Vecinos de Bouzas denuncian que los residuos que quedan tras el mercadillo dominical, celebrado cada domingo en el barrio de Vigo, acaban flotando en la ría de Vigo debido al viento y la falta de limpieza inmediata. La queja, reiterada en las últimas semanas y recogida el 10 de marzo de 2026, apunta a bolsas de plástico, cartones y otros desechos que se desplazan desde el paseo hasta los pantalanes y la ensenada. Los residentes atribuyen el problema a la abundancia de visitantes, la escasa retirada de residuos por parte de algunos puestos y a una respuesta municipal que consideran insuficiente.
El mercadillo, que concentra actividad comercial durante las mañanas de domingo, atrae a compradores de distintas zonas de la ciudad y deja una intensa afluencia de gente y mercancías a ambos lados del paseo marítimo. Según los vecinos consultados, al desmontar los puestos no siempre se efectúa una recogida exhaustiva, lo que provoca que las bolsas y restos ligeros queden sueltos en la calle. El viento, habitual en la ría, actúa como agente de dispersión y arrastra esos fragmentos hacia el mar en cuestión de minutos.
Una vecina, que ha documentado en imágenes la presencia de plásticos sobre la superficie del agua, critica la falta de civismo y la escasa sensibilidad ambiental de quienes dejan basura en el entorno. Los residentes subrayan que el problema no es solo estético: se trata de plástico que puede fragmentarse y convertirse en microplástico, con riesgo para la fauna marina y para la propia actividad del marisqueo en la ría. La acumulación de restos en pantalanes y ensenadas supone además un coste añadido de limpieza y una merma en la imagen del barrio.
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Conoce más →Ante esta situación, las peticiones vecinales son claras: mayor control durante y después del mercadillo, responsabilidad por parte de los comerciantes en la gestión de sus residuos y refuerzo del dispositivo municipal de limpieza en las zonas más cercanas al litoral. Algunos residentes proponen medidas concretas como puntos de reciclaje visibles, más papeleras, supervisión del cumplimiento de las normas y sanciones para los recurrentes infractores. También plantean campañas de concienciación dirigidas a compradores que, aseguran, a veces descuidan dejar sus envoltorios en los contenedores.
Organizaciones conservacionistas han venido alertando del impacto del plástico en las costas gallegas, y en los últimos meses han señalado episodios en los que las borrascas y la actividad humana han convertido enclaves naturales en depósitos de desechos. En este contexto, los vecinos de Bouzas encuentran preocupante que un lugar urbano y con tanta afluencia no cuente con un plan de actuación posterior a la celebración del mercado que evite que la basura llegue al agua. El turismo de proximidad y las actividades de ocio, dicen, deben compatibilizarse con un manejo riguroso de los residuos.
Desde el Ayuntamiento de Vigo no hay, por el momento, una respuesta pública detallada a las quejas transmitidas por los residentes de Bouzas, aunque fuentes municipales afirman en general que los servicios de limpieza realizan labores periódicas tras eventos de afluencia. Los demandantes insisten en que la programación de refuerzos debe ser más precisa y llegar de forma inmediata al término del mercadillo, cuando el viento puede convertir en mar el vertedero temporal que, lamentan, queda en la calle.
El impacto ambiental también suscita inquietud entre profesionales del sector pesquero y marisquero, que recuerdan que los plásticos flotantes pueden afectar a las capturas y al estado de los bancos. La presencia continuada de residuos urbanos en áreas próximas a la actividad extractiva podría, advierten, implicar consecuencias económicas y sanitarias si no se corrige la tendencia. Por eso, además de limpieza, piden medidas preventivas que eviten la llegada de desechos al agua.
Los vecinos han entregado fotografías y testimonios a los medios para ilustrar el problema y reclamar soluciones que eviten que cada domingo parte de Bouzas termine convirtiéndose en un generador de basura marina. Mientras esperan una respuesta eficaz, confían en que la presión social y la coordinación entre comerciantes, ciudadanía y administración permitan adoptar cambios rápidos: más vigilancia, mejor gestión de residuos y campañas de sensibilización que logren evitar que la ría vuelva a ser el destino final de la suciedad del mercadillo.
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