Deportivo celebró anoche en Riazor un triunfo que vale por empuje y por fe. Un disparo desde la frontal de Mulattieri, en los últimos compases y tras una larguísima revisión del VAR, certificó la remontada visitante y llevó el delirio a una afición que no dejó de creer. El gol dejó el marcador en 2-1, colocó al equipo coruñés en 55 puntos y le mantiene a solo 4 del líder, el Racing de Santander, en una lucha por el ascenso que entra en su tramo decisivo.
Una noche de vértigo: el gol tempranero y la reacción blanquiazul
El partido arrancó mal para los intereses coruñeses. A los seis minutos, una combinación entre Róber y Pinilla desembocó en un centro que aprovechó Dani Gómez para fusilar a Ferllo y adelantar al Zaragoza. Lejos de amilanarse, el Dépor comenzó a envolver el área rival con insistencia, enjaretando una serie de córneres y centros que terminaron por cogerle la medida al visitante.
La respuesta llegó con mérito: un disparo seco desde fuera del área se coló a pesar de la estirada de Andrada, y el empate permitió ver a Riazor vibrar. No es la primera vez que este equipo rescata puntos cuando más aprieta la grada; cabe recordar temporadas recientes en las que los últimos minutos en el estadio coruñés han sido determinantes para el devenir liguero.
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Conoce más →El Dépor acumuló la posesión —con picos cercanos al 70 % en la primera parte— y buscó las bandas como autopista hacia el área. Ahí estuvieron especialmente activos Ximo y Alti, que pusieron en aprietos al zaguero gallego Tasende. A pesar de esa superioridad territorial, faltó claridad en el último pase: varias transiciones se rompieron en el último cuarto de cancha y la grada, exigente, terminó por empujar al equipo hacia el descanso.
Cambios, fases del juego y la entrada decisiva de los suplentes
Tras el intermedio el Zaragoza buscó replantear su partido y reforzó el centro del campo con la entrada de Saidu por Kodro. Esa variante le dio mayor control en algunas fases, pero el Dépor siguió generando peligro. La intervención de Ferllo mantuvo al equipo vivo en varias ocasiones, y el técnico decidió mover ficha desde la cabina: sancionado, el preparador siguió el encuentro fuera del banquillo y dio entrada a Cristian Herrera por Alti primero, y más tarde apostó por la entrada de Mulattieri y de Yeremay.
Esos cambios cambiaron el signo del partido. El Dépor pasó a tener dos delanteros puros y buscó el remate con más frecuencia. Una acción directa —un envío largo de Ximo a la cabeza de Zakaria, rebote y posterior disparo del italiano— acabó en el gol que consumó la remontada. La revisión del VAR alargó los minutos finales y aumentó los nervios, pero al final el tanto fue validado y la explosión en las gradas confirmó que, a veces, el fútbol se decide por instinto y por entrega.
En el cómputo individual, hubo varias lecturas positivas. Alti y Bil demostraron capacidad de desborde y presencia en el área contraria; Mawuli dio trabajo desde la media distancia; y la colocación defensiva, pese a algún sobresalto, aguantó lo suficiente para que la fe de la hinchada terminase por maridar con el resultado.
Repercusión en la tabla y perspectivas gallegas
El triunfo no solo alimenta la moral; sitúa al Deportivo en una posición favorable para mantener el pulso por el ascenso directo. Con 55 puntos y a cuatro del primer puesto, el calendario obliga ahora a no perder comba. Equipos como Almería y Málaga han apretado en esta fase, y la derrota reciente del Racing de Santander abre la puerta a movimientos en la cabeza de la clasificación. A falta de confirmación oficial sobre la asistencia exacta, la sensación en la ciudad es de esperanza: la marea blanquiazul ha vuelto a demostrar que Riazor puede ser un factor diferencial.
Desde la óptica del club, según fuentes cercanas a la plantilla, la lectura es positiva: el equipo tiene alternativas en el banquillo y la competitividad dentro del grupo se nota. No es la primera vez que las rotaciones y las decisiones tácticas marcan la diferencia en partidos cerrados; ahora toca sostener esa solidez y mejorar la eficacia en la última entrega cuando domine la posesión.
Para la afición, la noche dejó más que tres puntos. Fue una demostración de paciencia y de identidad; ver cómo jugadores y suplentes se abrazan en el centro del campo, cómo la grada empuja hasta el final, recuerda a viejas tardes de gloria y al anhelo de regresar a la élite. En clave local, el triunfo reaviva la ambición en una comunidad —Galicia— que vive el fútbol con intensidad y que durante años ha sentido el latido del Dépor como un pulso compartido.
Quedan muchas jornadas y cada desplazamiento será una final. La parroquia se aferra a la convicción de que, con Riazor encendido y el equipo mostrando variantes ofensivas cuando lo necesita, la opción del ascenso directo no es un espejismo, sino una posibilidad tangible. Ahora toca convertir la euforia en resultados y mantener la calma cuando el calendario apriete.
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