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Los más de 50 acentos de la sanidad viguesa

Los más de 50 acentos de la sanidad viguesa

España mira hacia ellos como una de las vías para cubrir el déficit de profesionales que acusa en su sanidad.

Por mejorar sus condiciones, por abrirse más oportunidades de desarrollo profesional o por buscar un país más seguro, los extranjeros visten cada vez más los pijamas y batas blancas en centros sanitarios.

Presencia extranjera en la sanidad viguesa

Esa es la percepción de los distintos colectivos que participan en la sanidad viguesa.

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Por ejemplo, del Colegio Oficial de Enfermería de Pontevedra, aunque no tiene un registro concreto sobre este aspecto, y en el Colegio Oficial de Médicos de Pontevedra, pese a que tampoco tengan datos históricos que permitan comprobar esa evolución.

En este último, en especial, lo están notando ahora más en profesionales de procedentes de Sudamérica y, principalmente, de Venezuela y Cuba.

En la provincia están colegiados 647 galenos de otros países.

Los más numerosos son, precisamente, los venezolanos (98), en igual número que los vecinos portugueses.

Les siguen, ya a cierta distancia, los colombianos (68) y cubanos (60).

Entre los quince primeros, solo hay otros dos orígenes no americanos: italianos (56) y alemanes (9).

Dos tercios del total proceden de Sudamérica y América Central, mientras que un 29% son europeos.

Pero también hay guineanos (10), palestinos (5), rusos (4), un marroquí, un libanés o un angoleño, entre otras procedencias. Un total de 54 nacionalidades.

Trámites y retos para la homologación

“Les ayudamos en todo lo que podemos”, asegura Jorge Nogueira, secretario general de la institución.

Además del título homologado, para colegiarse deben presentar un certificado de buena praxis o no inhabilitación emitido por su país en los últimos seis o siete meses y que certifique que no hay ninguna circunstancia por la que se le haya impedido ejercer allí.

En algunos, como Venezuela, cuesta obtenerlo. “Pero se lo acaban dando”, señala.

El colegio de médicos de Madrid sí ha relajado las medidas para ciertos países, eximiendo de la presentación de este documento, algo que su homólogo de Pontevedra condena y ha denunciado.

Por otra parte, denunció a finales de 2024 que se estaban “produciendo conductas y acciones de presión para la convalidación de títulos fundamentalmente extracomunitarios de manera urgente, para suplir la carencia de profesionales de medicina de Atención Primaria, debida a una mala planificación de los recursos necesarios para cubrir las necesidades asistenciales del sistema sanitario público”.

Datos sobre profesionales extranjeros en Vigo

En la plantilla del Servizo Galego de Saúde (Sergas) en el área de Vigo son 131 sanitarios, procedentes de 28 países.

El colectivo en el que tienen más presencia es en el de Técnicos de Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). Son 40.

Le sigue el personal médico, con 38 profesionales: 14 son adjuntos de hospital; 15 ven adultos y uno a niños en Primaria; 5 están en Puntos de Atención Continuada (PAC); y 3 en Urgencias.

Las enfermeras son 32 y una matrona; celadores, 7; y técnicos, 5, entre otro personal.

La gran mayoría (97 de estos 131) tienen la doble nacionalidad.

Curiosamente, en cuatro de estos casos ninguna de las dos es española: hay una persona italiana-ecuatoriense; otra polaca-paraguaya; otra cubana-estadounidense; y otra venezolana-portuguesa.

Entre los 34 extranjeros, casi la mitad son portugueses (15) y hay otros seis europeos.

En conjunto, la nacionalidad con más presencia es la portuguesa (21). Seguida por la peruana (15) y la brasileña (13).

En el Hospital Ribera Povisa trabajan 53 personas de nacionalidad no española, con 13 procedencias diferentes.

Cincuenta están en servicios asistenciales y 3 en otros diferentes. Los portugueses también son los más habituales en el concertado.

La enfermera Diana Areias Martins. / Cedida

Testimonios de profesionales extranjeros

Del otro lado de la raia es Diana Cristina Areais Martins, una enfermera que, tras cubrir una baja en el centro de salud de Rosalía de Castro, ha vuelto a quirófanos.

Se vino porque allí «la carga es muy superior y la nómina, inferior».

Explica que «el enfermero, en España, tiene más categoría» y hace solo «el trabajo limpio», en comparación con su país donde asume tareas que aquí corresponden a las TCAE, que «hacen una labor increíble».

La única pega que ve es que «el sistema de contratación es muy complejo».

En las reuniones de captación que tuvieron con otros países, solo tenían que superar un examen inicial y una entrevista para tener estabilidad.

En los algo más de 5 años que lleva en Vigo ha encadenado unos 96 contratos. Y la falta de gallego le penaliza en las oposiciones.

Pero está cerca de la familia para visitarlos los fines de semana.

Por todo eso, esta opción atrae a sus compatriotas. «He ayudado a mucha gente a venir», destaca.

«Somos de la frontera y el hospital de referencia es Viana do Castelo, que la carretera para llegar está en malas condiciones. Te puedes plantear ir y venir aquí», sostiene.

Cuando ella vino, necesitó una homologación que tardó 4 meses.

Hoy se han simplificado mucho los trámites con la tarjeta profesional europea, un piloto que ha empezado con el reconocimiento de profesionales de Enfermería, Farmacia, Fisioterapia, guía de montaña y agente de la propiedad.

El neurorradiólogo Mauricio José Fernández D’Andrea lleva 9 años en España y, en Vigo, desde septiembre de 2020.

«Hice la carrera en mi país, pero había demasiada inseguridad y escasez».

Le fue «engorrosa» la cantidad de burocracia, pero lo ve «normal».

Él tenía la doble nacionalidad, por sus abuelos de La Palma, y lo tuvo más fácil que otros.

Le tardó 14 meses la homologación del título. Preparó el MIR en Valencia.

«Si haces la especialidad en Venezuela son solo 3 años, por lo que es difícil que luego te homologuen, es más rápido hacerla directamente aquí», señala.

Pone de ejemplo a un compatriota que optó por cursar de nuevo una especialidad en España por este motivo.

Más problemas tuvieron otros compañeros sin doble nacionalidad.

Por aquel entonces, los cinco años que el Estado paga a los residentes para que se formen en una especialidad médica no les valía para conseguir el visado de trabajo y, si al terminar no lograban un contrato de un año, no se podían quedar.

Eso ya ha cambiado.

La doctora Miriela Cristina Hechavarría García, médica de familia en A Doblada / Alba Villar

La doctora Miriela Cristina Hechevarría García es médica de familia con una interinidad en A Doblada.

Lleva en Vigo 20 años. Se vino con su hijo porque «la situación del país era difícil» y aquí tenía familia.

Hizo cálculos y, para ganar lo mismo que su primo mecánico «mileurista» en Vigo «tenía que trabajar 10 o 12 años».

Aunque destaca que, en aquel momento, «el sistema de salud de Cuba era muchísimo mejor que el español», sin esperas.

«Fue complicado el proceso de salir de Cuba, pero una vez que llegué y comencé a trabajar, fue más fácil», rememora.

Tuvo que pedir una liberación al Ministerio de Salud Pública.

Es una de las que tuvo que repetir especialidad en España, porque la de su país no le valió.

Empezó trabajando en la privada y luego se presentó al examen MIR. Ahora tiene la oposición aprobada.

Igual que Diana o Mauricio nunca se ha enfrentado a ningún episodio de discriminación por su origen.

«Siempre me he sentido muy bien acogida. Si me preguntan por el acento, es desde el respeto y la curiosidad, nada más», asegura.

Se siente viguesa. «Cuando puse los pies aquí dije: ‘Este es el sitio que he estado buscando toda mi vida’».

El doctor Héctor Julio Navarro Velásquez se mudó desde Colombia con su novia, colega médica, por las mejores oportunidades para desarrollarse profesionalmente.

Allí eran médicos generales que trabajaban en cuidados intensivos de adultos como en un aprendizaje con especialistas. «Aquí eso es inadmisible», explica.

Hacer la especialización era caro y de acceso limitado. Así que, en 2011, decidieron venirse.

Prepararon los dos el examen MIR en la reputada academia de Asturias.

Unos años antes, habían bajado las plazas a las que podían acceder los extranjeros al 6%.

«Tuvimos buena puntuación, pero no pasamos», recuerda.

Lo volvieron a intentar. Fue duro, porque con el visado de estudiante no se puede trabajar más que unas pocas horas.

Les cobijó la mejor amiga de ella, que estaba en Ourense y se entregaron al estudio.

Ella logró coger una plaza de Anestesia en el Meixoeiro y él, una de Medicina de Familia.

Cuando empezaron la residencia, su ahora esposa se había quedado embarazada. «Fue un triple premio».

Vino a España su familia a ayudarles. Acabaron en 2017, poco después de que reformaran la concesión de permisos de trabajo a MIR.

«Ahora se cambia la visa de estudiante por la de trabajo», explica el doctor, que no entiende lo que se hacía antes: «¿Cómo forma a médicos y los dejas ir?».

Él estuvo a punto de irse a Suecia. «Estaba encaminado», cuenta.

Pero le ofrecieron un puesto en el Barco de Valdeorras, donde estuvo dos años y medio.

Volvió junto a su mujer e hija con un salto de Salvaterra al centro de salud de Rosalía de Castro.

«Para un mejor porvenir» para sus hijos pequeños. Por eso cambió Lina Marcelo Arango Carmona Colombia por España hace 26 años, cuando la empresa de envasado de patatillas en la que trabajaba cerró.

No pudo sacar la acreditación de sus estudios y tuvo que repetir aquí desde los primarios.

Primero se dedicó a la limpieza y, cuando sus hijos crecieron y tuvo más tiempo para estudiar, se sacó el ciclo medio de TCAE.

Ya va por la segunda oposición que se presenta, pero desde que entró en las listas del Sergas, trabaja «continuamente».

«Quiero mucho a mi tierra, pero siempre le digo a mi marido que voy a morir aquí», resalta y aprecia, sobre todo, «la seguridad, la sanidad y la educación».

La doctora Cynthia Garibay Lagos estima que un tercio de todas las promociones de Medicina de su ciudad natal, Lima, prueban a desarrollar su carrera en España, «por el idioma, porque tienen familia…». Ella probó primero si le gustaba el país.

Madrid y Barcelona no le agradaron y leyó una noticia sobre Ángel Carracedo y que contaba en Galicia con la máquina de secuenciación genética más actualizada de España.

Así que se fue a hacer un máster a Santiago. «Me gustó el clima, la gente, el ritmo de vida». Ya no se movió.

Ella buscaba mejores condiciones laborales y más seguridad.

«Cuando aquí veía a una chica sola por la noche, con los taquitos, me daba taquicardia de pensar que le iba a pasar algo. En mi país no te puedes dar ese lujo», explica.

Se vino con doble nacionalidad y el título ya homologado y está cursando aquí la especialidad de Medicina del Trabajo, que «es un poco desconocida».

La enfermera Laura Antón Antón cubre una vacante en diálisis peritoneal del Álvaro Cunqueiro.

Llegó hace 21 años, cuando tenía 33, tanto por la inseguridad en su país, como por la enfermedad de su padre. «Es gallego y quería venirse», apunta.

Tardó tres meses en obtener la homologación de la carrera de Enfermería, gracias a la ayuda de una gestoría que le fue a buscar en persona documentos con los que no había viajado.

Llegó en la época en la que los contratos de Enfermería escaseaban y los profesionales gallegos emigraban a Europa.

Se metió en las listas del Sergas, pero tardaron 9 años en llamarle.

Mientras, trabajó en el bar con sus padres y atendiendo a domicilio.

Cuando falleció su padre y dejaron el bar, necesitaron ayuda.

En el Instituto Nacional de la Seguridad Social le recomendaron preparar el Celga y, con esa puntuación, escaló las posiciones suficientes.

Desde 2014 ha encadenado trabajos.

Es la única consultada en este reportaje que sí vivió discriminación en el ámbito laboral. «Una vez nada más». Fue una médica que le dijo: «Lo siento, pero soy xenofóbica».

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.