Un giro inesperado ha situado a Vigo de nuevo en la carrera por acoger partidos del Mundial de 2030. En las últimas horas la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ha trasladado por escrito a la FIFA su petición para que tanto Vigo como Valencia figuren entre las ciudades españolas aspirantes a albergar encuentros de la cita que se jugará entre España, Portugal, Marruecos y sedes en Sudamérica. La iniciativa llega tras la renuncia de ciudades como Málaga y A Coruña, que dejaron vacantes en la lista inicial.
La maniobra de la RFEF y el estado de la candidatura
Según fuentes oficiales de la RFEF, la petición formal se produjo aprovechando la reciente visita de una delegación de la FIFA a territorio español, un desplazamiento que el organismo internacional tiene previsto repetir en otoño para certificar los avances de la candidatura hispana. En ese pulso técnico y diplomático la federación ha querido poner sobre la mesa el alto interés por sumar a Vigo y Valencia, dos ciudades que en un primer momento habían quedado fuera del itinerario de inspecciones.
El espacio que ha permitido este movimiento no es casual: las renuncias de Málaga primero y A Coruña después abrieron huecos en el cupo de 11 estadios que se concedieron inicialmente a España. Fuentes federativas no descartan que puedan producirse más descartes, mientras que ciudades como Las Palmas avanzan «a paso más lento» en su proceso, según ese mismo relato. En esa carrera contrarreloj, la RFEF busca consolidar un dossier que convenza a los técnicos de la FIFA en la próxima ronda de visitas.
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Conoce más →En Vigo la esperanza se apoya en la evolución visible de Balaídos. La dirección de obra de la reforma ha dejado la nueva grada de Gol con buena parte de su estructura levantada y, según planes municipales y del club, el conjunto deberían estar plenamente operativo a comienzos de 2027. Ese calendario encaja con la previsión de la federación de que el veredicto definitivo pueda conocerse a finales de año, una vez completadas las inspecciones de la FIFA.
Balaídos, los requisitos de aforo y las cuentas municipales
El requisito más inmediato impuesto por la FIFA es claro: un aforo mínimo de 40.000 espectadores para poder acoger partidos mundialistas. En Vigo se trabaja precisamente en ese objetivo, con el Ayuntamiento impulsando la ampliación de la Tribuna, actuación que el Consistorio considera imprescindible para cumplir la exigencia técnica. El primer paso para esa gran reforma es el traslado de los colectores de la explanada, una actuación previa que el alcalde Abel Caballero ha vinculado públicamente a la necesidad de obtener apoyos económicos desde la Diputación y la Xunta.
La operación de ampliación contempla además el retranqueo de la grada hacia la calle Manuel de Castro para permitir una mayor inclinación y, con ello, ganar localidades. La complejidad técnica y administrativa del proyecto es alta: implica no solo obra civil sino también permisos, coordinación con el club y garantizar plazos que permitan que las nuevas instalaciones estén certificadas antes de las visitas de la FIFA.
A pesar del impulso federativo, fuentes municipales expresan sorpresa por la forma del movimiento. A principios de año la RFEF habría transmitido a la Alcaldía que el procedimiento de elección de sedes estaba «cerrado» con el dosier inicial remitido a la FIFA. El cambio de criterio —y la remisión de una petición formal ahora— ha generado cierto desencuentro entre la federación y el Ayuntamiento, que reclamaba desde hace meses a la RFEF que ocupara el vacío dejado por Málaga.
Implicaciones locales y próximas decisiones
Para Vigo la inclusión en la lista de candidatas supondría un impulso evidente a la proyección internacional de la ciudad y un impacto económico directo: ocupación hotelera, actividad en el comercio y la hostelería y visibilidad mediática durante semanas. No es la primera vez que la ciudad mira de reojo a grandes eventos para dinamizar la economía local; además de la tradición futbolística ligada al Celta de Vigo, la ciudad ha apostado en la última década por infraestructuras que la preparen para macroeventos.
La contrapartida pasa por asumir inversiones y plazos: las obras de Balaídos, los accesos, la logística urbana y el cumplimiento de exigencias de seguridad y transporte. Además, la decisión final dependerá del examen técnico de la FIFA, que en otoño valorará no solo la capacidad del estadio sino también la red de alojamientos, comunicaciones y el respaldo institucional. A falta de confirmación oficial, la RFEF aspira a que la inclusión de Vigo y Valencia resuelva las lagunas que dejaron las renuncias anteriores y que el país presente un mapa de sedes sólido y competitivo.
En el plano político, la iniciativa abre también un escenario de negociación entre administraciones. El alcalde Caballero ha hecho público su requerimiento de fondos a Diputación y Xunta para permitir el traslado de colectores y desbloquear la reforma. Es previsible que, si la FIFA confirma la visita de otoño con Vigo en el itinerario, la presión para concretar compromisos presupuestarios se intensifique en las próximas semanas.
Sea cual sea el desenlace, la historia de la candidatura española al Mundial 2030 sigue abierta y con claros tintes de última hora. Galicia, que aspiró a presencia en el proyecto inicial y vio cómo A Coruña se apartaba, vuelve a asomar con fuerza gracias a la ofensiva de la federación. Ahora tocará esperar a la evaluación técnica, a los calendarios de obra y a la resolución final de un organismo —la FIFA— que tiene la última palabra y que no hará pública su decisión hasta completar su gira de inspecciones y comprobaciones.
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