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La Real Academia Galega nombra académica de honra a María Xosé Queizán: reconocimiento tardío a una voz del feminismo

La Real Academia Galega (RAG) acordó en el pleno de este viernes nombrar miembro de honra a la escritora viguesa María Xosé Queizán, un reconocimiento que llega después de décadas de trayectoria y de una relación tensa con las instituciones culturales gallegas. La decisión, anunciada por la propia Academia, subraya la aportación de Queizán «a los alicerces del pensamiento feminista en Galicia» y pone en primer plano una figura clave de la literatura y el ensayo en gallego.

La sesión académica y la decisión

La resolución salió adelante en la sesión ordinaria celebrada por la RAG, que en el mismo pleno eligió, además, a Pere Tobaruela como miembro correspondiente. En el comunicado que siguió al encuentro, la institución destacó la «sólida trayectoria que abarca todos los géneros: narrativa, teatro, poesía y una abundante producción ensayística» de la autora viguesa.

Fue una votación que, en cierto sentido, cierra un ciclo simbólico. Queizán misma llegó a afirmar en 2020 que no pensaba entrar en la Academia porque «no era bien vista». Aquella frase, pronunciada con la dureza que la caracteriza, ha quedado como recuerdo de una escritora que ha sido crítica con las estructuras de poder cultural y que ha defendido la autonomía de la voz femenina frente a los ámbitos tradicionalmente masculinizados.

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«Nunca vou entrar na RAG porque non son ben vista.»

La RAG, al anunciar la distinción, invitó a Queizán a integrar la institución como académica de honra en un acto en el que ella leerá su discurso de ingreso. La fecha todavía no ha sido fijada oficialmente; fuentes de la Academia avanzan que se organizará a corto plazo, respetando además el tiempo que la escritora necesite para preparar sus reflexiones.

Una carrera que marcó el feminismo gallego

Queizán es, por méritos propios, una de las referencias ineludibles del feminismo y la cultura gallega contemporánea. Coordinó y dirigió la revista anual Festa da palabra silenciada entre 1983 y 2014, un proyecto editorial que se convirtió en punto de encuentro para la reflexión sobre arte, política y creación femenina. La revista pretendía recuperar la palabra de las mujeres y ponerla en diálogo con la teoría feminista; su número cero incluía una introducción de la propia autora que resumía bien su compromiso intelectual y político.

«La palabra y la escritura han sido desde siempre elementos de poder, útiles de marginación. El don de la palabra fue utilizado como arma diferencial y la voz de las mujeres fue negada y silenciada a lo largo de una historia masculina.»

Ese empeño no se limitó al ensayo. Como novelista, Queizán firmó títulos que conectaron con un gran público: Amor de tango es citada como una de las novelas en gallego más vendidas de las últimas décadas. En ella reconstruye la vida del Vigo de principios del siglo XX, antes del golpe de Estado franquista, y aborda con sensibilidad las diferencias de clase, las posibilidades y restricciones de las mujeres y las transformaciones sociales que siguieron al final de la II República.

A lo largo de su carrera, su obra cruzó géneros y formatos, desde la poesía y el teatro hasta el ensayo militante. Su voz, a veces incómoda para los códigos académicos más tradicionales, ayudó a poner en el centro del debate público cuestiones que hoy son ampliamente discutidas: la presencia de las mujeres en la esfera cultural, las desigualdades de género y el reconocimiento de una memoria histórica silenciada.

Repercusiones y próximos pasos

El nombramiento ha sido recibido como un gesto de reparación por muchos sectores culturales y feministas de Galicia. No es la primera vez que la Academia rectifica en una dirección hacia mayor inclusión, pero sí representa una visibilización importante: nombrar académica de honra a una figura que fue crítica con la institución resulta, al menos simbólicamente, relevante para la imagen de la RAG en el siglo XXI.

En Vigo, donde Queizán ha residido y desarrollado buena parte de su trayectoria, la noticia ha sido comentada con orgullo y cierto alivio. La semana pasada la autora fue homenajeada en el MARCO; las imágenes de ese acto circularon por las redes y sirvieron para medir la amplitud del afecto y la estima que despierta entre lectores, colegas y activistas.

Ahora toca convertir el reconocimiento en un acto que haga honor a la dimensión intelectual de Queizán. La lectura del discurso de ingreso será, salvo sorpresa, una oportunidad para actualizar parte de su crítica y para plantear ante la Academia cuestiones sobre literatura, historia y memoria que ella ha cultivado sin concesiones. Según fuentes cercanas a la organización del acto, se prevé que la ceremonia esté abierta al público y a la prensa, aunque la RAG no ha hecho todavía pública una fecha concreta.

Más allá de la ceremonia, el nombramiento plantea preguntas sobre cómo las instituciones culturales de Galicia integran y promueven voces críticas. Queizán no es la primera mujer en ocupar un lugar destacado, pero su llegada a la RAG subraya la necesidad de mirar atrás para comprender por qué tardaron en reconocerse determinadas trayectorias. Hay una lectura meramente institucional y otra, más profunda, que tiene que ver con la legitimación histórica del discurso feminista en el seno de la cultura gallega.

Si la Academia aspira a representatividad, este gesto debe ir acompañado de políticas permanentes de visibilización: ediciones críticas, inclusión en planes educativos y presencia en debates públicos. El nombramiento de María Xosé Queizán puede ser un punto de inflexión si se aprovecha como estímulo para incorporar a las nuevas generaciones la memoria de esas luchas y de esa producción intelectual.

Queda, en definitiva, por ver cómo se traduce en praxis este reconocimiento. Para Queizán, que lleva décadas hablando sin concesiones, la entrada en la RAG supone un lugar desde el que seguirá hablando: no como consuelo por el pasado, sino como plataforma para insistir en una agenda cultural más plural y atenta a las voces históricamente silenciadas. En Vigo, en Galicia, y en el propio seno de la Academia, su llegada no pasa desapercibida.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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