El proyecto comunitario Mans que Crean reúne a niños y mayores los segundos y cuartos viernes de cada mes en el aula de costura de A Barcala, en Cambre, para dar nueva vida a prendas y compartir técnicas de bordado, calceta y costura. La iniciativa, impulsada por Voluntariado Cambre en los locales municipales junto al parque infantil oeste, persigue reforzar los lazos sociales y combatir la soledad de personas mayores mediante el intercambio intergeneracional de habilidades. Las sesiones combinan aprendizaje práctico y compañía, con el objetivo declarado de fomentar la reutilización textil y una economía más circular. La actividad se celebra de forma periódica y, si mantiene la aceptación, seguirá después del verano.
En cada encuentro conviven participantes de entre diez y setenta y cinco años que trabajan en pequeños proyectos, desde arreglar bajos hasta transformar camisetas en bolsas o crear complementos personalizados. Los más jóvenes aprenden de quienes llevan años manejando aguja e hilo y, a la vez, aportan su energía y nuevas ideas creativas; algunos traen amigos y otros introducen a abuelos y abuelas en la actividad. Ese cruce de generaciones es la base práctica y emocional del programa, que apuesta por el aprendizaje compartido como herramienta de cohesión.
María Aneiros, presidenta de Voluntariado Cambre, destaca el entusiasmo que genera entre los niños y la reacción positiva de las personas mayores: «Tenemos dos niños de unos 10-12 años entusiasmados con la actividad; a veces traen amigos y hacen sus propios proyectos». Aneiros subraya que estas sesiones no solo transmiten técnicas tradicionales, sino que también mejoran el ánimo y el sentimiento de utilidad de quienes participan. La responsable asociativa asegura que la experiencia se vive con mucha naturalidad y que la continuidad del taller dependerá de la acogida en los próximos meses.
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Conoce más →La ruptura de estereotipos es otro de los objetivos del grupo: aunque las labores de costura estuvieron históricamente asociadas a lo femenino, la organización observa una creciente presencia de chicos interesados en aprender a subir bajos o transformar prendas. Ese aprendizaje básico, sostienen los impulsores, es útil para cualquier persona en su vida cotidiana y contribuye a la autonomía individual. Los monitores fomentan un ambiente inclusivo donde se valoran por igual la destreza técnica y la creatividad.
La filosofía del taller pasa por promover la reutilización y reducir el consumo: convertir ropa vieja en objetos útiles o en piezas únicas evita desperdicio y permite desarrollar complementos personales sin invertir grandes recursos económicos. Aneiros pone ejemplos concretos: una niña que convirtió una camiseta querida en una bolsa y otro niño que confeccionó una falda para una muñeca, gestos que reflejan la dimensión práctica y afectiva del trabajo. Además, algunos participantes han aprovechado el espacio para aprender a manejar máquinas de coser donadas o regaladas, convirtiendo el taller en un espacio de capacitación.
Voluntariado Cambre tiene en su agenda próximas iniciativas vinculadas a Mans que Crean, entre ellas una jornada de calceta al aire libre y un taller para elaborar un árbol de Navidad de crochet similar al que expusieron en su local de O Temple el pasado diciembre. Estas actividades estacionales buscan mantener la actividad y atraer a nuevos públicos con propuestas puntuales que permitan probar la dinámica del grupo. La entidad aprovecha el apoyo municipal para disponer de un local estable y programar sesiones regulares.
La propuesta se enmarca en una preocupación más amplia por la soledad no deseada entre la población mayor, un fenómeno que autoridades y asociaciones tratan de atajar con acciones comunitarias que promuevan el encuentro y el sentido de pertenencia. Iniciativas como Mans que Crean combinan aspectos sociales, culturales y formativos, y su éxito se mide tanto en la asistencia como en la ampliación de las relaciones personales que generan. El valor de la actividad trasciende la simple reparación textil: construye redes de apoyo y acompañamiento.
Los participantes relatan sensación de utilidad y mejoría en el estado anímico tras sumarse al taller; la convivencia en torno a un oficio tradicional facilita conversaciones y refuerza vínculos entre vecinos. El programa también pretende ser un ejemplo local de economía circular: menos compras impulsivas, más creatividad con lo que ya existe y la transmisión de saberes prácticos que permiten arreglar y personalizar ropa. Esa combinación de memoria, utilidad y cooperación es la que, según los organizadores, sostiene la continuidad del proyecto.
Los organizadores animan a cualquier persona interesada a acudir los segundos y cuartos viernes del mes al aula de A Barcala, abierta a todas las edades y niveles de experiencia. Si la respuesta de la comunidad sigue siendo positiva, Mans que Crean ampliará su calendario y las actividades complementarias previstas. De momento, el taller se consolida como una iniciativa local que teje redes y ofrece compañía a quienes más lo necesitan, a la vez que rescata técnicas y fomenta la reutilización.
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