Vía de la Plata atraviesa la mirada de los peregrinos con menos frecuencia que antes. Los primeros tres meses de 2026 arrojan un descenso frente a la década anterior: apenas 218 personas han iniciado su tránsito por esta histórica vía en lo que va de año, frente a las 305 que cerraron ese mismo periodo en 2015. Es el peor arranque desde 2009 —salvando los años de pandemia— cuando se contabilizaron 170 peregrinos. Estas cifras colocan a la ruta por detrás de otras alternativas que multiplicaron su afluencia.
Descenso palpable: números y comparación entre rutas
Los datos acumulados entre 2015 y 2025 señalan una tendencia clara: mientras la mayoría de los caminos a Santiago han crecido, la Vía de la Plata reduce su volumen anual de transeúntes, de 9.222 a 8.837. No es sólo una caída puntual en el primer trimestre: es la única ruta «histórica» del mapa jacobeo que registra retroceso en la última década. En contraste, el Camino Portugués duplicó su número de peregrinos, el Inglés lo triplicó y el Camino de Invierno multiplicó por diez su flujo. El fenómeno más extremo lo protagoniza el Portugués de la Costa, que pasó de 1.474 a 89.511 peregrinos en diez años, un crecimiento de alrededor de sesenta veces.
En Ourense, las cifras del inicio de año se notan en los albergues municipales. Frente al albergue municipal Eligio Rivas Quintas se ven menos mochilas en las aceras y noches más tranquilas en las plazas próximas, según hospitaleros y pequeños hosteleros consultados. Esa menor ocupación afecta directamente a economías locales que, en varias comarcas, combinaron turismo rural y peregrinación para sostener servicios básicos.
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Para entender el retroceso hay que mirar más allá del recuento de sellos. La Vía de la Plata es una ruta antigua, de trazado romano, que atraviesa el interior profundo de la península. Sus paisajes y su historia atraen a quienes buscan soledad y arqueología, pero en la nueva geografía del peregrinaje pesan otros factores: accesibilidad, promoción turística y tendencias en redes sociales. El auge del Portugués de la Costa no es casualidad; combina playas, buenos accesos y una intensa promoción internacional que ha transformado municipios costeros en imanes de viajeros.
Además, el perfil medio del peregrino ha ido cambiando. Caminos con oferta de servicios continuos —transporte de mochila, albergues modernos, restauración diversificada— ganan adeptos. La Vía de la Plata, que en tramos atraviesa comarcas muy despobladas, sufre el problema crónico de la Galicia interior: falta de servicios, dispersión de población y horarios de transporte público que no encajan con etapas largas. No es la primera vez que la despoblación condiciona modelos turísticos; Ourense sigue siendo un ejemplo de cómo el declive demográfico influye en la capacidad de mantener oferta hostelera durante todo el año.
La estacionalidad también cuenta. La Vía de la Plata registra picos en primavera y otoño, pero los meses centrales del verano, con temperaturas elevadas en las llanuras del interior, desaconsejan la peregrinación a muchos. Mientras tanto, rutas costeras amplían temporada y atraen a usuarios que combinan playa y peregrinaje.
Impactos locales y respuestas posibles
El descenso no es inocuo. En pueblos del sur de la provincia nuestros entrevistados confirman noches de bares cerrados y menos reservas en hostales. El efecto multiplicador del peregrino —compra en panaderías, gasolina, comidas y pernoctaciones— se resiente cuando el flujo cae. Por eso, responsables municipales, asociaciones de alberguistas y empresarios turísticos impulsan ideas para reconectar la ruta con nuevos públicos: señalización mejorada, creación de etapas con transporte alternativo, paquetes que combinen patrimonio y enogastronomía, y campañas dirigidas a peregrinos extranjeros interesados en rutas menos masificadas.
Algunos ayuntamientos apuestan por recuperar antiguos trazados y promocionarlos como producto cultural. A falta de una estrategia coordinada a nivel autonómico y estatal que priorice la Vía de la Plata frente a la marea creciente de otras rutas, el trabajo se realiza por impulso local. Esa atomización limita el alcance de cualquier iniciativa; de ahí la petición recurrente de asociaciones jacobeas para planes integrados que incluyan señalética homogénea, mejoras en alojamientos y mejores conexiones de transporte público.
También hay ejemplos de innovación. Proyectos de digitalización facilitan la reserva previa y la gestión de albergues; iniciativas privadas combinan experiencias enoturísticas con tramos de camino, aprovechando la viticultura en algunas zonas de paso. No obstante, estas respuestas necesitan tiempo para revertir tendencias y recuperar la masa crítica necesaria para sostener servicios en pueblos intermedios.
Más allá de lo económico, existe un debate patrimonial. La Vía de la Plata es una arteria histórica que conecta regiones y testimonios culturales. Perder relevancia turística implica menor visibilidad para el patrimonio vinculado a iglesias románicas, puentes medievales y restos romanos que jalonan el recorrido. Revertir la caída no es sólo una cuestión de turistas; es reenfocar una política cultural y territorial que favorezca a la Galicia interior.
El año ofrece una ventana de oportunidad: con la primavera llegan peregrinos y actos promocionales en ferias turísticas. Si las administraciones locales, la Xunta y entidades jacobeas coordinan actuaciones concretas —rehabilitación de albergues, refuerzo del transporte, campañas segmentadas— la Vía de la Plata podría detener la hemorragia. La pregunta es si habrá voluntad política y recursos para hacerlo a tiempo, antes de que la pérdida de servicios haga aún más difícil la recuperación.
En definitiva, la caída de la Vía de la Plata es la radiografía de problemas más amplios: despoblación, cambios en la demanda turística y la competencia feroz entre rutas. Recuperar peregrinos exige campus comunes de promoción y mejoras palpables en el terreno. Quedan por delante meses cruciales en los que los pueblos del interior intentarán demostrar que esta vía, además de histórica, sigue siendo una alternativa con futuro para quien busca el Camino con otro ritmo.
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