Nacho Abad ha hablado por primera vez sobre la parodia que el humorista Quequé interpretó en el programa ‘Hora Veintipico’ y que terminó con la salida del cómico de la emisora. La intervención tuvo lugar este marzo durante el podcast ‘Lo que tú digas’, presentado en Madrid por Álex Fidalgo, donde Abad aseguró no haberse sentido ofendido por la imitación. El periodista explicó además que no ejerció presión alguna para que el cómico dejara la cadena y lamentó que la broma acabara en una controversia de la que él no quiere ser responsable.
En su intervención, Abad describió la parodia como un ejercicio de sátira que, en su opinión, se mueve dentro de límites legítimos y con los que él no mantiene ningún rencor. Relató que el imitador recurrió a recursos secundarios —colocar un objeto sobre la cabeza para simular calvicie y reproducir ciertos gestos— que, según el propio Abad, no reconocía como propios. Aun así, el comunicador reconoció que algunos pasajes le resultaron divertidos y que valora el oficio del humor, especialmente cuando logra arrancar una risa.
El presentador puntualizó que, aunque la pieza fue satírica, no guarda resentimiento hacia el autor de la imitación y que, en su opinión, la capacidad de hacer reír tiene un valor intrínseco. Abad comentó que en determinados momentos del sketch se rio, en particular cuando el imitador reprodujo escenas de mando en plató que le resultaban verosímiles. Este reconocimiento contrasta con el clima posterior a la emisión, que desembocó en críticas públicas y en la eventual marcha del cómico de la programación.
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Conoce más →Sobre la salida de Quequé de la emisora, Abad fue tajante al desvincularse de decisiones editoriales o de presión interna: aseguró no haber pedido que el humorista fuera apartado y se mostró ajeno a los motivos exactos que llevaron a la salida. Dijo no saber si la marcha obedeció a su persona, a otra parodia anterior mencionada en el debate —la de Adamuz—, o a presiones ajenas a él. Con esa defensa, el periodista intenta aclarar que su relación con la emisora y con el autor de la sátira no pasó por instancias de confrontación personal.
La polémica, que saltó a los medios nacionales y a la conversación pública, reabrió el debate sobre los límites del humor en espacios con alcance masivo. En los últimos años la sátira ha sido objeto de controversias similares en España, con voces que defienden la libertad creativa y otras que reclaman responsabilidad ante ofensas percibidas. Abad se posiciona en la línea de quienes entienden la parodia como una forma lícita de expresión y reclama prudencia antes de convertir el humor en un conflicto mayor.
Fuentes cercanas al entorno del programa señalaron que la dirección de la emisora valoró el impacto de la pieza y la reacción del público, lo que contribuyó a tomar decisiones sobre la programación. La salida del humorista ha sido interpretada por algunos como una medida preventiva para apagar la polémica; por otros, como una respuesta excesiva que establece un precedente sobre la gestión de contenidos satíricos. En cualquier caso, la cuestión ha dejado en evidencia la tensión que existe entre la creatividad cómica y las sensibilidades contemporáneas.
Abad, con una carrera larga en medios audiovisuales, concluyó su intervención subrayando su tristeza por la forma en que se cerró el episodio y reiteró que las despedidas le resultan dolorosas, aunque no las haya provocado ni buscado. A pesar de la controversia, defendió la importancia del humor y su capacidad para condensar crítica social sin que ello deba convertirse en un castigo para quien lo ejerce. Su mensaje principal fue de distanciamiento respecto a la expulsión del cómico y de apoyo a la libertad de expresión dentro del marco del respeto.
La conversación en el podcast ha reavivado preguntas sobre la gestión de contenidos satíricos en los grandes medios y sobre cómo deben responder las emisoras ante la polémica pública. Mientras algunos sectores reclaman mayor control para evitar ofensas, otros advierten que una reacción desproporcionada puede enfriar la creatividad y precarizar el trabajo de los humoristas. El episodio, por tanto, seguirá siendo referencia en futuros debates sobre sátira, responsabilidad editorial y convivencia entre humor y prestigio mediático.
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