito, pero cabe destacar una anécdota: entre los intérpretes participantes se encontraba una pianista con miedo escénico, más bien pánico, ―era incapaz de tocar ante el público e incluso ante su profesora. Como guiño al gran pianista Arturo Benedetti Michelangeli —quien, según se dice, incluía pequeñas imperfecciones en sus grabaciones para humanizarlas—, decidimos que ella debía cometer errores deliberados y detenerse, simulando un ensayo domestico. Lo asombroso fue que, al liberarse de la presión, ¡interpretó toda la pieza de un tirón, y sin errores… quedamos con la boca abierta!

Sobre esta magnífica experiencia me viene a la mente mi maestro, quien, ante situaciones parecidas, solía transformar la enseñanza en un acto de respeto al alumno: su principio básico no era la simple transmisión fría de conocimientos o datos. Él partía siempre de la premisa de que el alumno es el protagonista de su aprendizaje y tenía la sabiduría de pedirnos solo aquello que podíamos dar, teniendo en cuenta en cada caso nuestras propias capacidades y realidades, y no de las suyas, rompiendo de este modo con el molde rígido de la educación vertical existente.

El punto álgido del recital fue el estreno de la obra inédita La metáfora del amor del compositor cubano Leo Brouwer. Debo reconocer la enorme complejidad que supuso el montaje de esta pieza de vanguardia. En ese momento, solo disponía de unas fotocopias en muy mal estado, obtenidas años atrás en un curso con el propio Brouwer en Castres (Francia). Los manuscritos, compuestos de gráficos y anotaciones al pie de página, apenas legibles parecían más un jeroglífico que partitura musical. Para descifrar aquel acertijo, fue necesario establecer contacto telefónico, epistolar y finalmente presencial con el maestro en Córdoba, donde residía como director de la orquesta sinfónica. Gracias a este proceso, la obra cobró vida en el magnífico escenario del teatro Sá de Miranda. En esta aventura resultó inestimable la colaboración del Laboratorio Electroacústico del Conservatorio de Viana do Castelo, que dirigía el profesor y compositor Virxilio Melo.

La dificultad de la partitura radicaba no solo en su grafía, sino en su naturaleza de obra abierta y ecléctica, lo que exigía una cuidadosa selección entre sus múltiples posibilidades interpretativas. De acuerdo con el autor, y con el fin de construir un relato coherente con la obra, y accesible para el público, decidimos emplear como leitmotiv el único fragmento escrito en notación tradicional para guitarra clásica: Jeux Interdits Juegos prohibidos. Una obra que René Clement usó como fondo musical de la película de ese mismo nombre, interpretada magistralmente por Narciso Yepes.

El resto de gráficos e ideas musicales las empleamos como soporte armónico y formal que cohesionase la obra.

La puesta en escena fue la siguiente: en directo guitarra clásica, eléctrica y piano. La base grabada en laboratorio se componía de sintetizadores, guitarra eléctrica, piano normal y preparado, así como diversos efectos y ruidos. Este material grabado era para superponer al directo en forma de bucles (loops). Todo ello fue realzado por un diseño de iluminación magistral de los técnicos del teatro del Noroeste.

Una vez descifrado el papiro, la sorpresa fue total. Los gráficos ocultaban un gran secreto estético que cobró vida desde los primeros compases: la icónica melodía de Jeux Interdits envuelta en densos racimos de notas (tone clusters) y las diversas texturas pregrabadas, creó una atmosfera de gran belleza y emoción. El público se sumergió en un torrente de sonoridades mágicas, luminosas y de una solidez formal impecable. El resultado fue un gran espectáculo sonoro y visual a la altura del genio de leo Brower.

Este estreno no hubiese sido posible sin el apoyo de Carla Barbosa, directora de la EPMVC, cuya visión innovadora y gestión de los recursos técnicos y económicos fueron fundamentales para llevar este proyecto a buen puerto.

Mi maestro, en una de sus conversaciones con su burrito Parménides le decía: «¿No crees que la música es la ciencia del universo?» Para él, era la alquimia exacta que funde la matemática con la fantasía y la magia. Y, en este rito, el intérprete es una suerte de Ariadna moderna: su labor es tejer el sonido hasta encontrar el alma del público.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.