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La población extranjera con residencia en vigor crece un 8,7% en Galicia y supera con claridad la media estatal

Galicia cerró 2025 con 157.743 personas extranjeras con residencia en vigor, 12.627 más que un año antes, según los datos del Observatorio Permanente de la Inmigración dependiente del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. El aumento del 8,7% en la comunidad es casi el doble del registrado en el conjunto de España, donde la población extranjera con documentación aumentó un 4,5% hasta situarse en 7,5 millones.

Auge de permisos y nuevos flujos que impulsan la cifra

El repunte gallego no es homogéneo por provincias: la subida se concentra tanto en las grandes áreas como en territorios que han sufrido décadas de despoblación. En A Coruña residen 61.955 personas extranjeras (+7,9%), en Pontevedra 50.475 (+8,34%), mientras que Lugo y Ourense experimentan incrementos relativamente mayores, con 22.669 (+10,18%) y 22.644 (+10,37%) respectivamente. Estas cifras reflejan una dinámica distinta a la de años anteriores, cuando la inmigración se concentraba en los grandes polos urbanos y portuarios.

La clave del crecimiento en Galicia ha sido el aumento de las autorizaciones de residencia y trabajo: han pasado de 65.588 a 78.052 en doce meses, mientras que el certificado de registro de la UE se mantiene prácticamente estable, de 77.887 a 78.218. Los expertos que siguen estos movimientos recuerdan que ese predominio de nuevas autorizaciones indica más llegada reciente de extranjeros que procesos de naturalización o de asentamiento de comunidades europeas.

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«Por su parte, el certificado de registro se mantiene casi estable, al pasar de 77.887 a 78.218, y tampoco varía casi el TIE‑Acuerdo de Retirada (fundamentalmente Reino Unido): de 1.641 a 1.473.»

La estadística muestra también matices por nacionalidades. El colectivo venezolano destaca con un crecimiento del 19,37%, hasta 17.147 personas, de las cuales 14.870 cuentan con autorizaciones y 2.277 con certificado de registro; dentro de las autorizaciones hubo 5.215 iniciales y 7.859 prórrogas. Por su parte, las nacionalidades africanas —Marruecos, Senegal, Mali— se canalizan casi íntegramente vía autorizaciones: Marruecos contabiliza 9.819 personas con 9.180 autorizaciones, Senegal 3.735 (3.429 autorizaciones) y Mali 453 (450 autorizaciones).

Raíces, destinos y efectos en el mercado laboral gallego

No es casualidad que comunidades latinoamericanas y africanas aparezcan con fuerza en las cifras. Galicia sufre desde hace años un envejecimiento acelerado y falta de relevo generacional en sectores como la agricultura, los cuidados y la hostelería. Los permisos iniciales de residencia y trabajo sugieren que empresas y empleadores gallegos —desde explotaciones agropecuarias en el interior hasta la industria y los servicios en Vigo y A Coruña— están registrando contrataciones que reclaman mano de obra extranjera.

En Santiago de Compostela y en la ría de Arousa son palpables los efectos: aulas con más diversidad lingüística, mayor demanda de plazas en cursos de español para adultos y una línea de atención primaria que empieza a ajustar citas y traductores. A la vez, en municipios rurales de Lugo y Ourense, algunos ayuntamientos ven en la llegada de inmigrantes una oportunidad para la repoblación: hay contratos de corta y larga duración en la vendimia, en el sector forestal y en la recolección que no encuentran cubertura entre la población local.

El comportamiento de las nacionalidades comunitarias es distinto: países como Alemania, Italia o Portugal aparecen vinculado mayoritariamente a certificados de registro, lo que indica asentamiento de ciudadanos de la UE más que nuevas incorporaciones laborales. En cambio, los flujos desde Venezuela y varios países africanos están articulados a través del régimen de extranjería, con una componente importante de permisos iniciales.

Políticas, regulación y los retos que vienen

Resulta inevitable relacionar estos movimientos con la reciente reforma normativa: siete meses después de la entrada en vigor del nuevo Reglamento de Extranjería, la estadística muestra ya cambios en la composición de autorizaciones. El Gobierno central ha promovido instrumentos para agilizar permisos vinculados al empleo y facilitar determinados procedimientos, y en Galicia esas medidas parecen estar traduciéndose en más autorizaciones iniciales.

Para la Xunta y los ayuntamientos se abre ahora el desafío de convertir esa llegada en integración estable. Vivienda asequible, plazas escolares, formación profesional adaptada y servicios de acogida están en la agenda municipal. En ciudades como Vigo, donde la industria precisa perfiles técnicos, o en comarcas de Ourense y Lugo, donde la mano de obra agrícola es esencial, las administraciones locales deberán coordinar convocatorias de empleo y planes de inclusión social.

Hay además una dimensión social y política. La presencia creciente de colectivos como el venezolano o el marroquí alimenta un debate público en Galicia sobre la función del inmigrante en la economía regional y sobre cómo evitar tensiones por acceso a servicios. Según fuentes municipales, en varias juntas vecinales ya se trabaja con ONGs para ofrecer asesoramiento jurídico y cursos de idioma que faciliten la integración laboral y social.

Mirando al futuro inmediato, la clave estará en la evolución de las renovaciones frente a las nuevas altas: si las autorizaciones iniciales se consolidan como residencia estable, Galicia podría ver no solo un alivio demográfico puntual sino un enriquecimiento de su tejido productivo. Si, por el contrario, se trata de una oleada temporal ligada a necesidades estacionales, el efecto sobre la estructura poblacional será más limitado.

La estadística de 2025 dibuja una Galicia que vuelve a ser receptora de migración en una cifra y con un ritmo que obliga a gobiernos locales y sociedad civil a pensar cómo gestionar la llegada. Como apuntan profesionales del sector, el desafío no es solo contabilizar personas, sino facilitar que quienes llegan encuentren empleo digno, vivienda y una comunidad con la que construir un proyecto de vida. Cabe recordar que, en un territorio con años de éxodo juvenil, cada permiso de trabajo puede suponer no solo una nómina más, sino la posibilidad de devolver vitalidad a pueblos y barrios que llevan tiempo esperando un relevo.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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