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Los audios de un minero de Cerredo, incorporados a la causa: «No se están haciendo las cosas bien; va a pasar algo grave»

Cerredo, 31 de marzo de 2025. Los mensajes de voz enviados por uno de los mineros que perdieron la vida en la explosión de la explotació́n de Cerredo han ingresado en el expediente judicial y dibujan, con crudeza, un escenario de trabajo en el que se advertían riesgos no solventados. En los audios, el trabajador relata jornadas extenuantes, zonas inundadas, galerías sin salida y una sensación persistente de peligro: “No se están haciendo las cosas bien y va a haber una desgracia”, llega a decir en uno de ellos.

Los audios y la reconstrucción de los hechos

Las grabaciones, remitidas a su pareja en los días previos al siniestro, describen tareas de extracción de carbón que se desarrollaban pese al clima de alarma entre la plantilla. Según la transcripción incorporada al procedimiento, el minero relata frases como “ya cargué diez camiones… desde las 7:20 sin parar” y advierte sobre la falta de ventilación y la presencia de agua: “está inundado y sale una chocolatada”. Esa combinación de trabajo intensivo y condiciones adversas coincide con las primeras hipótesis sobre la explosión por grisú en un sector de la mina con ventilación deficiente.

Fuentes próximas a las familias confirmaron a este periódico que las grabaciones fueron autenticadas y entregadas al juzgado. La abogada que representa a los allegados, Beatriz Llamas, sostiene que esos mensajes son clave porque muestran no solo el conocimiento del riesgo por parte de los trabajadores, sino también la percepción de que no se adoptaban medidas correctoras a tiempo. La investigación judicial sigue abierta y, a falta de una resolución definitiva, los audios alimentan la tesis de que existía un conocimiento previo de deficiencias que no fueron subsanadas.

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En uno de los fragmentos más escalofriantes, el minero subraya la peligrosidad del trazado en el que trabajaban: galerías que “no tienen salida”, lo que haría extremadamente difícil cualquier evacuación en caso de emergencia. Esa advertencia coincide con la mecánica de los accidentes por acumulación de metano: sin vías de escape ni ventilación adecuada, una chispa puede ser letal. Aquel 31 de marzo, la detonación dejó cinco trabajadores fallecidos y otros cuatro heridos, una cifra que vuelve a poner sobre la mesa los debates sobre seguridad en el subsector.

«Hay que ir de atrás para adelante y vamos al revés (…) Si se hunde la mina, ¿para dónde salimos? No tenemos pa’ dónde ir»

Antecedentes y memoria minera en el noroeste

La tragedia de Cerredo no ocurre en el vacío. En Asturias y en las comarcas limítrofes de Galicia existe una memoria minera larga y a veces dolorosa: cierres, reconversiones y también accidentes que han marcado a comunidades enteras. A diferencia de las grandes explotaciones a cielo abierto que han protagonizado la última década, las galerías subterráneas siguen siendo un capítulo del que dependen todavía empleos y economías locales, pero también una fuente de riesgos particulares, como el grisú, inundaciones internas y problemas de ventilación.

En Galicia, municipios como As Pontes o áreas con explotaciones históricas han transitado procesos de desmantelamiento y reindustrialización en los últimos años. Esa experiencia cercana ayuda a entender la sensibilidad social que despierta cualquier accidente de este tipo en el noroeste ibérico. Los sindicatos vienen reclamando desde hace tiempo controles más rigurosos y mayor supervisión administrativa; sin embargo, las familias afectadas en Cerredo sostienen que las advertencias que lanzaron los trabajadores no obtuvieron la respuesta suficiente.

No es la primera vez que la voz de un trabajador —en mensajes, cartas o declaraciones— anticipa un problema. En este caso, la existencia de audios con advertencias explícitas aporta un elemento probatorio inusual: no se trata solo de testimonios a posteriori, sino de grabaciones previas que muestran el clima de alarma interno. A falta de la resolución judicial, esos registros serán objeto de peritajes técnicos para determinar si las deficiencias narradas tuvieron relación directa con la explosión.

Repercusiones y próximos pasos en la investigación

Las consecuencias políticas y administrativas ya se hacen notar. A nivel local, concejos próximos han exigido inspecciones más sistemáticas de pozos y galerías; a nivel autonómico se han reclamado informes detallados sobre permisos de explotación y sobre la autorización de la maquinaria que, según los audios, estaba siendo montada para el tratamiento del carbón. En uno de los mensajes el trabajador explica que “montando las máquinas… lo que sobra del carbón, se prensa”, una alusión que podría apuntar a actividad extractiva más allá de los permisos vigentes.

Las familias, por su parte, han anunciado que seguirán el proceso judicial con firmeza. La representación legal considera que los audios refuerzan la posible existencia de responsabilidad penal por omisión de medidas de seguridad. Desde las administraciones se insiste en la necesidad de esperar al informe forense y a los peritajes técnicos, aunque la opinión pública ya ha colocado la gestión de la seguridad en el centro del debate.

Mientras tanto, la comunidad minera de Cerredo y los concejos limítrofes afrontan el duelo. Los testimonios cuentan historias individuales de supervivencia económica: “Nunca tuve tan pocas ganas de ir al trabajo como ahora mismo”, confiesa el autor de las grabaciones en un pasaje que refleja el agotamiento psicológico de muchos mineros que mantienen empleos peligrosos por falta de alternativas. Esa realidad social, frecuentemente olvidada en los despachos, vuelve a emerger con fuerza cuando sucede lo peor.

Quedan preguntas por responder: quién autorizó cada actuación en la explotación, si las empresas responsables cumplieron las obligaciones de ventilación y control de gas, y qué protocolos de evacuación existían y se aplicaron. Las próximas semanas serán decisivas: los informes técnicos y las periciales marcarán el rumbo del procedimiento y, con ellos, la posibilidad de que se adopten medidas que eviten que una tragedia así se repita. Para las familias, que ya han perdido a cinco seres queridos, esos pasos no compensan el daño, pero sí ofrecen la esperanza de que se depuren responsabilidades y de que las lecciones aprendidas sirvan para proteger a quienes aún trabajan bajo tierra.

En la memoria colectiva de las cuencas del norte, la mina sigue siendo lugar de sustento y de peligro. Que ahora salgan a la luz grabaciones que avisaban del riesgo obliga a una reflexión urgente: no solo sobre normas y sanciones, sino sobre cómo se escucha a quienes cada día bajan al tajo y perciben lo que las cifras oficiales no siempre muestran. A falta de confirmación de todas las responsabilidades, la prioridad inmediata debe ser proteger vidas y garantizar que el aviso repetido por un trabajador no vuelva a quedar en un mensaje sin respuesta.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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