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La Xunta aprueba el Pladiga 2026 con drones, videovigilancia y 42 brigadas más para combatir incendios

El Consello de la Xunta aprobó este lunes, 23 de marzo, la aplicación del Pladiga para 2026, el Plan de prevención y defensa contra los incendios forestales de Galicia. El paquete incluye refuerzos operativos —entre ellos 42 brigadas nuevas en época de máximo riesgo—, un notable incremento en unidades técnicas y la incorporación masiva de tecnología: drones, videovigilancia y un mayor despliegue de sensores. La propuesta pasará este viernes por el Consello Forestal antes de su entrada en vigor.

Qué incluye el plan y cómo cambia el dispositivo de extinción

Más presencia sobre el terreno y más «ojos» en el aire son la columna vertebral del Pladiga 2026. La Xunta ha decidido ampliar la red de vigilancia con tecnología no tripulada y cámaras fijas en puntos estratégicos, una medida que el presidente Alfonso Rueda definió como necesaria para «adaptarse a los nuevos tipos de incendios de enorme intensidad que hemos visto en los últimos veranos».

Junto a los sistemas de detección, el plan reforzará la plantilla operativa con la incorporación de 42 brigadas adicionales durante los meses de alto riesgo. En paralelo se incrementa la dotación técnica de coordinación: la UDEX (Unidade de Directores de Extinción) crece de 6 a 15 expertos, con el objetivo de mejorar la gestión táctica de los medios aéreos y terrestres en siniestros de gran envergadura.

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Otra de las novedades anunciadas es la ampliación del periodo de trabajo del personal fijo discontinuo, una figura clave en la lucha contra los fuegos. No se han detallado todas las cifras de plantilla ni el coste total del plan en la rueda de prensa posterior al Consello, pero la estrategia apunta a compactar un dispositivo más prolongado en tiempo y más especializado en funciones: prevención, detección y extinción.

Las aeronaves siguen siendo parte del engranaje, con prioridad para medios que permitan una respuesta rápida en condiciones de gran violencia del fuego. No obstante, responsables técnicos de la Xunta han admitido que la tecnología es complementaria: la eficacia real dependerá de la capacidad de apertura de cortafuegos, mantenimiento de franjas perimetrales y la coordinación con ayuntamientos y brigadas locales.

Prevención, manejo del territorio y críticas antiguas que persisten

La Xunta presenta el Pladiga 2026 como una actualización frente a incendios más intensos y rápidos. Sin embargo, el debate que tradicionalmente acompaña a cada plan vuelve a girar en torno a la prevención y la gestión del paisaje. En Galicia, con su mezcla de monte raso, mosaico agrícola y zonas de matorral, la complejidad del problema es tan ambiental como social: el abandono rural, la regresión de prácticas agrarias y la concentración de la propiedad hacen más difícil mantener el monte en condiciones seguras.

Organizaciones vecinales y asociaciones agrarias recuerdan que no es la primera vez que un plan prioriza medios y equipos sin dotar al territorio de las medidas estructurales necesarias: limpieza de maleza, pastoreo, manejo de cortafuegos y incentivos para recuperar usos del suelo. En O Barco de Valdeorras, donde vecinos siguen recordando incendios que arrasaron miles de hectáreas, la preocupación es práctica: más brigadas y drones sirven de poco si no se trabaja la ribera de los núcleos urbanos y la red viaria secundaria, crucial para salidas y entradas de camiones de extinción.

También reaparece la discusión sobre la videovigilancia. Para las administraciones supone un avance en la detección y la disuasión; para parte de la oposición y de la sociedad civil, plantea dudas sobre privacidad, eficacia real y dependencias tecnológicas. Los alcaldes rurales, por su parte, piden coordinación en tiempo real y formación para aprovechar esos sistemas cuando la alerta se activa.

Repercusiones prácticas y los próximos pasos

El Pladiga 2026 deberá sortear ahora el trámite del Consello Forestal y el calendario de un verano que, tras varios años de grandes siniestros, presiona para que las medidas sean palpables. A corto plazo, los municipios recibirán indicaciones sobre ubicación de cámaras y rutas prioritarias para las nuevas brigadas; a medio plazo, la ampliación de la UDEX pretende mejorar la toma de decisiones tácticas en incendios complejos, donde se conjugan factores meteorológicos, topográficos y de combustible vegetal.

Fuentes del sector indican que la llegada de más droness y sensores puede acelerar la detección temprana, reducir falsos positivos y optimizar el uso del helicóptero y el avión. Pero a falta de conocer el presupuesto desglosado y cómo se gestionarán contratos y personal, persiste la inquietud por la sostenibilidad del modelo: mantener 42 brigadas adicionales año tras año exige financiación estable y políticas que eviten la precariedad laboral que suele acompañar a plantillas temporales.

De fondo, la asignatura pendiente es una política rural activa que combine prevención forestal con medidas para frenar la despoblación y recuperar un paisaje menos combustible. Más madera contra el fuego —en sentido figurado y literal— no es la única receta; harán falta acuerdos con propietarios, programas de agrogestión y apoyo real a pastores y a pequeños agricultores que, en muchas comarcas gallegas, son la primera línea de defensa contra la expansión del monte natural.

Este Pladiga llega en un momento de alta sensibilidad social por los incendios. Los próximos meses servirán para comprobar si la combinación de medios humanos ampliados, mayor soporte técnico y vigilancia tecnológica logra reducir la capacidad de los fuegos para convertirse en catástrofes. Para Galicia, donde el monte es paisaje, economía y memoria, el éxito no será solo bajar hectáreas quemadas: será demostrar que es posible convivir con el monte sin que arda cada verano.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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