Acisclo Manzano inauguró el 24 de febrero en el edificio del Museo das Peregrinacións de Santiago de Compostela la muestra «Acisclo Manzano. Bosquexos para Mateo», una exposición que revisita y dialoga con el Pórtico de la Gloria del Maestro Mateo. La muestra, promovida y financiada por la Consellería de Cultura, Lingua e Xuventude de la Xunta de Galicia y comisariada por Manoel Carrete, transforma la antigua cámara acorazada del antiguo Banco de España en un nuevo espacio de interpretación. La iniciativa pretende acercar al público la mirada contemporánea de un escultor ourensano sobre un icono medieval, a la vez que enlaza con la conmemoración del Día das Artes de Galicia.
En la sala principal, las piezas de Acisclo reproducen y reimaginan la iconografía del Pórtico: aparecen los veinticuatro ancianos del Apocalipsis, profetas, mártires, Adán y Eva, evangelistas, ángeles y apóstoles, además de referencias a las columnas marcadas por las huellas de peregrinos. La disposición de las obras busca recrear la lectura coral y jerárquica del conjunto medieval, pero filtrada por la estética y el proceso creativo del autor. La inscripción que data el Pórtico en 1188 sirve aquí como hilo conductor histórico y simbólico.
La exposición estará abierta al público durante cuatro meses y ocupa un espacio singular del museo compostelano, la antigua cámara del Banco de España, que por su carácter subterráneo y abovedado permite una recepción distinta de las piezas. Según el comisario, las obras de Acisclo no pretenden copiar literalidades sino «tamizar» las formas originales con un lenguaje contemporáneo que a veces las deconstruye. Ese diálogo entre pasado y presente es uno de los ejes que vertebra la muestra y su discurso museográfico.
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Conoce más →La trayectoria del artista, conocido desde los primeros años de la década de 1980, aparece patente en la elección de materiales y en la intensidad de las texturas. Sus piezas de terracota, barro y otros soportes muestran un tratamiento táctil que alterna superficies lisas y pulidas con zonas ricas en rizos y estrías, recurso que imprime movimiento y una sensación de cuarto grado espacial a las figuras. En esas formaciones emergen rostros femeninos —las ninfas, hoy recurrentes en su producción— que contribuyen a la emoción plástica de la exposición.
El montaje pone de manifiesto la doble condición de Acisclo como heredero y renovador: por un lado, respeta la lectura primitiva y simbólica atribuida al Maestro; por otro, ejerce una reinterpretación que actualiza y pone en tensión las imágenes. La intención es ofrecer al visitante la posibilidad de contemplar cómo un artista contemporáneo dialoga con un referente histórico sin renunciar a su propia voz. Esa tensión creativa, entre referencia y autonomía, atraviesa todo el recorrido.
La elección de la fecha y el vínculo institucional también añaden capas de significado a la iniciativa. La Real Academia Galega de Belas Artes eligió el 1 de abril, fecha que aparece en los dinteles del Pórtico y que recuerda la finalización de la obra en 1188, para celebrar el Día das Artes de Galicia; la muestra de Acisclo se inscribe en esa conmemoración y en las reflexiones sobre el patrimonio como recurso vivo. La presencia del escultor en actos académicos y su relación con instituciones culturales consolidan su posición en el panorama artístico gallego.
Para quienes han seguido su obra desde los primeros encuentros en el barrio de Viños, la exposición confirma una evolución coherente: del predominio de la terracota con barro mediterráneo a piezas de mayor escala y complejidad narrativa. El registro formal se mantiene reconocible por su pulso rítmico y por el contraste entre la serenidad de las fisonomías y la energía de las texturas, un sello que identifica su producción. Esa mezcla de técnica y emoción es, en buena medida, el atractivo de la muestra.
El montaje propone, además, una lectura sobre la peregrinación y la memoria: las impresiones digitales sobre las columnas incluyen la huella material de quienes han transitado por la catedral, y Acisclo las incorpora como elemento de continuidad entre el público de ayer y el presente. Así, la exposición se ofrece como un espacio donde confluyen historia, devoción y creación contemporánea, invitando a la reflexión sobre la pervivencia de los símbolos.
La exposición, comisariada por Manoel Carrete, es una oportunidad para acercarse a una de las propuestas más íntimas del escultor ourensano y comprobar que su «aprendizaje» con el Maestro no fue solo un sueño, sino una influencia trabajada y reelaborada. Los interesados podrán visitar el Museo das Peregrinacións en Santiago de Compostela durante el periodo de cuatro meses para comprobar en persona cómo una mirada actual reconstruye y dialoga con uno de los grandes hitos del arte gallego.
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