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La Xunta advierte que las nuevas medidas energéticas dejarán a Galicia sin más de 120 millones en ingresos

Alfonso Rueda, presidente de la Xunta, anunció este lunes, tras el Consello, que las cuentas autonómicas sufrirán un golpe directo por las medidas anticrisis aprobadas por el Gobierno central contra el impacto de la guerra en Oriente Próximo. El Ejecutivo gallego cifra el efecto en una pérdida superior a 120 millones de euros, mientras denuncia que las decisiones llegaron publicadas en el BOE sin diálogo previo con las comunidades.

Medidas publicadas y efectos inmediatos

El Boletín Oficial del Estado publicó el sábado el paquete de medidas que entró en vigor el domingo tras un Consejo de Ministros marcado por la tensión. Entre las decisiones figura la rebaja del IVA sobre la electricidad, el gas natural y los carburantes del 21% al 10%, la reducción del impuesto especial sobre la electricidad hasta el 0,5% y la suspensión temporal del gravamen del 7% a la generación eléctrica. En la práctica, se trata de tributos que inciden en facturas domésticas e industriales, pero también, y aquí está el nudo del problema, en la recaudación que gestionan las autonomías.

Desde la Xunta recuerdan que muchos de esos impuestos son tributos cedidos, de modo que la caída de recaudación no se limita a la tesorería del Estado sino que repercute directamente en la Hacienda gallega. El presidente regional detalló que, según sus cálculos, la pérdida equivale a que «cada mes no entren en las arcas 40,3 millones de euros», una cifra que el Ejecutivo autonómico interpreta como un riesgo inmediato para la financiación de servicios públicos esenciales.

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«Son tributos cedidos a las comunidades por lo que el impacto afecta a la Hacienda de las autonomías», afirmó Rueda, añadiendo que el esfuerzo debería haberse debatido entre todas las administraciones.

La rapidez de la publicación y la entrada en vigor de las medidas —con el BOE firmando su puesta en marcha sin aparente negociación previa con las comunidades— ha sido el principal foco de crítica del Ejecutivo gallego. Fuentes de la Xunta insisten en que esa falta de consulta obliga ahora a la comunidad a replantear partidas y a diseñar contramedidas de urgencia.

Por qué preocupa especialmente en Galicia

Galicia no es una autonomía cualquiera cuando se habla de energía y transporte. Con una economía fuertemente vertebrada por el mar, las Rías, la industria conservera y una extensa red de pymes distribuidas por las cuatro provincias, el alza de costes energéticos tiene efectos directos sobre el combustible de la flota pesquera, sobre los transportistas que conectan Ourense con A Coruña o Vigo, y sobre industrias intensivas en electricidad. No es la primera vez que la Xunta advierte de que decisiones fiscales nacionales acaban impactando con intensidad local.

El impacto sobre servicios públicos también es una arista delicada. La Xunta subraya que muchos programas sociales, sanitarios y de cuidados se nutren, en parte, de la recaudación cedida. Cuando esa entrada se reduce, las opciones pasan por reasignar partidas, tirar de remanentes o ajustar programas, algo que en la práctica puede traducirse en demora de inversiones o presión sobre los presupuestos de atención social.

Históricamente, las tensiones sobre la gestión de impuestos entre Madrid y las comunidades han aflorado en momentos de crisis. En 2022, durante la primera gran sacudida de los precios de la energía, ya se vivieron roces por la forma y el alcance de las medidas adoptadas por el Ejecutivo central. Ahora, el mecanismo se repite: la Xunta reclama un papel en la negociación porque, dicen, el coste de la solidaridad no puede recaer de forma indiscriminada sobre las autonomías.

Repercusiones políticas y próximos pasos

La respuesta inmediata de la Xunta ha sido anunciar que estudia medidas específicas para los sectores más vulnerables, en especial aquellos que puedan ver su actividad más comprometida por el aumento de costes. Rueda evitó precisar fórmulas —no ofreció cifras ni plazos— pero adelantó que el Gobierno gallego trabaja en instrumentos de apoyo selectivos. A falta de confirmación oficial, fuentes próximas al Ejecutivo regional barajan ayudas directas a la flota, subvenciones al transporte y líneas de liquidez para pymes energointensivas.

En el plano institucional, la pelota regresa ahora al tejado de Madrid. La Xunta puede solicitar compensaciones, elevar el debate a instancias de coordinación interterritorial o incluso reclamar una revisión de los mecanismos de cesión para que episodios similares no provoquen tensiones cada vez que se active una respuesta central frente a una crisis internacional. La dinámica de los últimos años ha obligado a repensar cómo se reparten los costes entre solidaridad nacional y autonomía fiscal.

Desde la óptica ciudadana, quedan preguntas prácticas: ¿qué escucharán los ayuntamientos? ¿Cómo repercutirán estos ajustes en servicios locales y en la factura de la luz de los hogares gallegos? En municipios con plantillas ajustadas y recaudación limitada, una caída de transferencias puede forzar decisiones incómodas en un calendario electoral y social ya cargado.

La foto que deja este episodio es doble. Por un lado, están las medidas diseñadas para amortiguar el efecto de una crisis internacional sobre consumidores y empresas; por otro, la fricción que generan cuando su coste se traslada a comunidades autónomas sin un mecanismo claro de compensación o coordinación previa. Galicia, con su particular tejido productivo y sus necesidades, vuelve a reclamar que la política fiscal sea conversación y no sorpresa.

En las próximas semanas será clave ver si el Ejecutivo central atiende la petición de diálogo de la Xunta, si ofrece línea de compensación específica y cómo se traducen las promesas de apoyo en medidas concretas que palíen el impacto real en barcos, fábricas y familias gallegas. Mientras tanto, la Xunta se enfrenta al dilema habitual: equilibrar la urgencia de atender a los sectores golpeados con la necesidad de proteger la solvencia de las cuentas públicas regionales.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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