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Lo que mueven las grandes giras como la de Rosalía: un millón de entradas y 100 millones de euros en ‘ticketing’

Lo que mueven las grandes giras como la de Rosalía: un millón de entra

Los interiores de la industria del directo

Rosalía, durante un concierto de la gira de su tercer disco, ‘Motomami’, en el Palau Sant Jordi, el 23 de julio de 2022. / FERRAN SENDRA

La gran industria de la música en directo, pasado el explosivo ciclo pospandémico, va estabilizándose en una realidad que sigue siendo boyante y redoblada respecto a tiempos muy recientes.

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La facturación de las 100 mayores giras mundiales retrocedió un 6,1% en 2025, según ‘Pollstar’ (un “retorno a la Tierra”, tituló su informe anual), si bien sus 7.643 millones de euros representan un 60,8% más que en el último ejercicio pre-covid, el del año 2019.

Prosperidad que, en este 2026, debe asentarse en giras como la que está a punto de emprender Rosalía, el ‘Lux Tour’, que arrancará en Lyon el 16 de marzo y recalará semanas después en Madrid (Movistar Arena) y Barcelona (Palau Sant Jordi), con cuatro noches en cada plaza.

Rosalía, durante su actuación en los Brit Awards 2026, el 28 de febrero en Manchester. / ADAM VAUGHAN / EFE

El impacto del ‘Lux Tour’ y cifras del sector

El ‘Lux tour’ consta de 57 conciertos a lo largo de este año (a la espera de ver si seguirá en 2027), todos ellos en ‘arenas’, es decir, pabellones deportivos o multiuso.

Entradas vendidas en casi todas las ciudades, con apenas algunos flecos en localidades de baja visibilidad o a través de la reventa ‘fan to fan’.

La cifra exacta de ‘tickets’ despachados no ha sido precisada por la promotora, Live Nation, pero la suma de los aforos de los 31 locales en los que recala la gira se sitúa en torno a las 980.000 localidades, un dato finalmente condicionado a lo que ocupe el escenario y del formato ajustado en cada plaza.

El aforo medio de las salas, para un uso musical, bascula alrededor de los 17.200 asistentes.

El precio medio de las entradas está en la franja de 85-95 euros, si bien los paquetes ‘vip’ encarecen el cálculo y lo elevan por encima de los 100 euros, con lo cual la multiplicación resultante proyecta la recaudación global del ‘tour’ hacia el umbral de los 100 millones.

Es un aumento exponencial respecto a la anterior gira de Rosalía, el ‘Motomami tour’, que, en 2022, en su etapa de ‘arenas’ y auditorios cubiertos (antes de saltar a los festivales en 2023) reportó una ‘box office’ de 26 millones de euros tras ofrecer 46 conciertos que congregaron a unas 440.000 personas (ahí, la asistencia media fue de 9.565 por noche).

Números, de todas formas, inferiores a los que, por ahora, registran los gigantes del sector.

El campeón mundial de 2025 resultó ser Coldplay con la cuarta temporada de su gira de estadios ‘Music of the spheres’ (59 conciertos, 3,5 millones de entradas, 400 millones de euros), seguido de Beyoncé, Kendrick Lamar & SZA, The Weeknd y Shakira.

De media, Coldplay reunió a 59.322 asistentes por concierto, que pagaron 114 euros.

Coldplay, durante un concierto en el Estadi Olímpic, en mayo de 2023. / Kevin Mazur

El negocio de las promotoras y el reparto de ingresos

Buena parte del negocio global se lo reparten unas pocas promotoras: Live Nation, la que mueve el ‘Lux tour’, es la líder (con un 34-36% del mercado), seguida de AEG y Eventim (que en 2018 compró el 63,5% de la barcelonesa Doctor Music).

El ‘modus operandi’ parte de la compra de la gira del artista (hablamos de conciertos propios, ‘headline shows’, no de festivales), a la que se le ofrece un caché fijo por concierto, un ‘guarantee fee’, que luego se mueve al alza si el ‘tour’ ha superado determinado umbral de venta de entradas (un 85 o un 90%, por ejemplo) o bien se han recortado los gastos que estaban previstos.

Cada caso es un mundo, hay que decir.

La parte del artista bien puede situarse en un 80% del resultado neto del concierto, si bien puede subir hasta el 90 o el 95%.

“Si el resultado es muy positivo, te dejan ganar ese 20% restante, o tal vez menos. Cuando más grande es el artista, menos margen te queda”, explica Erik Newton, creador de la promotora United Live, tras largas experiencias en Concert Studio y Clipper’s.

Se pueden pagar adelantos al artista, y es frecuente un 50%, pero depende de cada caso.

La relación entre ambas partes ha encajado algunos cambios a lo largo del tiempo.

“Ahora, el artista ya no depende tanto del promotor y de sus campañas de comunicación para vender entradas. Con un post en Instagram quizá ya basta”, observa Newton, que ve al artista “como el propio promotor del concierto, en el que tú eres un socio encargado de la producción local”, ya que “sabe cuánto ganarás y tiene todo el presupuesto muy detallado”.

A partir de ahí, “en función del volumen de venta, te aprieta más en el porcentaje y te permite ganar más o menos”.

Producción, gastos y riesgos

Una parte de la producción del concierto la asume el artista (escenografía, pantallas, músicos, ensayos, ‘crew’) y otra la promotora: montaje, carga y descarga, seguridad, ‘riggers’, tal vez el escenario sobre el cual se colocarán los elementos del ‘show’ (insistamos en que cada gira tiene sus propias leyes).

Y el alquiler del local, que, cuando hablamos de ‘arenas’, no suele corresponder a una tarifa fija, sino a un porcentaje de la facturación, entre el 12 y 15%.

Las grandes promotoras apuestan por sus propios recintos para atar más en corto el negocio: Live Nation se ha asociado con el Atlético de Madrid para levantar una ‘arena’, trabaja en una operación parecida en Munich y anunció el mes pasado que había comprado La Défense Arena, de París (45.000 localidades).

Fans con pulseras luminosas durante el concierto de Coldplay en el Estadi Olímpic Lluis Companys. / EPC

Los cachés y el ‘guarantee fee’ son confidenciales, si bien algunos promotores consultados hablan de conciertos internacionales en ‘arenas’ donde los ingresos por ‘ticketing’ rondan el millón de euros y al artista le corresponden entre 350.000 y 400.000 (que incluyen sus gastos de producción).

El promotor debe tener en cuenta el 10% de IVA y el canon por derechos a la SGAE, que está en el 8,5% a partir de 1.000 asistentes, dinero este que puede ir a parar al artista, íntegra o parcialmente, si es el autor o coautor de las canciones que interpreta.

Otras vías de ingresos y el papel de la tecnología

El cantante o grupo absorbe ingresos por otros canales, como el ‘merchandising’ (un sector desbocado: 35,50 euros de gasto medio por asistente y concierto en el ‘Eras tour’ de Taylor Swift) y el aumento de la difusión de su catálogo musical allá donde va la gira.

Un estudio de Luminate dice que, durante la semana del concierto, la reproducción de canciones del artista sube un 42% respecto a las ocho semanas anteriores.

Taylor Swift, en la primera de sus dos actuaciones en el Santiago Bernabéu, en 2024 / José Luis Roca

Los patrocinios fueron años atrás otra vía de negocio, pero no tanto en la actualidad.

“Puede haber un artista que venga con su patrocinador, negociado con él, pero hoy no es en absoluto habitual”, explica Albert Salmerón, fundador de Producciones Animadas y que fue, durante ocho años (2017-25), el presidente de la APM, Asociación de Promotores Musicales.

“En la era pre-festivales sí que los había, marcas de cerveza o vaqueros. Ahora se han desviado a los festivales”.

Con todo ellos, “el artista no asume riesgos”, deja claro Erik Newton, y “si no se venden las entradas, es el promotor quien palma”.

No es ninguna novedad, apunta Albert Salmerón. “Siempre ha sido así. Lo habitual es pagar un caché fijo mínimo con el que el artista tiene la contrapartida asegurada”, subraya.

Y saber si el local se va a llenar sigue sin ser una ciencia exacta, aunque la tecnología ayude a afinar el tiro.

“Si fuera fácil, cualquiera sería promotor de conciertos”, suele decir Gay Mercader.

Plataformas como Spotify, con su sección profesional Spotify for Artists, facilita métricas del consumo musical por países y ciudades.

“Pero las cifras pueden ser engañosas: una canción puede tener millones de escuchas porque se ha colado en una ‘playlist’ y eso no tiene porqué traducirse en entradas vendidas”, indica Albert Salmerón.

Pero la incertidumbre no es un parámetro que se tenga en cuenta en una gira como el ‘Lux Tour’, de Rosalía, con esos ‘sold outs’ (o casi) repartidos por el hemisferio occidental.

Conciertos de producción que se insinúa cara, ateniéndonos a la grabación orquestal y coral, y a la pista que dispensó su actuación en los Brit Awards.

‘Show business’ de gran calado, con una compleja cadena de agentes e intermediarios, al servicio de un producto con carga emocional, fechas que miles de personas llevan meses marcando en rojo en el calendario.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.