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Los pupitres y aulas de la Sarria del siglo pasado

Los pupitres y aulas de la Sarria del siglo pasado

Hace medio siglo, antes de la apertura de los dos institutos y del colegio Frei Luis de Granada, la enseñanza en Sarria se sostenía en buena parte en centros privados y de patronato. En las décadas de los años 50 y 60 convivieron en la villa alrededor de una decena de escuelas y academias que suplieron la escasa oferta pública de entonces. Estos centros, promovidos por órdenes religiosas, familias o iniciativas privadas, daban respuesta a la demanda de primaria, bachillerato y formación comercial. La implantación de esas escuelas explica cómo se organizó la educación local hasta la consolidación de la red pública moderna.

Según recuerda el investigador Xaime Félix López Arias, del Seminario de Estudos Sarriaos Francisco Vázquez Saco, varias de las primeras escuelas funcionaron bajo la fórmula del padroado: el Estado sufragaba al profesorado y el patronato —en muchos casos la orden mercedaria— cedía los locales. Entre esas iniciativas destacaron las escuelas Divino Salvador y del Mazadoiro, impulsadas por los religiosos del convento de La Merced en los años 50, ubicadas en la Rúa Rosalía de Castro y en Matías López, junto al acceso al barrio de As Insuas. La escuela Divino Salvador llegó a ocupar el bajo de la vivienda de la maestra Antonina Rodríguez, que allí daba las clases.

Junto a las escuelas de patronato existían otras varias escuelas privadas de educación primaria que atendían barrios concretos. En la calle Benigno Quiroga se encontraba la escuela de las Alfonsinas; en Matías López actuó la de Marisol Santamarina, heredera del centro de Rosa Balboa; en Marqués de Ugena enseñaba Matilde y en Xela Arias ejercía Maruja Luciano. Esta última maestra dejó incluso huella en la memoria oral del municipio: una copla infantil de la época alude a su nombre como quien concedía las vacaciones a los niños.

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Más allá de la primaria, Sarria contó con un notable número de academias dedicadas a la enseñanza secundaria y a la formación para el trabajo. En la Rúa Marqués de Ugena se situó la academia Balmes, un centro con sedes también en Lugo y Monforte que ofrecía desde la primera enseñanza hasta bachillerato, cultura general y preparación de oposiciones. La academia Comercial, en Matías López, impartía cursos de comercio, mecanografía, bachillerato y clases de refuerzo para distintas pruebas, lo que la convirtió en un recurso habitual para jóvenes que buscaban acceso al mundo laboral o a estudios superiores.

En el casco urbano también funcionaron la Rosalía de Castro, en la Rúa da Liberdade, y la academia Felipe II, que comenzó en Xela Arias y posteriormente se trasladó a la Rúa Maior. Esta última nació de una iniciativa vecinal: en 1959 varios padres, reunidos en el cine Cissa y con el respaldo del consistorio local, decidieron crear un centro que atendiese bachillerato, comercio y magisterio, ámbitos entonces poco cubiertos por la oferta pública. La movilización familiar ilustra cómo la comunidad condicionó la organización educativa en la villa.

La proliferación de centros privados respondía, además de a la insuficiente inversión pública, a una demanda diversificada: las familias buscaban formación práctica para el trabajo, preparación para oposiciones y espacios donde cursar estudios de segundo ciclo. No era infrecuente que los alumnos combinaran las clases con pasantías en comercios u oficinas, una práctica que facilitaba la inserción laboral inmediata. Esa mezcla de teoría y práctica caracterizó la enseñanza local hasta que la ampliación de la red pública alteró el mapa escolar.

Con la apertura de los institutos y del colegio Frei Luis de Granada, la estructura educativa de Sarria comenzó a transformarse; la oferta pública se hizo más amplia y estable, y muchos de los pequeños centros privados adaptarían su actividad o cerrarían. Sin embargo, los testimonios y la documentación conservada muestran que aquellas escuelas y academias jugaron un papel central en la formación de generaciones enteras. Para investigadores locales, su estudio permite entender no solo la historia escolar, sino también las redes sociales y económicas del municipio en la posguerra.

Hoy, cuando se cumplen cincuenta años de algunos hitos institucionales, la memoria de aquellos pupitres y aulas sigue viva en los registros y en los recuerdos de antiguos alumnos y docentes. El relato de esas décadas ayuda a reconstruir cómo Sarria fue dotándose de infraestructuras y profesionales que, con el tiempo, permitieron la universalización de la educación en la comarca.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.