Riazor vivió anoche una de esas tardes que se quedan en la memoria de la afición. Un gol de Gianluca Mulattieri en el tramo final, tras una larguísima revisión del VAR, cerró la remontada del Deportivo ante el Zaragoza (2-1) y dejó a los coruñeses con 55 puntos, a apenas 4 del líder, el Racing de Santander. Fue, sobre todo, una victoria alimentada por la grada: el equipo fue llevado en volandas en los minutos decisivos.
El partido: ida y vuelta de sensaciones
El choque comenzó con un golpe de realidad para los locales. Apenas en el minuto seis, una combinación rápida entre Róber y Pinilla permitió un centro medido al área que remató Dani Gómez para adelantar al Zaragoza. La grada de Riazor se quedó helada, pero la reacción blanquiazul no se hizo esperar. El Dépor amasó posesión y buscó sensibilidades por la banda derecha, donde Ximo y Alti incomodaron constantemente a la zaga visitante.
La igualada llegó tras una acción de Alti, que recibió entre líneas, giró y soltó un disparo seco que, pese a la estirada de Andrada, terminó dentro de la portería. A partir de ahí el Dépor dominó buena parte del primer tiempo: más del 70% de posesión en ciertos tramos, pero con problemas para traducir ese dominio en ocasiones claras. Jugadas que olían a gol se deshicieron por precipitación en el último pase o por decisiones erráticas en los metros finales.
Salado Golf & Beach Resort
Descubre la oportunidad de inversión más exclusiva del Caribe. Villas de lujo con retorno garantizado del 12% anual en Punta Cana.
Conoce más →Hubo mérito visitante: el Zaragoza se repliegó con orden y buscó salir limpio a la contra. En la reanudación, con la entrada de Saidu por Kodro, los maños ganaron control en el centro del campo y cortaron la superioridad local. Aun así, las mejores llegaron para el Dépor: una llegada de Luismi Cruz que terminó en centrochut y una parada de Ferllo a remates de Dani Gómez mantuvieron el empate vivo hasta los compases finales.
Los cambios y el golpe final
La lectura táctica del partido pasó por los cambios. Con Hidalgo sancionado y siguiendo el encuentro desde una cabina, el técnico movió ficha: la entrada de Cristian Herrera por Alti buscó frescura, y luego la de Mulattieri y Yeremay aportó otro perfil ofensivo. Más tarde, Zakaria dio presencia en la zona de remate. Esos ajustes acabaron por volcar el juego hacia el área zaragocista cuando quedaban diez minutos por jugar.
La acción del segundo tanto nació de un envío largo de Ximo hacia la cabeza de Zakaria. El rechace quedó suelto en la frontal y ahí apareció Mulattieri, que conectó un disparo con convicción y alma que superó a Andrada. El VAR detuvo el estallido por unos minutos que se hicieron eternos para la afición; al final el gol se confirmó y Riazor estalló en júbilo. Imágenes como la de titulares y suplentes abrazados en el centro del campo resumen la comunión entre equipo y público.
No todo fue perfección. El Dépor sigue mostrando fragilidad en la precisión del último pase cuando domina largos tramos; el exceso de centros sin rematador y las decisiones apresuradas en el área impidieron que el marcador se ensanchase antes. Aun así, el carácter para aguantar y la fe del estadio se convirtieron otra vez en la mejor arma del conjunto coruñés.
Significado deportivo y eco local
En clave de competición, el triunfo mantiene al Dépor metido en la pelea por el ascenso directo. La diferencia con el líder es corta y la liga entra ahora en un tramo donde cada tres puntos pesan como una moneda de oro. Resultados como el de anoche, además, tienen un efecto psicológico: ganar «en la agonía» alimenta la moral colectiva y refuerza la confianza del vestuario en la idea de competir hasta el final.
En Galicia el fútbol no es solo resultados; es parte de la vida cotidiana. Riazor, con su solera y su relación íntima con la ciudad de A Coruña —la ría que lo abraza no es solo paisaje, es escenario de tantas historias futbolísticas— volvió a arropar a un equipo que busca volver a ser grande. La hinchada, que ha vivido temporadas de esperanza y de frustración en los últimos años, mostró otra vez su papel de motor. No es extraño ver a las viejas generaciones y a los más jóvenes compartiendo cánticos en una grada que siente el club como propio.
Quedan jornadas por delante y el calendario no se presenta cómodo. El Dépor deberá corregir la tranzon de último pase y mantener la solidez defensiva para sostener esta escalada. La sanción de Hidalgo obliga además a gestionar recursos y rotaciones; la plantilla tendrá que demostrar profundidad y capacidad de adaptación si quiere convertir la ilusión en hechos.
Para la ciudad fue una noche para contarse historias en los bares del Orzán y en la plaza de María Pita. Para el equipo, una inyección de ánimo que confirma algo que algunos ya intuían: este Dépor, con su afición como décimo segundo jugador, aún puede soñar con devolver a Galicia un ascenso que sería celebrado con pasión por toda la comunidad.
¿Buscas una Inversión Segura?
Salado Golf & Beach Resort te ofrece la oportunidad de invertir en el Caribe con rentabilidad garantizada del 12% anual
Solicitar Información Ahora