La Consellería de Infraestruturas ha colocado en los últimos días dos grandes señales amarillas en la PO-313, la carretera que une Moaña con Marín, para avisar de la posible entrada de caballos en la calzada y recomendar la reducción de la velocidad. La actuación responde al empeoramiento de la presencia de equinos sueltos en la vía durante los últimos años y a la elevada frecuencia de avisos al 112, que obligan a movilizar a cuerpos de seguridad y emergencias. La medida busca, según la administración autonómica, disminuir el riesgo inmediato para conductores y peatones en los tramos más afectados.
Los paneles se han instalado en el punto kilométrico 7, en sentido Marín-Moaña, y en el 11, en dirección a Marín, muy próximos al cruce de bajada hacia el local comunal de A Tioura, un lugar señalado por los vecinos como uno de los más conflictivos. Fuentes de la consellería señalan que la elección de esos emplazamientos obedece a los partes de siniestros y avisos recibidos en los últimos meses. Las señales son de color amarillo intenso y contienen un pictograma que advierte de la posible presencia de equinos, acompañadas de la recomendación de moderar la velocidad.
El incremento de avisos al 112 por animales en la carretera ha obligado a que la Policía Local y Protección Civil actúen con frecuencia para regular el tráfico y retirar a los animales cuando es posible. El Concello de Moaña contabiliza una media aproximada de un centenar de intervenciones de este tipo al año, una cifra que refleja la recurrencia del problema y la carga operativa sobre los servicios municipales. Los agentes y voluntarios de emergencias han alertado además del peligro añadido que suponen estas salidas, especialmente en tramos sin iluminación y en horas de poca visibilidad.
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Conoce más →Los vecinos llevan años denunciando el exceso de velocidad de algunos conductores en este tramo de la PO-313, una circunstancia que agrava la probabilidad de atropellos o colisiones con animales. Desde el Concello insisten en que, además de la señalización, son necesarias medidas físicas para reducir la velocidad, como reductores o reformas en la geometría de la vía en los accesos a los núcleos. La propuesta municipal contempla además campañas de concienciación para conductores implicados y peatones, y la instalación de elementos de calmado de tráfico en puntos concretos.
En noviembre pasado se registró otro incidente grave más allá del mirador de A Fraga, cuando un animal resultó gravemente herido tras ser golpeado por un vehículo y tuvo que ser sacrificado. La intervención se produjo a primera hora de la mañana, con escasa visibilidad y sin iluminación artificial en la zona, lo que multiplicó el riesgo para los agentes encargados del control del tráfico y la retirada del cadáver. Ese suceso motivó nuevas reclamaciones ciudadanas para intensificar las medidas preventivas y evitar repeticiones.
El Concello intentó recientemente implicar a la Consellería do Medio Rural en la búsqueda de una solución conjunta para los llamados caballos mostrencos, pero la respuesta fue que la gestión de animales sin propietario corresponde, en primer término, a los ayuntamientos. Esa postura ha generado malestar en la corporación municipal, que demanda recursos y competencias claras para actuar sobre animales que viven en el monte pero que acceden con frecuencia a la red viaria. La fragmentación administrativa complica, a juicio de ediles y vecinos, una respuesta coordinada y eficaz.
La Xunta, por su parte, plantea además la ejecución de una senda peatonal para los tramos más urbanos de la PO-313 en la parte alta de Moaña, una obra que podría contribuir a separar flujos y mejorar la seguridad de peatones y ciclistas. El Concello y los residentes han anunciado que presentarán propuestas concretas de medidas físicas complementarias para la carretera, aunque por ahora no hay un calendario cerrado para su implantación. Tampoco se ha concretado si habrá refuerzo de vigilancia o campañas informativas inmediatas tras la instalación de los carteles.
Mientras tanto, conductores y vecinos piden una respuesta más amplia que combine señalización, obras de calmado, gestión de los animales y coordinación entre administraciones. La proliferación de caballos en los márgenes de la PO-313 plantea un reto de seguridad vial y de gestión del medio rural que, según coinciden las partes implicadas, exige soluciones sostenibles y compartidas. La incertidumbre persiste sobre las siguientes actuaciones, pero la colocación de las señales supone, al menos, un primer gesto de prevención ante una problemática que afecta a la movilidad y a la convivencia en la comarca.
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