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La nueva revolución alimentaria pasa por recuperar la cocina de las abuelas, que ya practicaban un modelo sostenible

La nueva revolución alimentaria pasa por recuperar la cocina de las abuelas, que ya practicaban un modelo sostenible

En Madrid, durante el mayor encuentro europeo sobre innovación alimentaria celebrado el 10 de marzo de 2026, expertos, cocineros y empresarios defendieron que buena parte de la respuesta a la crisis ambiental y nutricional pasa por recuperar prácticas domésticas tradicionales. El foro, organizado por la plataforma KM ZERO Food Innovation Hub, reunió a un centenar y medio de profesionales que, además de debatir sobre tecnologías emergentes, pusieron el foco en la cocina de proximidad y el aprovechamiento integral de los alimentos. La conclusión principal fue que la sostenibilidad no solo llegará de la mano de la biotecnología, sino también de hábitos cotidianos que se han ido perdiendo.

La cita congregó a científicos, inversores, restauradores y emprendedores dispuestos a explorar soluciones que combinen innovación y tradición. Entre los asistentes destacó la intervención del chef Rodrigo de la Calle, que subrayó cómo muchas recetas y técnicas que se practicaban en los hogares constituyen ya lecciones de economía circular. Los participantes insistieron en que rescatar esos saberes puede acelerar la transición hacia sistemas alimentarios menos dependientes de insumos industriales y envases plásticos. La discusión funcionó como un llamado a integrar la memoria culinaria en las estrategias de innovación.

Una de las ideas más repetidas fue la sencillez de la alimentación de generaciones anteriores: hortalizas de temporada, productos locales y elaboraciones reconocibles sin procesado industrial. Así lo resumió el responsable de Natruly, Niklas Gustafson, al recordar que hace apenas unas décadas las familias explotaban al máximo lo que daba la huerta y evitaban el desperdicio. Los expertos señalaron que ese modelo reducía huella ambiental y mejoraba la calidad de la dieta, porque privilegiaba alimentos frescos y minimizaba aditivos y embalajes innecesarios. Recuperar esas pautas, argumentaron, no es romantizar el pasado sino reconocer una base práctica para comer mejor hoy.

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El coloquio no dejó de lado las propuestas tecnológicas: carnes cultivadas en laboratorio, harinas de insectos o proteínas derivadas de algas protagonizan la agenda investigadora. Sin embargo, los ponentes coincidieron en que la innovación debe sumar herramientas al repertorio tradicional, no sustituirlo por completo. La combinación de alta tecnología y prácticas domésticas de bajo impacto puede crear sinergias útiles para la salud pública y la sostenibilidad. En ese sentido, los derechos de acceso a la tierra y el apoyo a circuitos cortos de comercialización fueron señalados como claves para escalar soluciones.

Otra línea de trabajo que ganó protagonismo fue la valorización de subproductos: lo que antaño se consideraba desperdicio puede convertirse en materia prima para nuevos alimentos o insumos agrícolas. Empresas presentes en el foro mostraron ejemplos concretos, desde chocolateras que reaprovechan cáscaras y pulpa de cacao hasta lácteas que han encontrado aplicaciones industriales y agronómicas al suero. La idea de que «no hay residuos, sino ingredientes» se repitió como mantra entre quienes buscan cerrar ciclos productivos y reducir costes ambientales.

La perspectiva doméstica también ocupó espacio en las mesas: técnicas como el encurtido, la conserva casera, la fermentación o la cocción con aprovechamiento de caldos fueron citadas como decisiones sencillas con alto retorno sostenibile. Recuperar habilidades culinarias implica, apuntaron los expertos, cambios en educación alimentaria y en la accesibilidad de productos frescos en las ciudades. Medidas públicas como facilitar huertos urbanas, mercados de proximidad y políticas que reduzcan el envasado desproporcionado podrían reforzar esa transición en los hogares.

Desde el punto de vista económico, los inversores presentes detectaron oportunidades en procesar y comercializar subproductos y en apoyar pequeñas industrias locales que respeten temporada y trazabilidad. El impulso a modelos empresariales que paguen mejor al agricultor y reduzcan intermediarios puede reactivar áreas rurales y mejorar la soberanía alimentaria. Al mismo tiempo, advirtieron sobre la necesidad de combinar estas iniciativas con estándares sanitarios y de seguridad que permitan su escalado sin perder calidad.

El mensaje final del encuentro fue doble: la innovación alimentaria debe mirar tanto al futuro como al pasado próximo y la cocina doméstica tradicional tiene herramientas valiosas para afrontarlo. Recuperar prácticas de nuestras abuelas, argumentaron los ponentes, no es renunciar al progreso sino incorporar aprendizajes prácticos que favorecen salud, economía local y medio ambiente. Para que esa agenda avance será necesario que administraciones, empresas y consumidores trabajen en conjunto, reconociendo que la sostenibilidad también se cocina en casa.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.