Buenos días para quien busca pescado fresco en la Plaza de Abastos de Pontevedra. En las últimas dos semanas los mostradores han vuelto a mostrar una mayor variedad de especies y, con ello, los precios han moderado su escalada tras un invierno tenso para la pesca. Comerciantes y compradores coinciden: hay más género y, por ahora, la cesta del consumidor se nota menos castigada.
Aumenta la oferta y se ve en los mostradores
El mercado, ese templo de granito a orillas del Lérez, revive por las mañanas cuando los pescaderos colocan bancos de hielo y ordenan la mercancía recién llegada de la lonja. Vendedores con décadas de oficio explican que la mejora responde, sobre todo, a una mayor regularidad en las salidas de la flota. Con más barcos faenando, llegaron lotes más amplios que llenaron vitrinas donde hasta hace poco predominaban huecos y precios disparados.
Para los clientes, la diferencia se aprecia en especies tan variadas como la merluza, el rodaballo o el jurel. Sineiro, pescadero con puesto fijo en el mercado, lo resume con una mezcla de alivio y cautela: “se vende un poco de todo”, comenta mientras atiende a una pareja que pregunta por los precios. En alguna de las piezas más apreciadas, la reducción puede ser notable: alrededor de 8 y 10 euros por kilo menos que en los peores momentos de enero y febrero, según los comerciantes.
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Conoce más →La dinámica responde a la ley básica de la oferta y la demanda. Marzo, tradicionalmente, es un mes más flojo en ventas —la maleza turística aún no se ha activado del todo— y si a eso se suma una lonja con mayor entrada de género, el resultado es lógico: mostradores más surtidos y precios más contenidos. No obstante, los vendedores recuerdan que todo cambia de un día para otro en función del parte meteorológico y de lo que devuelva el mar.
En el recorrido por la plaza se encuentran puestos con acedías grandes y pequeñas, salmonetes, corujo, escacho, lubina, rapante, pescadilla, rape y raya. Tampoco faltan jurelitos, la xouba de Rianxo, boquerón, bacaladillas, choco y pulpo. En el apartado de marisco aparecen cigalas, almejas, berberechos y mejillones; en conjunto, un escaparate mucho más completo que el de semanas atrás.
Antecedentes: del temporal al alivio, y la sombra del encarecimiento global
El repunte no surge en el vacío. Tras un invierno marcado por temporales y por un encarecimiento del gasóleo que tensionó toda la cadena —desde la salida de los barcos hasta la venta en la plaza—, la pesca empieza a recuperar pulso. En febrero y marzo hubo jornadas en las que la escasez disparó cotizaciones y forzó a muchos puestos a reajustar su oferta. Ahora, la combinación de mejor tiempo, mayor operatividad de la flota y una demanda todavía moderada está prostando un respiro a consumidores y vendedores.
Sin embargo, hay factores externos que podrían cambiar el panorama con rapidez. La subida del combustible permanece como una factura pendiente que complica la rentabilidad de la pesca costera, y las tensiones geopolíticas en algunas rutas energéticas mantienen una presión inflacionaria que afecta a toda la industria. No es la primera vez que la inestabilidad mundial repercute en el mostrador local; basta recordar episodios recientes en los que el mercado reaccionó con subidas bruscas en las cotizaciones.
Además, la estacionalidad manda. Con el calendario, especies de fondo y de cocción dominan el invierno, mientras que la llegada del calor suele favorecer pescados azules más populares entre turistas y residentes. La coincidencia del Día del Padre, por ejemplo, ya ha impulsado compras de marisco para celebraciones familiares, algo habitual en la comarca que genera picos puntuales en la demanda y, por ende, ligeras alzas en algunos productos.
Repercusiones locales y qué esperar en las próximas semanas
Para Pontevedra, el Mercado de Abastos no es solo un lugar de compra; es un símbolo de identidad urbana y un motor económico para la Rúa Serra y el casco viejo. El resurgir del mostrador atrae clientes y también rejuvenece la actividad comercial de los alrededores: bares, tiendas y nuevas iniciativas gastronómicas observan de cerca la evolución de la plaza. En los puestos se percibe una mezcla de optimismo prudente: se vende más, pero todos saben que la bonanza puede ser frágil.
Los vendedores consultados coinciden en un diagnóstico prudente: si el tiempo acompaña y aumenta la afluencia de visitantes, la presión sobre ciertos productos se notará; si por el contrario la demanda se mantiene baja y la flota sigue regular, los precios podrían estabilizarse o incluso bajar un poco más. Silva, que atiende un mostrador con marisco procedente de Portonovo, apunta que las celebraciones familiares impulsan ventas puntuales de rodaballo, rape y lenguado, pero que la base del mercado sigue siendo la lonja y lo que entre cada mañana.
“Los jurelitos se han convertido estos días en una novedad muy apreciada por los clientes”,
dice María del Carmen Santos, que enumera con detalle el surtido del puesto: acedías, salmonetes, merluza, corujo, rodaballo, escacho, lubina, rapante, pescadilla, rape y raya, además de choco y pulpo. En su opinión, la materia prima que se exhibe estos días está “sabrosísima”, otra razón para que el consumidor local regrese a la plaza con frecuencia.
En términos prácticos, para quien quiera aprovechar este momento conviene acercarse temprano —las mejores piezas suelen venderse en las primeras horas— y hablar con el pescadero: muchos ofrecen raciones o piezas más pequeñas a precios ajustados, y el trato directo permite acceder a recomendaciones según la temporada. A falta de confirmación oficial sobre nuevas medidas que afecten a la flota, la calle y la lonja seguirán marcando el pulso del mercado.
En definitiva, la Plaza de Abastos de la Boa Vila ofrece ahora una mezcla de tradición y alivio económico. Queda por ver si este respiro será duradero o si factores externos —combustible, clima o mercados internacionales— devolverán la volatilidad a los precios. Mientras tanto, los pontevedreses pueden darse un gusto: buenos ejemplares sobre hielo, una conversación con el pescadero y, si se quiere, un rodaballo para celebrar el Día del Padre sin que la factura resulte prohibitiva.
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